Carta Opinión de la fAu| Opinión sindical | abril-mayo, 2009

¿Qué ha sido históricamente la independencia de clase?

Bajo este concepto se engloba la posición del movimiento sindical, independiente en su accionar y resoluciones, respecto de los patrones, el Estado, partidos políticos y cualquier doctrina filosófica o religiosa. El movimiento sindical surge como un verdadero ámbito específico de los trabajadores, con organizaciones forjadas por
trabajadores y con objetivos clasistas de justicia social.

No es un mero concepto abstracto este de la independencia de clase; su práctica ha formado toda una costumbre, algo socialmente aceptado, una cultura y dinámica propia de las diferentes organizaciones de trabajadores. Y se ha convertido a lo largo del tiempo en un valor esencial, inherente al movimiento sindical; valor forjador de
fortalezas, de práctica y confianza en las fuerzas que podemos desarrollar los trabajadores como clase. Esta cultura es una construcción histórica, que no puede decretarse, que se ha desarrollado a lo largo de años, y sólo así, ha podido hacerse carne en el cuerpo social. Forma parte de lo que podríamos llamar ideas-guía o
nociones ideológicas.

Su historia puede remontarse a los inicios del movimiento obrero uruguayo, a los primeros ensayos de organización sindical. Aquellas viejas “sociedades de resistencia” de inspiración libertaria, que ya planteaban la necesidad de un planteo propio y diferenciado de la clase trabajadora respecto de los ámbitos de dominación
burguesa (entiéndase por esto; empresariado y ámbitos estatales). Continuó todo a lo largo del siglo XX donde fueron los sindicatos quienes conquistaron las 8 horas y los derechos laborales que hoy gozamos. Incluso bajo gobiernos como los de José Batlle y Ordóñez donde hubo avances en la legislación laboral, ello fue posible por el
protagonismo obrero y sus luchas, y no por la voluntad de ningún gobierno o político profesional. El propio Batlle y Ordóñez reconoció al enviar la ley de 8 horas al Parlamento que “veinte gremios ya habían ganado las ocho horas a huelga”. Esa misma independencia de clase se manifestó en la gloriosa Huelga General contra la dictadura en 1973 y la Resistencia a la misma posteriormente.

Igualmente, en el curso de la historia, el tema independencia de clase y su aplicación será eje de una polémica constante en el seno del movimiento sindical.
Dos concepciones básicas. Decíamos que en este punto se confrontan dos vertientes de pensamiento ligadas a los inicios del socialismo (la
libertaria o anarquista, y la marxista o “científica”). Polémica ésta, ligada a las prácticas y estrategias que debían conducir al movimiento sindical, y como hilo conductor podemos rastrear en ella, el problema de la independencia política de la clase. La vertiente socialista-científica (de base marxista) planteando por un lado, que el movimiento sindical debe “acompañar” al partido que era en definitiva quien dirigía, siendo el órgano depositario de la conciencia de clase. Por otro, los socialistas libertarios (anarquistas) sosteniendo que el asunto está en fortalecer un desarrollo propio de los trabajadores, desde sus ámbitos de base y con criterios organizativos diferentes a los que propone la legalidad burguesa.

Y aquí es donde se pone linda la polémica que ya lleva más de 130 años, y que al día de hoy, sigue vigente. Ese asunto de la unidad; discursos y prácticas que la habilitan.
Otra de las particularidades del movimiento sindical uruguayo, además de la anclada tradición de la independencia política de la clase, es la consolidación de un órgano sindical único que nuclea las diversas expresiones político sindicales del país. Esa unidad, no es algo que haya surgido así nomás, o sin mayores problemas. Fue fruto de un aprendizaje colectivo, de hacer carne de la necesidad de una herramienta única para enfrentar al enemigo de clase. Esa confluencia de las distintas corrientes sindicales, Comunistas, Anarquistas, Socialistas e Independientes, no fue un mero acto de magia. Fue un acuerdo alcanzado en base a las necesidades que la lucha planteaba. La lucha
por un cambio en las estructuras sociales y no sólo por reclamos salariales. No olvidemos que en el marco de constitución de la CNT, se dio el Congreso del Pueblo donde estaban representados centenares de organismos sindicales, barriales, culturales y sociales. Desde ese Congreso se planteaban las salidas a la crisis, las medidas a
tomar ante un posible ascenso autoritario, y un plan de lucha para avanzar hacia la conquista de dicho “programa mínimo” que habilitara cambios mayores a futuro.

Vale resaltar una vez mas, que esta unidad nunca fue uniformidad. Se dio entre tendencias con tradiciones distintas, con orientaciones ideológicas diversas, y con estrategias diferenciadas. El reconocimiento de esas diferencias, y el respeto a las mismas fue lo que hizo posible la unidad sindical en Uruguay.

Al día de hoy ¿quién es el a-político?:
Recientemente, el Secretariado Ejecutivo del Pit-Cnt, toma por mayoría una resolución histórica, que a nuestro entender, echa por tierra una rica historia de independencia política de la clase que mencionábamos mas arriba. Con el cuento de ser “independientes pero no prescindentes”, se llama abiertamente a la clase trabajadora (desde su ámbito orgánico Pit-Cnt), a encolumnarse y votar a un partido en concreto. Y aquí es donde radica la diferencia metodológica y la perspectiva estratégica. Una cosa es acordar un plan común, procesar las necesarias alianzas en el marco de la clase, y disponerse a la lucha para llevarlo adelante. Y otra cosa
muy distinta, es ponerse de furgón de cola del sistema político, donde la “lucha” se dirime en el terreno electoral de la democracia burguesa. Está bien, que cada trabajador, en tanto que individuo, escoja la opción que mejor le plazca. Pero el movimiento obrero, en su expresión orgánica no debe entrar en ese corral de ramas.
Y no es que el movimiento sindical no deba actuar en política, de lo contrario. Sí que debe hacerlo, pero en la política real, en la que afecta a la clase. ¿Acaso el proyecto del FA –fuerza esencialmente policlasista-, se considera que representa a la clase? Ciertos son los aportes en cuanto a la ley de libertades sindicales, negociación colectiva, y algunas políticas sociales. Pero también estuvo a su interna, el querer firmar un TLC con EEUU (que al final quedó en TIFA), el apoyar enviando tropas a Haití y otras barbaridades del imperialismo, ¿y la reforma agraria?, ¿y el impulsar una Ley de Educación que es resistida por los sindicatos docentes y gremios estudiantiles? O la negativa a derogar la ley que creó las AFAPS, ese gran negociado que maneja millones de dólares fruto de los aportes de los trabajadores y que se vuelcan a la especulación financiera en plena crisis económica mundial. Agreguemos el recule cediendo ante las presiones de las cámaras patronales reglamentando las ocupaciones, poniendo techos en los consejos de salarios a las demandas de los trabajadores, y negando una cláusula gatillo para poner una salvaguardia para las patronales en los cierres del acuerdos.

Como vemos, los proyectos electorales, van en el marco (a lo sumo) de administrar un poquito mejor el capitalismo, pero no se desmarcan de los planes imperiales generales. Nosotros creemos, que el movimiento obrero debe seguir con el objetivo de una sociedad sin explotadores ni explotados, y realizar su política en tal sentido.
Esbozos de una política propia: En cuanto a esto, conviene recoger las mejores tradiciones de nuestro movimiento sindical, la de la confianza en las
propias fuerzas y el desarrollo organizativo. No olvidemos que las mayores conquistas; (ley de 8 horas, descanso dominical, etc.), fueron conseguidos en tiempos de relaciones laborales salvajes, a pura huelga y boicot. Cierto que ahora corren otros tiempos, y eso requiere de otro análisis. Al día de hoy, la clase trabajadora no se compone sólo de los sectores organizados dentro del movimiento sindical. Hay una gama importante que debemos articular y organizar, y en eso el movimiento obrero tiene una tarea enorme a realizar. Una política propia, en términos de clase, implica el poner la infraestructura conseguida, al servicio de esos sectores
incipientes en cuanto a su organización (recicladores, trabajadores tercerizados e informales, domésticas y cuentapropistas, etc.) y apoyar y orientar en cuanto al traslado de su experiencia organizativa. Ante un escenario de crisis probable, en un marco de desocupación, el sindicalismo puro queda manco para dar respuestas. Por tanto debe
articularse lo mas posible con las otras expresiones del campo popular, cooperativas de vivienda, grupos barriales, gremios estudiantiles, etc.
Sabemos que la revolución no está a la vuelta de la esquina ni mucho menos, pero no por eso hay que conformarse con que el capitalismo es lo que hay y pedir que se administre mejor. Los sindicatos deben seguir siendo una escuela de lucha, de solidaridad. No pueden transformarse en simples “gestorías de trámite jurídico” y juntadero de votos cuando llega la elección. Eso no es política de clase.

Como anarquistas, pensamos que hay que actuar en política, de lo contrario estaríamos diciendo que los únicos autorizados a intervenir en los asuntos públicos (es decir, en política), son los políticos profesionales, la “clase política”. Pero esto hay que encararlo en el marco de una estrategia clasista. Realizar alianzas, sí, pero en el marco de la clase, de los oprimidos. Impulsar la lucha por conquistas y mejoras, desarrollando la solidaridad, y sobre todo con una metodología que haga de la participación activa el resorte fundamental de resolución de los conflictos, pero también a la esencia de la vida sindical misma.

No será de un minuto para otro, y tampoco podrá procesarse sólo en Uruguay, requerirá de alianzas en términos regionales con otros sectores populares. Pero lo cierto es que la resolución de las corrientes mayoritarias en el Pit-CNT debilita esta perspectiva de fortalecer y practicar la confianza en las fuerzas propias, de generar expectativas
hacia la práctica de la unidad y la fuerza de los trabajadores en el seno de sus organizaciones. Es un camino quizá largo, pero creemos que es el rumbo cierto hacia la construcción de aquella vieja aspiración socialista, que inspiró los inicios del movimiento obrero. la construcción de una sociedad sin opresores ni
oprimidos.

Por la independencia política de los trabajadores.
A avanzar en las conquistas, hacia un horizonte nuevo.
Por el Socialismo y la Libertad.
¡¡¡Arriba los que luchan!!!.


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