Los trabajadores y el potenciarse a si mismos.

Aportes a un debate metodológico.

 

Desde los orígenes del movimiento obrero, el anarquismo ha estado presente en las incipientes organizaciones de trabajadores, tanto en Europa como en América Latina. En nuestro país, ya en las primeras “Sociedades de Resistencia” organizadas de modo regional y de múltiple oficio, y luego en los Sindicatos por oficio que darían surgimiento a la primera Central Sindical, la FORU (Federación Obrera Regional Uruguaya) en 1905. A pesar de vaivenes históricos, el anarquismo mantendría presencia gravitante en las luchas gremiales, impulsando la necesidad de unificación de las diversas corrientes político-sindicales en una herramienta única de los trabajadores. Así la militancia anarquista de los 60, estaría abocada con fuerza en la constitución de la CNT (Convención Nacional de Trabajadores), que protagonizaría heroicas luchas y aportaría al desarrollo de un programa de clase encarnado en el Congreso del Pueblo.

 

Escenario abierto ante el neoliberalismo.

Sin lugar a dudas, la dictadura significó un durísimo golpe al movimiento sindical uruguayo. Decenas de sus mejores hombres fueron eliminados por el terrorismo de Estado al servicio del Capital, y todas las organizaciones obreras fueron ilegalizadas. De esta forma, el pueblo resistió como pudo, y los grupos de poder aprovecharon para ir sentando las bases económicas, jurídicas y culturales para la aplicación de una nueva forma de acumulación que hoy conocemos como neo-liberalismo. Apertura económica internacional, libre circulación de capitales, desregulación del mercado laboral, achique del Estado y sus prestaciones sociales, privatización de servicios públicos, etc.

En la reapertura democrática de 1985, ya la dictadura había consolidado buena parte de esa agenda, y también diezmado las filas obreras, al tiempo que imponía toda una cultura del miedo a la participación y el compromiso. Por tanto, un escenario político, económico y jurídico se iba consolidando, al tiempo que se achicaba el margen de acción política para los sectores combativos, y se imponía un modelo de “sindicalismo maduro y responsable”, que en su timidez no supo dar respuesta a los nuevos problemas planteados. Crisis económicas, desocupación a cifras escandalosas, y un permanente retroceso en variados aspectos. Todos los conflictos de esa época, fueron para no retroceder, para no perder lo ya conquistado, y las mas de las veces se perdieron, por desgaste, aislamiento y la dureza del sector empresarial y los sucesivos gobiernos. También lo antedicho implicó un retroceso ideológico importante. La conducción mayoritaria de la central obrera orientó en función de un proyecto político policlasista, se hablaba del “objetivo superior”, de no hacer olas y esperar el triunfo político electoral. Ese depositar las expectativas por fuera de sus propias fuerzas operó imponiendo una dinámica quietista, en función de lo que pensaban como “posible”, y dicho estancamiento lo sufrimos hasta el día de hoy, en las dificultades que tienen variados gremios a la hora de movilizar a nivel de calle.

 

Ascenso del FA, 2005 en adelante.

Este hecho, implicaría un cambio importante en lo atinente a la dinámica sindical. Se volverían a convocar luego de algunos años los Consejos de Salarios para todas las ramas de actividad, y se votó la Ley de Libertades Sindicales. Estas dos medidas, implicarían un retorno masivo a la herramienta sindical. A punto tal, que en un par de años, la cantidad de afiliados al Pit-Cnt se triplicó. Y aquí operó fuertemente un fenómeno bien interesante respecto del peso que esa “legalidad” trae consigo. Ya que la represión de parte de la patronal estuvo lejos de cesar. Y si bien se recurrió en términos legales a estas protecciones, la mayoría de estos conflictos fueron resueltos de forma directa en el lugar de trabajo, cosa que se podría haber hecho con o sin Ley, pero ahora existía la percepción de que se podía, que había llegado el momento.

A su vez, toda una percepción casi mágica, de que el ascenso del FA al gobierno, traería las soluciones, se fue descascarando con el correr de los meses, y se fue asumiendo que sin protagonismo popular en la lucha, no habría resultados a la vista. Nacieron decenas de nuevos sindicatos, y se revitalizaron los clásicos gremios industriales. Con este marco de una militancia predominantemente joven (aunque la orientación continuó en manos de la vieja militancia sindical, con sus bondades y sus vicios), llegaron afiliados recientes, compañeros que era la primera vez que asumían responsabilidades sindicales, con todas las dudas, inocencias, errores y cosas sanas que esto trae consigo.

Sin dudas que esto modifica, no sólo el análisis en frío acerca del sindicalismo en sí, sino de sus potencialidades a la hora de la disputa política entre clases. Disputa política que trasciende ampliamente lo electoral o parlamentario, disputa política que implica niveles organizativos y llegada de discurso, capacidad concreta de movilización para conquistar avances en el marco de la lucha por achicar la injusticia.

Pero en este camino, se dan peculiaridades que hay que tomar en cuenta. Dinámicas que se van instalando y haciendo toda una ideología al respecto. Por ejemplo, la Ley de Libertades Sindicales, sin lugar a dudas que es una conquista, que abre muy interesantes brechas para organizar lo desorganizado, pero también como contraparte, va generando una militancia con determinadas “comodidades”, en el marco de horas pagas. Ciertas “facilidades” que pueden desaparecer ante un cambio de gobierno que bien puede suceder. No deberíamos generar una camada de militantes dependientes de tal o cual modelo de capitalismo. Sin duda que no podemos regalar nuestros avances, que hay que defenderlos palmo a palmo en cualquier circunstancia, pero es fundamental generar otra cultura que lo habilite. Actividades fuera de horario, poner un poco de “nuestro tiempo”, para hacer real la independencia de clase en cualquier marco que nos toque jugar.

El fenómeno de crecimiento en afiliaciones que veíamos mas arriba, no redunda matemáticamente en un incremento de la combatividad ni en cuestionamiento al sistema. Eso será tarea de la militancia combativa.

A la interna de ese movimiento sindical triplicado, podemos ver diversas tendencias que intentaremos narrar someramente, para poder hacernos un panorama más cabal del cómo se encuentra la correlación de fuerzas a la interna.

GRUPO ARTICULACIÓN; Si bien es un elemento cuya aparición podríamos ubicarla a inicios de los 90, cuando la caída del muro, su mayor desarrollo y perfil mas claro se dio con la llegada del FA al gobierno. Son lo que podríamos llamar “la derecha del movimiento sindical”. Impregnado su discurso y práctica de la “cultura de gobierno” y del cuento de la “responsabilidad” de la dirigencia obrera. Partidarios de los pactos sociales, y de suplantar la lucha de clases, por una estrategia de conciliación y diálogo. Nada de construcción de una sociedad distinta, todo será gradual dentro del capitalismo, y según ellos la metodología sindical se mide exclusivamente a través de los logros.

Uno de sus baluartes sindicales es Richard Read (FOEB), que recientemente consiguió las 6 horas para los trabajadores de planta de la bebida. Visto a secas es un gran logro, pero poco se dijo acerca de que esa “conquista” se dio garantizando la misma productividad que antes se hacía en 8 horas. Ni un problema para la burguesía.

Similar situación puede observarse en bancarios. El grupo articulación maneja actualmente la Bebida, Bancarios, la Federación de Comercio, y varios sindicatos estatales.

Nuclea a los sectores políticos encolumnados tras la candidatura de Astori y Carámbula, y en sus ámbitos de inserción conserva un alto nivel de adhesión en la base.

Es el gran actor del alto nivel de burocratización del movimiento sindical, en su postura de que los problemas del sindicato son problemas de los dirigentes exclusivamente. Una visión del dirigente sindical como que “me pagan para que los defienda”, o sea, el sindicato como simple gestoría de trámites legales, y ninguna lucha fuera de esto.

Este “nuevo actor”, ha modificado profundamente la interna sindical.

PARTIDO COMUNISTA; Continúa siendo un actor de primer orden en la interna sindical. De hecho, ha sido la llave para conservar un peso político preponderante a la interna del FA aún con su escaso caudal electoral. Es el grupo que conserva el discurso más clásico en cuanto a reformas de tono “popular”. Su peso se basa sobre todo en los gremios industriales más clásicos. Si bien su línea general es bastante claramente identificable, la manera de aplicación de ésta varía gremio a gremio. Según como se dé la correlación de fuerzas interna, varía su postura respecto de la necesidad de movilizar y respecto de la apertura de ámbitos de discusión. Parece ser, que la presencia o no de Articulación como “contrapeso de derecha”, es una de las variables que lo hacen volcar más a la izquierda o quedar al centro. De todas formas, es de los sectores con mayor capacidad de movilización, y nuclea buena parte de los delegados de base.

En el marco del escenario actual, habrá que explorar el cómo se desarrolla su práctica y cómo opera en la dicotomía actual del movimiento sindical, el movilizar y generar fuerzas propias o mendigar en los pasillos gubernamentales.

TENDENCIA CLASISTA; Es otra de las líneas históricas del movimiento obrero. Si bien en los últimos años ha ido perdiendo peso, aún se mantiene con sus debilidades y potencialidades. No es sencilla su tarea pendiente de modificar dinámicas instaladas en un movimiento obrero burocratizado hasta en sus tareas de base. El ordenamiento de prioridades y ubicación de las problemáticas centrales son parte de su debate pendiente.

Hay agrupaciones sindicales funcionando en su entorno, y en algunos gremios son mayoría. En sindicatos como el Taxi, Afcasmu, Adeom, etc, han logrado mayorías que habilitan explorar posibilidades de pelea. Si bien al día de hoy su presencia es muy minoritaria, puede revitalizarse de ordenar bien su tarea.

Como vertiente histórica del sindicalismo, aún tiene mucho que decir en esta historia. Será cuestión de ordenar las prácticas que habiliten los debates metodológicos correspondientes, hacia la concreción de una línea común de trabajo.

 

Desafíos del movimiento popular (redistribución de la riqueza).

El escenario actual del país, abre grandes desafíos para el movimiento sindical y popular. En términos económicos, la economía global del país ha crecido de forma sostenida. El PBI, creció un 22% en cuatro años durante el período de Vázquez. Bajo el mandato de Mujica, lejos de frenarse, parece subir esa cifra de actividad económica. Pero bien sabemos que el crecimiento económico no implica distribución por sí solo. De hecho, aunque los sectores populares han aumentado sus ingresos, ya sea por concepto de salarios, prestaciones sociales, etc, los números son claros respecto del ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres. A modo de ejemplo; dentro de los volúmenes generales de ingresos en el país, el sector asalariado privado percibe algo menos del 12% del total. Otro 7%, lo perciben los empleados públicos. Si en esta medida, incluimos también los trabajadores por cuenta propia con y sin local, las jubilaciones, pensiones, prestaciones sociales y asignaciones familiares, tendremos que la sumatoria de todos estos sectores que podríamos llamar “populares” apenas si llegan al 33 % del global de ingresos. Los otros dos tercios, se componen de un 17 % que perciben los directivos, profesionales y diversos “mandos medios” empresariales, y un 50 % que queda en manos del Capital.

Por tanto, en una economía que crece mas del 20% en cinco años, y que en el reparto, un 50 % de lo generado queda en arcas del Capital. Hablando mal y pronto, “la están juntando a paladas”. Quizá nunca habían hecho tanta plata los capitalistas en Uruguay. Además de otras regalías obtenidas en los últimos años. La Ley de Inversiones votada en el período de Vázquez (que profundiza las ventajas a empresas de la época de Batlle) implicó una renuncia fiscal de 160 millones de dólares según datos del propio gobierno. Todo para “traer inversores”, que según variados especialistas en la materia, hubieran venido de todas formas, por una serie de variables internacionales. Invertir en producción de materias primas, en infraestructuras, y generación de energía es de lo más seguro en estos tiempos, y Latinoamérica es la zona estable del mundo para eso en este momento.

Y estas renuncias fiscales, entran a jugar cuando se dice que no hay dinero para más políticas sociales, para agrandar las prestaciones por asignaciones familiares, o para la educación pública, salud, etc. A modo de ejemplo. Duplicar las asignaciones familiares tiene un costo de 200 millones según el directorio del BPS. Sin esa renuncia fiscal, bien puede cubrirse buena parte sin que ello implique un desequilibrio en las cuentas macroeconómicas del Estado. Es sólo una reformita. No hablamos de nada muy socialista que digamos, pero ni siquiera a eso llega la actual orientación política de gobierno. Y es que el capitalismo tiende a la concentración, como la planta al sol.

Pero el tema que nos preocupa, no es lo que haga o deje de hacer tal o cual gobierno, sino más bien la actitud que tomen los sectores sociales, organizados frente a esas circunstancias. En lo concreto de este artículo, nos preocupa el cómo enfrenta la actual situación de profunda injusticia social, el movimiento sindical uruguayo, el cómo defiende sus conquistas históricas, y cómo las amplía impulsando su plataforma y sus planteos, y aquí es donde se dividen aguas.

Hay toda una orientación (generalmente mayoritaria en ámbitos de dirección), que apela casi exclusivamente al diálogo, sin mucho ruido de por medio, para no complicarle las cosas a un gobierno que asumen como “propio”. Nosotros estamos convencidos, de que no será haciendo lobbies y alcahueteando en los pasillos del parlamento y los ministerios donde se logre un avance duradero en términos de clase. La única vía es la lucha, lo cual no implica negar la negociación. Pero desde posiciones de fuerza, con la gente movilizada, informada y alerta. Las conquistas, para que sean tales y no regalitos navideños, han de ser luchadas palmo a palmo, allí es cuando se valoran como propias y no se está dispuesto a abandonarlas. Claro que ese protagonismo popular de base, pondría en tela de juicio a varios mandamases de escritorio, y eso es lo que mas molesta al modelo burocrático que impera en varios gremios. Confrontar esa burocracia, es confrontarla con dinámicas que generen nuevos y mejores espacios de participación, no tanto en lo discursivo programático, sino en el cómo luchar, en los métodos para construir fuerzas propias.

 

El anarquismo y su aporte a tal debate.

Sin dudas que el aporte viene de lejos. Como vertiente histórica del socialismo, contribuyó a orientar los inicios del movimiento obrero, los primeros sindicatos y centrales obreras. Pero no quedó sólo en eso. Más aquí en el tiempo, fue pieza fundamental para la formación de la CNT, como herramienta única y global de las diversas orientaciones sindicales. El ver más allá de los intereses sectoriales, y poner por encima el interés de la clase oprimida en su lucha por la justicia. De allí se desprende ese concepto tan arraigado en el seno popular, la Independencia de Clase. Esto quiere decir, el no atar los proyectos sociales globales al interés particular de ningún grupo político. La conquista de espacios gubernamentales por parte de grupos de intención de izquierda, de poco sirve si en lo concreto no modifica las condiciones de existencia de los seres humanos concretos. El cambio real está más allá de algunos puntos más de salario o de conquistas puntuales. Claro que todo eso sirve como aliciente a la hora de la pelea, pero el cambio de fondo está en adquirir la claridad de que la salida es colectiva o no es. El capitalismo siempre será injusto, y por eso cotidianamente hay que combatirlo, y la estrategia de largo aliento es su supresión. Sabemos que no será de la noche a la mañana, que se trata de un proceso de acumulación de fuerzas de los sectores oprimidos, y que en ese trayecto se deben buscar los aliados circunstanciales que ayuden a operar en la coyuntura concreta. Lo que no puede suceder, es que confundamos esos aliados circunstanciales y atemos nuestra estrategia a ellos. El punto uno de nuestra Convención Obrera (CNT), dice claramente “hacia una sociedad sin explotados ni explotadores” y ese debe ser el rumbo.

El diseño de una política propia, de una metodología de clase para impulsar los cambios que nuestra sociedad necesita. Consolidar las organizaciones obreras como actores políticos de peso, y eso no significa “poner trabajadores en el parlamento” ni nada que se le parezca. Es desarrollar la fuerza y la movilización capaz de conquistar en la calle, en cada taller, cada fábrica, cada oficina u obra, capaz de darle combate al sector empresarial y a la maquinaria política que le hace los mandados.

Es desde esa metodología de combate, de resistencia, donde nace la política obrera de cambio, desde lo concreto de cada rama de actividad hacia una visión de país donde comience a primar el interés colectivo por sobre el lucro personal.

Creemos que el anarquismo, tiene mucho por aportar en ese debate metodológico, en el diseño de una estrategia de avance popular, de tono indefectiblemente anticapitalista en su proyección. En esa senda estaremos, con las fuerzas que tengamos, arrimando nuestras ideas, y por supuesto, poniendo hombro en la tarea.


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