CARTA OPINIÓN JUNIO 2016

REPRESIÓN: LA CONTINUIDAD DE UNA POLÍTICA DE ESTADO

Hace ya unos 20 años que la prensa se ha encargado de exagerar hasta el hartazgo todo el mundo de los “delitos”, de “lo criminal”. La sección más larga de los noticieros -la sección policial- ha creado “monstruos” de todo tipo en ese sentido. Pero siempre son pobres. Ese mundo criminal es el de la pobreza. Para los ricos que transgreden la ley apenas hay una mención. Años de crear “zonas rojas”, “marginales”, a merced de los “delincuentes”.

Toda esa prédica ha servido de justificación para meter cada vez más milicos en las calles junto a una cada vez mayor tecnificación en lo referido a vigilancia. Hoy barrios enteros están ocupados prácticamente por la Guardia Republicana. Apostados en las esquinas, generando operativos de saturación, con fuertes patrullajes en los barrios, ingresando a las “zonas rojas”, como gustan llamarle a los barrios más pobres de nuestro país, a sangre y fuego. De esta forma, ya llevan varios homicidios de jóvenes en su haber en estos últimos años en los barrios Marconi, Cerro Norte, Santa Catalina.

Una vieja política

En la elaboración y votación del Presupuesto Nacional para este período, se destacaba el enorme monto de dinero volcado al Ministerio del Interior, especialmente a la Guardia Republicana. El fortalecimiento presupuestal del Ministerio del Interior ha sido notorio en estos últimos gobiernos, sobre todo porque han logrado instaurar políticas e intenciones que desde hace dos décadas “andan en la vuelta”.

Recordemos que la Guardia Republicana tenía anteriormente jurisdicción para el departamento de Montevideo. Fue justamente luego de la represión del Hospital Filtro el 24 de agosto de 1994 -donde fueron asesinados Fernando Morroni y Roberto Facal- que los uruguayos nos enteramos de la intenciones del gobierno de Luis Alberto Lacalle de transformar dicho cuerpo policial de departamental en nacional. Recordemos lo sucedido: en el mes de setiembre de 1994 a poco de los hechos del Filtro,  trascendió a la prensa una cinta magnetofónica con la grabación de una reunión ocurrida durante una cena en la que el Ministro del Interior del momento, Ángel María Gianola junto a altos miembros del gobierno y aliados (Partido Nacional y Colorado), conversaban sobre la creación de una “Guardia Nacional”. En realidad, era Ángel María Gianola quien informaba a los políticos sobre este proyecto, cuya finalidad era contar con una fuerza rápida, de despliegue en todo el territorio nacional, incluso en las fronteras. No se hablaba de “delito y narcotráfico” como ahora, pero la represión del Filtro estaba muy fresca, era un hecho bien reciente (20 días aproximadamente) y era evidente hacia quién iba dirigida “esa fuerza rápida”.

Tengamos en cuenta que el nombre “Guardia Nacional” es de triste historia en nuestra América Latina. “Guardia Nacional” era la que comandaba la familia Somoza en Nicaragua, con la cual dio el golpe de Estado pro-yanqui y aplastó bajo sus botas durante 40 años al pueblo nicaragüense. Varios países de Centroamérica cuentan con una fuerza homónima, cuya función es la misma que la anterior. O sea que nos trae malos recuerdos y experiencias.

Si bien el gobierno del FA no le mantuvo el nombre original, la finalidad es la misma que la de una “Guardia Nacional”. Con el pretexto del combate al “delito organizado y al narcotráfico” se aprobó sin mayores debates parlamentarios y mucho menos públicos, que esta fuerza tenga un alcance nacional y con amplias atribuciones. Algunas de ellas son espectáculos deportivos, represión callejera (como en el Codicen), cuidado de fronteras, cárceles, patrullaje callejero, fuerza de choque directa…    

La Guardia Republicana tiene carta libre para la represión en las llamadas “zonas rojas”. Fueron elocuentes las declaraciones de Bonomi y el “Perro” Vázquez anunciando las irrupciones con violencia de la Republicana en los barrios más pobres de Montevideo y área metropolitana. En Cerro Norte, los vecinos cortaron el 9 de marzo la ruta, denunciando el asesinato por parte de la policía de un joven de 18 años. Parece ser, que estos hechos son más frecuentes de lo que la prensa menciona…Una “guerra de baja intensidad” contra los pobres, en nombre de la lucha contra el narcotráfico.

Negocio que, como todo el mundo sabe, está en manos de la policía. Numerosos estudios internacionales nos hablan de la organización vertical de este negocio, e incluso de cómo la propia DEA y el gobierno de Estados Unidos controla el narcotráfico en México. A menor escala, en nuestro país, esto también es cosa sabida. En cualquier barrio, cualquier vecino sabe dónde están las “bocas”. ¿La policía no? Es claro que cobran su “comisión” o controlan directamente la distribución y el negocio. Dicho negocio no podría subsistir sin la colaboración policial o su “gestión” directa. Por lo tanto, los grandes narcotraficantes descansan tranquilos bajo la protección de los jerarcas policiales y ministeriales.

En fin, la represión no es contra los “narcos”, sino contra la población. No interesa desterrar el narcotráfico sino insertarlo más, que genere más guerra entre pobres, más gurises al servicio de estas “mafias”, que en última instancia están vinculadas con el aparato represivo.

Las cámaras te vigilan

Este plan represivo se complementa con el despliegue del dispositivo de vigilancia a lo largo y ancho de la ciudad. Con el pretexto de disminuir los delitos se ha llenado de cámaras Montevideo. La intención es la misma que con los operativos de saturación y vigilancia policial permanente en los barrios: que los pobres se queden en sus “guetos”, que no salgan de los barrios pauperizados y que la violencia y “guerra entre pobres” se intensifique entre ellos. Una política de exterminio social, de genocidio para los sectores más oprimidos de nuestro pueblo. Una combinación mortal: narcotráfico -gueto-pobreza extrema -violencia entre los de abajo. Y de separación entre pobres: la policía “protege” a aquellos vecinos honestos, gente de trabajo. Discurso mentiroso y que profundiza la fragmentación social entre los de abajo para evitar que nos unamos en la lucha. Discurso que busca el quietismo del pueblo y aumenta al grado de dominación y opresión en nuestra sociedad.

             

                Cómo responde el abajo 

El gobierno y las clases dominantes aprovechan el drama de los de abajo para lanzar su discurso antipobres y represivo ante situaciones de violencia en los barrios, generadas por quienes tienen la sartén por el mango, por quienes han desplegado políticas generadoras de desempleo, exclusión social y marginación. ¿Quién es el responsable de la miseria que campea en todo el cordón de la periferia de Montevideo? ¿La población, los propios pobres? ¿No será que los responsables de tanta miseria digitan estas políticas detrás de escritorios, sentados en cómodos y mullidos sillones bebiendo whisky importado y contando las ganancias de sus empresas? Dan rienda suelta a su odio antipueblo colocando en el centro de la escena política a la policía y el accionar represivo como solución de “todos los males sociales”.

Pero han sido justamente los trabajadores organizados los que han dado señales claras de cómo enfrentar estas situaciones. El Sindicato del Taxi y de la Enseñanza (especialmente Ades Montevideo) han desarrollado planteos para abordar estas situaciones que implican atender las verdaderas problemáticas sociales: trabajo, educación, vivienda, salud. En casos puntuales, abordaje de situaciones de forma comunitaria. Nada de represión, nada de milicos.

El Sindicato del Taxi (SUATT) se ha opuesto al “botón de pánico” que convierte al trabajador en un “colaborador” policial; en cambio el sindicato reclama ampliar y unificar las radio operadoras, entre un conjunto de medidas, que generan verdaderos mecanismos de trabajo seguro.

Los profesores han reclamado que frente a situaciones violentas en los liceos, en vez de recurrir a la policía se recurra a equipos multidisciplinarios que atiendan las situaciones emergentes y trabajen continuamente, junto a los profesores, con los estudiantes. Incluso hay propuestas para atender del mismo modo los entornos liceales.

Y estas propuestas no son utópicas, parten del saber de los trabajadores, de su experiencia y de su tarea cotidiana, tanto laboral como sindical. Parten de saber que los milicos metidos entre el pueblo sólo pudren los vínculos entre los de abajo; generan un mundo de buchones, espionaje, alcahuetería, lejano a la vida cotidiana de la gente de pueblo. Esa misma policía que ha reprimido durante décadas al movimiento popular, ¿de repente se ha transformado en buena?

Esta postura es antagónica a la posición de la dirección mayoritaria del PITCNT, que ha alentado los sindicatos policiales, ayudando a la política del gobierno de “humanizar la policía”. Esa bestia infernal creada para reprimir al pueblo no puede humanizarse, siempre serán unos verdugos y asesinos porque ese es su rol en la sociedad. Recordemos que la Policía integró las Fuerzas Conjuntas y reprimió al pueblo antes y durante la dictadura.

Una política de largo aliento: la Republicana de hoy es la continuación en democracia del 27 de junio de 1973

La dictadura que se instaló en 1973 se venía gestando desde 1968 y desde antes también. El pueblo la enfrentó con una dignidad inmensa en la Huelga General, boicoteada por los que negociaban con los milicos, por la conducción mayoritaria de la CNT del momento. Los trabajadores, estudiantes, vecinos de los barrios, ocuparon fábricas y diversas empresas. Todo el país se paralizó. Y la represión fue durísima. El Cilindro se convirtió en cárcel poblada de militantes populares. Los cuarteles se llenaron. Inauguraron el Penal de Libertad.

Con el retorno de la democracia tutelada, la represión continuó en el asesinato de Machado -obreros de la construcción- por las razzias. Luego el Filtro. No se ha desmontado el aparato represivo y la policía ni siquiera ha sido investigada por violaciones a los Derechos Humanos en dictadura.  Miles de trabajadores cesanteados, despedidos, destituidos, exiliados. Uruguay se llenó de cárceles y milicos por todos lados.

Se avanzó un paso más en la instalación -lenta, pero instalación al fin- de las políticas neoliberales. Cierre de fábricas, aumento del desempleo, deterioro de la salud y enseñanza pública, aumento de la corrupción y el saqueo de recursos públicos, han sido las medidas que generaron esta situación que hoy vivimos. Ese neoliberalismo se consolidó con la dictadura. Dictadura y neoliberalismo; ajuste y represión hoy, dos caras de la misma moneda, dos momentos de una política continuista, gobierne quien gobierne, ya que es una política del sistema capitalista.

Una respuesta organizada desde abajo

Hoy como ayer los trabajadores y el pueblo debemos responder en forma organizada. El ajuste económico que se está procesando desde el gobierno es un duro golpe a los hogares populares. Los salarios no aumentan su poder de compra sino todo lo contrario, no se aumentan los gastos sociales, no hay políticas de empleo, no hay inversiones y sí hay más impuestos para algunas franjas de trabajadores. La canasta familiar supera los $60 mil y se gravan a sectores que están a la mitad de su valor. Mientras, las empresas y especialmente las multinacionales pagan poco o nada y han sido las beneficiarias del “viento de cola”. También lo serán del “viento de frente”. Ningún gobierno toca los intereses capitalistas.

El pueblo no tiene más que sus fuerzas para enfrentar este giro a la derecha que se está procesando. Es el fin del “mejorismo”, es decir, de ciertas políticas y medidas que paliaron las situaciones más angustiantes de los de abajo. Pero no hay ninguna reforma -por más modesta que sea- en peligro, porque no se realizó siquiera ninguna reforma.

El camino para el pueblo es el que el pueblo pueda construir desde abajo, creando instancias organizativas, de lucha, de resistencia, de prácticas solidarias, para enfrentar este ajuste y los difíciles tiempos que vendrán. Porque la represión no está descolgada de este ajuste y de estas políticas: es una de sus facetas. Es la cara de estas políticas para los de abajo. Por tanto, enfrentar la represión es enfrentar el ajuste y viceversa.

La Huelga general contra el golpe de Estado es una experiencia más que valiosa para nuestro pueblo. Ella marca un camino, dejó enseñanzas imborrables, de sus virtudes y sus flaquezas. Por ello es que hay que continuar un largo camino de lucha popular, fortaleciendo los organismos de base, verdaderos constructores del protagonismo de los trabajadores y el pueblo, nucleándolos en instrumentos colectivos de lucha y Resistencia que permitan dar batallas de más largo aliento. Tiempos difíciles se vienen, tiempos de ajustar los tientos y dar la pelea a fondo.

¡ A CONSTRUIR PODER POPULAR!

¡ARRIBA LOS QUE LUCHAN!

FEDERACIÓN ANARQUISTA URUGUAYA

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