2 – Tan lejos y tan cerca… tan cotidiano.

Tan lejos y tan cerca… tan cotidiano.

 

¿Tan Lejano?…

Hasta sería bueno que fuera irónico cuando se habla de un nuevo enclave Sudamericano, un norte productivista, un salto al desarrollo, un torrente de capitales que al fin llenarán los toneles de los poderosos para volcar en los de los más débiles hasta llegar a los más desposeídos. Fuentes de trabajo, que son necesarias hoy y al ser agotadas en el pasado, son excusa frecuente para la justificación del emprendimiento que sea: minería a cielo abierto, plantas de producción de celulosa, carreteras. Claro que será trabajo para el hoy, pero también acumulación de riqueza, poderío, impunidad en buena medida, para unos pocos y en un tiempo sostenido garantizado por especulaciones en pro de tasas de interés mayores o inversiones nuevas, que garanticen aún más ganancias. Para los de abajo no deja de ser una posibilidad momentánea de apretar algún peso para poder pasar la próxima. Pan para hoy, hambre para mañana.

América no se encuentra meramente ante un escenario de volúmenes de producción no alcanzados en el pasado, sino ante una “oportunidad”, ante un proceso conjunto de articulación con un nuevo signo. Un proyecto que sería mejor considerarlo como “no nuevo” pero en tránsito, crecimiento y desarrollo. Acompañado de una vorágine ideológicamente entregada, cansada, exhausta, ante el “no se puede lo que se quiere”, y en la ya injustificada búsqueda de espacios, que cada vez son más chicos, dentro del sistema.

Parecieran reclamos lejanos en el tiempo, imágenes, luchas y conflictos de pueblos originarios americanos cargados en lanzas contra colonizadores armados con el mejor calibre moderno, bota pesada mediante, que destruyen cualquier barrera que se opone al desarrollo colonial, civilizador, modernizador.

La región del  Territorio Indígena Parque Nacional Iseboro Sécure (TIPNIS), entre los departamentos de Beni y Cochabamba en Bolivia, es un territorio de preservación y conservación de recursos naturales de una importancia sumamente significativa para ese país y el continente entero. Se encuentra regado por los ríos Isiboro, Sécure, e Ichoa, todos ellos navegables, contiene una biodiversidad aún siquiera estimada, y es Territorio Indígena de los pueblos Moxeño, Yuracares y Chiman. La lucha de estos pueblos durante años ha logrado en septiembre de 1990 ser reconocidos como área de preservación de la vida y cultura de las selvas y los montes, los ríos y cerros, las comunidades y sus culturas que habitan este espacio. La protesta comprendió una extensa movilización hasta la ciudad deLa Pazdurante el gobierno de Jaime Paz                  Zamora.                                                                                                                                 Hoy día, y como han sido marcada las historias de nuestro continente las comunidades y el ecosistema del TIPNIS se encuentra severamente amenazado. Las promesas y compromisos en nombre del desarrollo y el progreso, ya en un gobierno auto encasillado en la órbita del Socialismo, pero del Siglo XXI, han llegado, como en Bagua (Perú), a construir una carretera, atajo al territorio, financiada por Brasil, y adjudicada a la empresa brasileña OAS que uniría muchas regiones bolivianas, pero también a Brasil con Chile. El proyecto de integración del gobierno se enmarca en las nociones de extracción, sometimiento, disciplinamiento, explotación en las más diversas formas actuales del capitalismo. La modernización que llega con la carretera destruirá pueblos y sociedades, formas de vida y viene asociada a corporaciones transnacionales, cooperación internacional, BID, CAF, el estado plurinacional, al estado brasilero, organizaciones sociales funcionales al gobierno, y cocaleros. Desde antes del comienzo de las obras los indígenas organizados han denunciado la instalación de cultivos de coca ilegales para el narcotráfico, la tala indiscriminada de los montes, el tráfico de especies y la caza furtiva en estos paisajes tan premiados por la naturaleza como destruidos por el hambre y voracidad de poder por parte de unos pocos.

Pero como conocemos de opresiones de todo tipo, de toda clase de avasallamiento, los de abajo también sabemos darnos las herramientas para enfrentar el despotismo y la arrogancia de los de arriba, resistir. A fines de agosto el ex presidente de la organización de comunidades del TIPNIS aseguraba: “La medida que se va a asumir, es una marcha igual a la de 1990, con las mismas demandas, defensa por el territorio y la dignidad de los pueblos. Las mismas exigencias que se dieron en ese año, durante el gobierno de Jaime Paz Zamora. Ahora, con este gobierno indígena, la demanda se ratifica”. Pensando en retomar los mismos instrumentos, desarrollar las mismas armas para pelear contra “el olvido”, “la distracción”, el engaño de los de arriba.

Engaño que tuvo la respuesta de una movilización que comenzara el 15 de agosto desde el TIPNIS aLa Pazy que se encontrara el 24 de septiembre un cordón policial cargados de armamento suficiente como para abatir la marcha de protesta, y dotada del transporte suficiente como para cargar centenares de manifestantes y que desatara su brutalidad represiva en el momento de descanso de la larga marcha, amordazando a los manifestantes, provocando la huida de cientos de niños a los montes, y para colmo de males registrando un indeterminado número de heridos y desaparecidos. La respuesta de los referentes indígenas fue inmediata, la movilización nuevamente en la calle y a resistir que en esta lucha está la vida de todo el TIPNIS, las vidas de los ancestros y las vidas que están por venir. El gobierno dijo desconocer la represión y con alarma conformó una comisión investigadora y paró las obras de avasallamiento del territorio indígena. Pero la marcha continúa, y ante las posibilidades de consulta electoral los pobladores del territorio demuestran que son ellos, movilizados y a pié de batalla quienes pondrán la sensibilidad al desarrollo, la hermosura del paisaje con su gente al progreso mercantil de un capitalismo que poco deja y poco contempla si de reproducción y crecimiento se trata.

IIRSA se llama el proyecto que tiene al gobierno boliviano tan sujeto como al resto de los gobiernos de América, al ser un elemento constitutivo de la nueva propuesta para el área. Un país que ha presentado un alto desarrollo industrial en los últimos años, un vertiginoso crecimiento en la extracción de antimonio, estaño y wólfram y también la producción de los no metales, los grandes volúmenes de carbonato de calcio, sulfato de calcio (yeso) para construcción, sulfato de bario requerido para perforar pozos petroleros, variedad de arcillas para la industria cerámica, rocas industriales, el mármol, aportando en buena medida, junto con la agricultura, al crecimiento del 5% del PBI según datos oficiales.  Todos productos que necesitan nuevas carreteras, nuevos marcos legales, nuevas máscaras ante la población, seguridad, comunicaciones, y ante todo un disciplinamiento más que indispensable, una doctrina de desarrollo, dogmas intocables, cánones morales incuestionables en pro de un devenir de progreso.

IIRSA es un plan que propuso para Bolivia en el período de tiempo que va entre 2005 y 2010 once proyectos: 6 para construcción y readecuación de carreteras, 2 puentes, 1 gasoducto, 2 centros de frontera; todo para este crecimiento de producciones legales e ilegales, pero ante todo contra todo tipo de obstáculo que se interponga en el camino.

Pero un pueblo que no duerme y manifiesta un constante despertar, como el boliviano, ya en resistencia y solidaridad expresada en varios puntos del país contra intentonas de acallamiento por parte del “orden público” comienza a manifestarse. La movilización llegará aLa Pazen el correr de los próximos días, pero al 10 de octubre las declaraciones del Viceministro de Régimen Interior, Roberto Quiroz, ante la llegada los indígenas y ante la jornada de protesta que lleva más de un mes en la capital asegura que: “No hay ningún peligro. No soy partícipe de la violencia”

Tan cercano… tan cotidiano.

Tan cerca, tan parte de lo mismo, no por casualidad pensamos no sólo nosotros, Uruguay muestra su “progreso”, su “crecimiento”. Consultorías contratadas por el Banco Central del Uruguay aseguran un crecimiento del PBI del 6,7%, algo mayor a lo que representaría la región que alcanzaría en promedio un 4,7%, particularmente los países exportadores de productos básicos (5,1%), seguidos de la región centroamericana (4,3%). Una “bendición productiva” ante la tan mentada crisis mundial, ante las catástrofes financieras. Hasta el FMI ha destacado las perspectivas económicas para nuestro país, pero señalando que “el desafío más inmediato será garantizar un aterrizaje suave de la economía en un entorno caracterizado por una amplia liquidez mundial, tasas de interés internacionales bajas y los altos precios de las materias primas”.

Felicitado, congratulado, elogiado, el campo Uruguayo contiene 57.000 establecimientos con una población agropecuaria de 190.000 personas, que en la década del 60 fuera de 500.000, y en los 90 de 300.000. Rápidos datos que indican una dinámica sostenida en el tiempo y se complementan con una producción, registrada en el valor bruto de producciones agropecuarias (año 2008) de 5.000 millones de dólares.

Un campo que ya no es aquella vieja estancia colonial pero contiene más de 11 millones de cabezas de ganado y donde en el año 2009 el valor del producto de las exportaciones derivadas del sector agrícola y forestal (soja, arroz, madera y papel) se acercó por primera vez al de productos derivados de la pecuaria (carne, lana, lácteos). Esto es más que un simple cambio en la estructura del producto bruto agropecuario, ya que conforma un cambio profundo del paisaje natural, cultural y social del país, como lo muestra el explosivo crecimiento reciente del área agrícola, pasando en los últimos cinco años de 970 mil a1.737.000 hectáreascultivadas. A fines de los años 80 la forestación con especies exóticas para la producción de pulpa de celulosa, promovida por sucesivos gobiernos, incrementó el monocultivo hasta llegar a las 600.000 has (basados en informe de FAO). El valor del trigo y arroz se multiplicó por tres, las oleaginosas por 10 y los derivados forestales por 5, en el período de tiempo que comprenden los años 2002 y 2009. Mediante la intensificación de la ganadería con los sistemas de feed lot, o engorde del ganado a corral, se liberó área a estas producciones en expansión.

“Uruguay Sustentable”, “Natural”, pareciera ser el de un verso de antaño, nostalgioso, de integración en rotaciones entre cultivos agrícolas y producción ganadera, familiar. Pero en cambio en la actualidad, y acorde a las dinámicas señaladas, la agricultura continúa sobre la base del cultivo de soja, sin políticas de control efectivas ante el riesgo más que denunciado por el deterioro de los suelos, y la matanza indiscriminada de peces y seres vivos de todo tipo del ecosistema regional. En el caso de este cultivo se trata de agricultores nuevos donde el 10% de ellos controla el 40% del área cultivada. Es que esta región de América posee un potencial muy grande a fin de expandir la frontera agrícola del mundo. Esto influye, entre otros aspectos de no menor importancia (marcos jurídicos – disciplinamiento, seguridad, comunicaciones, etc.) el flujo de capital asociado a la inversión extranjera tanto a nivel de campo como industria. Además en un contexto donde se prevé un crecimiento de la demanda de soja en un 35% para los próximos diez años. Una dolencia de las peores, una tuerca gigante para el gran engranaje de la súper explotación de los recursos naturales.

El valor de la tierra se ha multiplicado por tres en los últimos años, acompañado por un proceso continuado de concentración y transferencia a manos extranjeras. Ante deudas generadas en crisis anteriores, amenazas contra la viabilidad de sus practicas de producción, una infinidad de pequeños productores venden sus tierras total o parcialmente desplazándose los unos a pueblos y ciudades, y los otros engrosando la pobreza rural, como se le llama desde organismos oficiales, donde los mismos reconocen un aumento de ese “indicador” del 17% en1999 aun 26% en 2007.

Esta es en buena medida lo que se denomina “Producción Familiar”, o “Productores Familiares”, aquella porción, particularidad, formación, de la población rural que manifiesta nociones distintas a la gran empresa del agro negocio. Son estos componentes algo más que una relación de autoexplotación como mano de obra de su propio emprendimiento, o una “racionalidad productiva”. Se trata ya de una visión, un conjunto de ideas, nociones, y prácticas que denotan una cultura particular, que pueden tener un eje conjuntivo en tanto formación también por prácticas de producción. Pero las ideas de preservación de recursos para las generaciones venideras, la garantía de las necesidades para la familia y el entorno, la sociedad de fomento que sea, la escuela, cierta ideología, porqué no decirlo, no cobran una materialidad económica directa y exclusivamente. Todas estas características en claro contrapelo al sistema que domina, producto “for export del Uruguay”, dijera un cantor.

Y sin mirarlo en forma estático – censal. Son parte de ese cuerpo aquellos productores chacareros, tamberos pequeños queseros, horticultores, ganaderos familiares que han sido expulsados abandonando como drástica consecuencia la vida rural. Es un conjunto no determinado exclusivamente en el campo. También aquellos que la sociología estratifica en forma aislada como asalariados y separa por motivos de relación contractual de un basto componente diverso de los pobres, los de abajo, en el campo.

Los otros, en un extremo, son 179 que tienen como propietarios o arrendatarios la superficie de territorio equivalente a Soriano, Colonia, y Río Negro, y son tres empresas forestales las que controlan la producción de una extensión similar al departamento de flores. Y son 30.000 los productores familiares, y les faltan tierras, y a este país le entran 30, 40.000 productores familiares más ya, y sin poner en juego nuestras aspiraciones más concretas o hasta aquellas que las barreras de la conciencia sostienen. Le sobra latifundio y monocultivo a este país, le sobran estancieros, le sobra esa burguesía “etiqueta negra” que continúa en su camino generando las más diversas repugnantes formas para sostenerse a como de lugar.

Esa misma burguesía del campo tan rancia como la de la ciudad, en sus múltiples facetas conservadora, manifiesta a través dela ARUsu repudio a un impuesto insignificante que se quiere aplicar sobre las grandes propiedades rurales (que en la practica no les significa casi nada) y que a su vez en tanto pago les legitima esas grandes tenencias de tierra. El presidente de éstos, José Bonica asegura que: “el impuesto que se propone no es bueno para la imagen del país, no es bueno para los empresarios, no es bueno para la población, no es bueno”. Así, sin fundamentos, reacción por el simple hecho de ser tocados los intocables, los que siempre tocaron a todos. Como si se tratara de impuestos buenos o malos el acceso a la tierra en el Uruguay, como si fuera peor o mejor la injusticia ante tantos desposeídos del campo y la ciudad que otrora quebraran los terrones de los surcos para sembrar lo que en buena medida somos hoy. ¿Cuantos alambradores, agricultores, arrieros, paysanos de los más diversos oficios zurcen los bordes de la ciudad en busca de un nuevo oficio donde desempeñar tanto aprendizaje?

Pero esto no importa ala ARU, quien a su vez asegura, en otro sentido que es un error identificar como un problema el aumento del precio de la tierra, pues considera que así hay mayor estímulo para la producción competitiva, a la inversión, la contratación de agrónomos y veterinarios, mejor pago para quienes trabajan, y más excusas que no dejan de esculpir el rostro de una ideología sumamente peligrosa para quienes tenemos intensiones de construir un mundo nuevo. Fundamentar impunemente que es beneficioso para todo un país una política que puede ser aprovechada solamente por aquellos que pueden operar a determinada escala, gran escala, cual buró de capos de mafia.

Pero hace hincapié en un aspecto muy particular: el transporte. Sugiere, propone, exige, que sea financiado por rentas generales, u otra propuesta: “el que usa paga”. Indica e insiste sobre la importancia de estas vías de transporte, que no dan abasto ante tanto crecimiento, y en forma extensiva el problema se manifiesta en puentes, puertos, etc.

Claro que es necesaria mejor caminería, mejores accesos, que exista un tráfico no congestionado, que se pueda viajar en buena forma, y trasladar también los productos del campo. Es claro que son necesarios puentes para facilitar la comunicación entre lugares distantes y facilitar el acceso a las policlínicas y centros de salud, que crezcan los medios de comunicación en manos de organizaciones populares, que se ponga en marcha el ferrocarril. Pero no podemos mirar a un costado el gigante daño que se está haciendo y el que se pronunciará al garantizar medios eficientes no para la población, sino para unos pocos que poco les importa la vida de la mayoría de los uruguayos. Los gobiernos en sus diferentes formas, colores, y discursos, han desmantelado el ferrocarril, el puerto de Montevideo está privatizado, no tenemos aeropuertos internacionales, las carreteras ya semiprivatizadas por peajes… y vuelve otra, la respuesta a la demanda planteada anteriormente, la ley Participación Público Privado.

La ley PPP que toma como premisa el crecimiento de la producción de Uruguay y la incapacidad del estado para construir, con fondos públicos, la” infraestructura imprescindible para mantener ese crecimiento económico, factor para avanzar en la distribución equitativa del ingreso nacional”, aseguran. Y en realidad ni la una ni la otra al ser un crecimiento que está sujetado por pocos, y a muchos dejará migajas para que se pueda ser “equitativo” en la distribución. Más aún cuando se sostiene que esta es “la modalidad de financiar las obras de infraestructura imprescindibles, a través de contratos con inversores privados que permitan la realización en los tiempos más adecuados, de las obras para continuar con la senda del desarrollo sustentable”. Y tampoco ni la una ni la otra, ¿serán estas las inversiones de ese capital extranjero, privatización – concesión mediante, que se asocia en un complejo súper explotador de recursos, pueblo, ideas, en pro de un “beneficio social sustentable”?, ¿esto hará más sustentable la insustentabilidad de los monocultivos de soja y eucapliptus?, ¿será esta la sustentabilidad en el cálculo de otro escritorio, el de las empresas constructoras de infraestructura, sojeras, forestales, ganaderas?.

Pone en manos de la privatización sectores estratégicos de la economía: Puertos, Aeropuertos, Vías navegables, rutas, caminería rural. Financia con deuda que pagamos todos, y cierra aún más la ganancia del que tiene “la vaca agarrada de la teta”. ¿Esta será la respuesta para corporaciones comola Asociacióny Federación Rural del Uruguay?, ¿esto es aislado en América?, ¿Qué tiene de novedoso que no venga de la mano del IIRSA?. Y es que tiene complicidad esto con el mismo panorama parala Américaque nombrábamos antes: la productora de alimentos y la extractora de recursos para la industria también.La Américadel pueblo de Bagua en Perú,la Américadel TIPNIS en Bolivia, de los Mapuches en Chile y Argentina, el conjunto de clases oprimidas en todo su maltratado cuerpo. Pero también la del trazo firme y constante de un pulmón de historias resistencias, la metáfora de un verso que es verbo, acción y práctica de construcción cotidiana. Es sangre, ritmo, y es elemento constitutivo irrenunciable de ese hermoso imaginario de lucha y anhelos, amores, y pasiones. 

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