El reparto del trabajo y la riqueza en una economía globalizada. José María Olaizola Albeniz (España).

Un trabajo del compañero José María Olaizola Albeniz (España).

 

El reparto del trabajo, la semana de 35 horas, hacia la de 32 y muchas menos, el reparto de la riqueza y el salario social, son una necesidad vital en un mundo contradictorio, donde la abundancia y la acumulación de riqueza, convive con la miseria, la muerte por el hambre, por falta de atención sanitaria, por falta de medicamentos, por falta de agua potable, por desnutrición, por la extrema pobreza en la viven mas de 1.100 millones de seres humanos.

Previamente, es necesario situarnos en donde estamos, desde una perspectiva económica, social y política, ser conscientes del mundo del que formamos parte, y en el cual intervenimos, y como, dentro del mismo, el fenómeno de la globalización desarrolla nuevas formas de poder y de distribución de la riqueza a escala planetaria. Debemos conocer su impacto en el mundo del trabajo, en la utilización del tiempo de trabajo, en la forma de consumir, en la vida cotidiana, en el medio ambiente…., como nos condiciona en la práctica, en el día a día, en todos los aspectos, de forma casi absoluta, a la vez que alarmante, terrible y dramática en muchas de las ocasiones. No podemos hablar de reparto sin tener una perspectiva planetaria.

La globalización es un proceso que se desarrolla a niveles mundiales, es un proceso de distribución de poder entre capas sociales y territorios, de los trabajadores hacia los capitalistas, del sur hacia el norte, de la periferia hacia el centro, dejando al margen un continente como el africano condenado a la miseria, a la enfermedad y a la muerte. Económicamente está basado en una acción que supone la culminación de la expansión del capitalismo, y en consecuencia, los efectos de sus propias leyes económicas: la centralización en base a compras, fusiones y adquisiciones, y la concentración del capital cuya base son las ventas y la expulsión de competidores.

Este proceso de redistribución lleva al capital a dotarse de un poder cada vez mayor, el más absoluto de todos los tiempos, imponiendo una dominación aplastante en todos los aspectos de la vida, incluso, los de la intimidad, y con voluntad de seguir acrecentando dicho poder. De hecho, actualmente, se dan los pasos hacia la privatización de los recursos naturales y del genoma humano, en su carrera por ser los amos absolutos de todo, y en este caso podríamos hablar de la privatización de la vida misma, con lo que ello supone de ataque brutal a la libertad y a la dignidad humana.

Un poder autónomo, al margen de los poderes políticos, por encima de los procesos democráticos formales, donde el poder de decisión de los ciudadanos cada vez se diluye más, convirtiendo a la clase política en una clase supeditada a sus intereses y a su servicio, convirtiéndose los políticos en garantes de los planes del capital, desarrollando a su servicio un cuerpo jurídico de leyes favorables a su actuación con total impunidad, y por supuesto, en última instancia poniendo a su disposición el poder represivo de las llamadas fuerzas del orden, más bien del orden establecido o dominante, en el caso de que la convulsión social pusiera en mínimo peligro su poder.

La evidencia de estas aseveraciones está en los procesos electorales. Sean elegidos gobiernos de derechas o de izquierdas, en lo fundamental, no afecta en nada a las políticas económicas existentes, sustentadas en el neoliberalismo, las cuales son determinantes en el proceso social y político. Sean unos o sean otros, no cambia el proceso de redistribución a favor del capital que aumentan sus beneficios de forma escandalosa, y por tanto, en contra de los trabajadores y los ciudadanos en general. Sigue produciéndose la acumulación de poder y riquezas, cada vez en menos manos. Hoy día en España, asistimos a un debate (por llamarle de alguna forma) político de enfrentamiento, por leyes que unos entienden progresistas y otros piensan que son contrarias a la familia, la nación, ….., o si mintieron o no en un momento determinado,….Pero al margen de estas algaradas, muchas de ellas vergonzosas, donde la mentira es habitual, las cuales se repiten en las innumerables tertulias en los medios de comunicación, la política económica del gobierno socialista, encabezada por el ministro Solbes, en nada difiere de la del anterior gobierno del PP, con el ministro Rato. Actualmente director del Fondo Monetario Internacional, uno de los instrumentos administrativos de la globalización económica, de la misma forma que Solbes venia de ejercer el cargo de comisario en asuntos económicos en la Comunidad Económica Europea, de la cual, ambos, son fervientes defensores.

Así mismo, ahí esta el “no” francés a esta Europa construida a espaldas de los ciudadanos, que tampoco ha modificado la situación existente. Las políticas económicas siguen siendo las mismas, y ahora Blair pretende, aún, una mayor liberalización, basada en su propio modelo de neoliberalismo más avanzado que junto al norteamericano, es lo que viene a llamarse el modelo anglosajón. Sistemas basados en precarizar y flexibilizar los mercados de trabajo al máximo, repartiendo precariedad, reduciendo el paro a costa de extender la pobreza. Reduciendo los costos de las políticas sociales al mínimo, utilizando lo que han venido en llamarse las políticas activas de empleo, destinadas especialmente a los sectores más castigados, como son: los jóvenes, madres solteras, parados de más de 55 años, obligándoles a aceptar empleos en cualquier circunstancia. Ahora, en Gran Bretaña, están estudiando un plan para aplicar estas medidas, a un sector de 2,7 millones de personas que reciben una prestación de incapacidad y están en edad de trabajar, más o menos el 7,5% de la población activa. Es la ideología de la empleabilidad que se impone en todos los países desarrollados, con diferentes intensidades, pero todos en la misma dirección, convirtiendo a los parados en culpables de su situación, y por tanto, como responsables de su salida, cambiando la psicología de los mismos, de beneficiarios de la ayuda social a estar dispuestos en todo momento a aceptar las condiciones impuestas por el mercado de trabajo.

En definitiva un trabajador “a la carta”, pendiente del empleador, dispuesto a trabajar cuando se le llame, las horas que sean precisas, en un horario variable con un salario bajo.

La respuesta del gobierno francés ante el “no” europeo ha sido aprobar los polos de competitividad. Profundizar en el modelo neoliberal, en contra de lo votado por una mayoría importante del electorado francés, quienes lo han hecho desde posiciones alternativas, pensando que es posible escapar a la fatalidad y el poder terrible de los determinismos económicos y políticos neoliberales, pensando que su voto tiene un significado fundamental y es un freno a la pretensión de imponer, a niveles planetarios, despreciando a los ciudadanos, un único modelo económico, el definido por el dogma de la globalización. Es cierto que el “no” francés es una esperanza, es una expresión más de un descontento real con el modelo de desarrollo actual, pero también es cierto y evidente, que los procesos electorales no son los determinantes, y la respuesta social debe concretarse en un compromiso social al margen del sistema, capaz de articular fuerza suficiente para cambiar una realidad claramente injusta y desigual. La evidencia es que el gobierno francés sigue la misma dinámica de desarrollo llevada hasta ahora, la marcada por las políticas neoliberales con la creación de los polos de competitividad, apoyados en las rebajas sociales y en las desgravaciones fiscales para el capital, y una de las iniciativas principales que Tony Blair pretende impulsar en su presidencia de la Comunidad Económica Europea.

Podemos poner tantos y tantos ejemplos de la falta de autonomía política y de los políticos: gobierno rojiverde en Alemania, y especialmente, casos como el de Lula en Brasil y el Partido del Trabajo (PT), ganador de las últimas elecciones, promotores, organizadores e impulsores de los Foros sociales, los dos primeros celebrados en Porto Alegre, de los presupuestos municipales compartidos, “el gran descubrimiento de la izquierda”, y más recientemente, la victoria del Frente Amplio en Uruguay, donde los antiguos tupamaros tienen responsabilidades importantes gubernamentales, y solo, unos meses de gobierno, han sido suficientes para enfriar la mayoría de las ilusiones populares que se habían puesto en el proceso electoral.

La globalización aparece con claridad en los años ochenta y noventa, coincidiendo y de acuerdo con los gobiernos de Margaret Thatcher y Ronald Regan, en base a tres ejes de actuación: la reconversión, con cierre de empresas, flexibilidad y precarización; el aumento de la subcontratación y la deslocalización industrial; y la reingenieria, todos ellos procesos que siguen su curso. Ello produjo una situación de paro masivo, y un deterioro muy importante de la negociación colectiva, al mismo tiempo un ataque en profundidad a los sindicatos, a los trabajadores organizados. Era fundamental, en los nuevos planes del capital, de la globalización, acabar con el poder de los trabajadores organizados, produciéndose dentro de este sector una crisis y un retroceso monumental, Ataque que sigue con una desregulación del mercado de trabajo cada vez mayor, reforma laboral tras reforma.

En estos momentos tenemos en España una nueva reforma en periodo de negociación, en la que está sobre la mesa los condicionantes de la globalización económica, junto a la amenaza real de las deslocalizaciones, y a las dificultades de captar inversión extranjera, lo cual exige una mayor flexibilidad al sistema de relaciones laborales español, en la dirección de abaratar costes y el tiempo que conlleva aplicar los despidos o los expedientes de regulación, la ultraactividad de los derechos adquiridos en los convenios colectivos, y endurecer la reglamentación de ciertos derechos como el acoso, el estrés , la depresión,…… Avanzando sin pausa hacia la relación contractual de tipo individualizado la cual se va instalando con fuerza.

Desregulación del mercado de trabajo que ha puesto en duda el mismo contenido de clase de los trabajadores, a causa de la desestructuración que se ha producido dentro de la misma, a base de la imposición y aceptación de la mayoría, de los diferentes tipos de contratos, las distintas condiciones laborales, incluso dentro de una misma empresa, configurando intereses diferentes según el contrato de cada cual. La subcontratación, las empresas de trabajo temporal, los trabajadores fijos y temporales, con contrato o ilegales, con convenio colectivo o sin él. Todo ello ha llevado indefectiblemente a una fragmentación de la clase trabajadora organizada, de tal nivel, que su fuerza, su poder, se reduce en el tiempo de forma progresiva.

No podemos olvidar la enorme cantidad de mano de obra emigrante, la cual escapa de la miseria y la pobreza, condenadas por la propia intervención del capital, al mismo tiempo, alentada por la cultura del consumismo más banal, llegando a los países ricos de forma masiva, y cuya desesperación, enorme necesidad y desamparo total, les empuja a trabajar en condiciones inhumanas, en algunos casos equiparables a la esclavitud. Esta situación empuja hacia abajo las condiciones salariales, laborales y los derechos de los trabajadores conseguidos en muchos años de lucha, con muchos momentos de gran dureza, soportando la represión, sufriendo la cárcel y habiendo tenido muchos muertos por la represión del Estado.

La globalización también conlleva que la producción de muchas empresas y sectores se realice en diferentes países, lo que dificulta aún mucho más las posibilidades de respuesta por parte de los trabajadores utilizando sus medios clásicos: la huelga y el sabotage. Al mismo tiempo que mina el sentido internacionalista de antaño de la clase trabajadora, dificultando el ejercicio de la solidaridad debido a las diferentes condiciones salariales y laborales de unos y otros, sustituyéndose los valores tradicionales de la clase trabajadora por otros, como el dinero, lo inmediato, el consumo desaforado,…. En consecuencia una clase trabajadora, de la cual, una parte, cada vez en menor número, está bien instalada, con empleo fijo, atemorizada con perder su ventajosa situación y sus privilegios respecto a sus propios compañeros en peores condiciones laborales y salariales, con miedo a la precarización, perdiendo poco a poco los valores tradicionales de solidaridad y apoyo mutuo, e imponiéndose la cultura del individualismo, de los intereses personales y corporativos.

La concentración y centralización sigue su desarrollo, avanza de forma imparable, por lo que las empresas adquieren una dimensión transnacional.

Una vez que los mercados nacionales se quedaron pequeños para su volumen de producción, y sobre todo se quedaron pequeños para el volumen de fondos que movilizan los grandes agentes financieros, el capital se volcó y sigue volcado en generar y desarrollar al límite una sociedad de consumo de masas internacional. Consumo que lleva a endeudarse a las familias y a los ciudadanos hasta cotas inimaginables, perdiendo su libertad y convirtiéndose en rehenes de las entidades financieras, además, de la necesidad del pluriempleo, las horas extras …

Simplemente un dato para situarnos, aparte de las noticias de cada mes señalando que el nivel de endeudamiento de las familias españolas aumenta sin cesar, las entidades de préstamos rápidos aumentan su beneficio en un 37 %, beneficios que no dejan de crecer en los últimos años, gestionan unos 48.500 millones de euros y los intereses para los préstamos que ofrecen, oscilan entre el 10 y el 25%. El consumismo es uno de los factores básicos en las globalización económica. Quienes acceden al mismo, sienten que ascienden en la escala social, dinámica favorecida e impulsada por los medidos de comunicación que fabrican el consenso social y que entre otras funciones tienen la de alimentar esta sensación de ascenso, evitando que alguien pueda poner en duda el valor sagrado del consumo. El factor consumo adquiere cada vez mayor validez, hasta convertirse en uno de los ejes más importantes del sistema productivo, y desgraciadamente, en el principal referente cultural del ser humano. Una cultura vacía, sin contenido, marcada por las modas.

El capital transnacional es quien se beneficia por las nuevas reglas de distribución de la riqueza, en base al incremento constante de la productividad, de la cual se apropia, y a una reducción paralela de los costes salariales. La concentración y la centralización lleva a que el núcleo dirigente del proceso de globalización sea cada vez más reducido. Veamos unas cifras para situarnos y valorar su gran poder. En el sector de las tecnologías y las comunicaciones, 10 multinacionales controlan el 66% del mercado mundial de los semiconductores; 9 empresas transnacionales controlan el 89% del mercado mundial de la información y las telecomunicaciones, y 10 corporaciones transnacionales manejan el mercado mundial de ordenadores.

Las cien mayores empresas productivas multinacionales, con 12 millones y medio de empleados, tienen un peso económico equivalente a los cien mayores países subdesarrollados con 4.150 millones de personas y representan casi cinco veces las exportaciones de todo el tercer mundo. Por tanto, estas cien empresas son el motor de la producción internacional.

Junto a las empresas productivas, el capital financiero es uno de los más influyentes en el proceso de globalización. Las transnacionales se sitúan donde hay recursos para explotar ( mercados y factores de producción). El capital financiero no necesita de estos factores, debido al desarrollo tecnológico y de las telecomunicaciones, puede desplazar instantáneamente fabulosas cantidades de dinero para llevar a cabo sus transacciones financieras, al tratarse de productos inmateriales. A través de las telecomunicaciones se elimina el coste de desplazamiento de forma casi total. Son suficientes un juego de escrituras, la contabilidad interna de los agentes financieros multinacionales,…., para desplazar simultáneamente cientos de millones de divisas de un extremo del planeta al otro. Este tipo de operaciones, no ligadas al proceso productivo aumenta sin cesar. Para situarnos de las proporciones que ha alcanzado este proceso, las transacciones diarias a escala planetaria han alcanzado un volumen de más de 600.000 millones de dólares, lo que quiere decir, más o menos el doble del total de reservas de que disponen los principales países industrializados. El G7 dispone de unas reservas de entre 250.000 a 300.000 millones de dólares aproximadamente. El capital financiero puede, cuando quiera y lo desee, poner en circulación los 600.000 millones de dólares cada día. Esta libertad de movimientos da al capital financiero un poder desestabilizador casi total, pudiendo trastocar gravemente cualquier economía nacional, obligando a las mismas a aplicar políticas económicas cuyo principal objetivo es la estabilidad macroeconómica, y no el crecimiento económico que pueda resolver los problemas del paro y la pobreza. El capital financiero no soló está alimentado por las rentas del trabajo, sino también, por los sustanciosos negocios del mundo de la droga, el tráfico de seres humanos, la venta ilegal de órganos humanos, la venta de armas, la especulación, combinándose los aspectos legales, que no quiere decir justos, con el aspecto ilegal y criminal.

Todo el proceso se sustenta sobre una base administrativa, formada por un entramado de organismos y tecnócratas internacionales, miembros de organismos como la Organización para el Comercio y el Desarrollo (OCDE), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial de Comercio (OMC), las diferentes direcciones generales de comercio y la competencia a nivel europeo, sectores profesionales, por ejemplo, periodistas de los medios de comunicación de alcance internacional, una red de asesores, consultores, lobbys, vinculados a las organizaciones internacionales y a los gobiernos, al servicio neoliberal, encerrados en el mismo, propagandistas de dicho discurso y del pensamiento único globalizador que habitualmente marcan las agendas y los ordenes del día de las reuniones políticas, claramente al margen y por encima del debate democrático.

El capital transnacional controla los medios de comunicación internacionales y de mayor audiencia, sector donde la concentración cada vez es más importante. A través de los mismos se impone un mismo discurso a niveles planetarios, siempre en defensa de sus intereses. La objetividad informativa es lo menos habitual, más bien escasa o desaparecida, se ahonda y se insiste en el pensamiento único como la única salida, a base de una información uniforme, dirigida, abrumadora, unidireccional que el cerebro humano recibe machaconamente, cuya finalidad es anular su criterio personal y libre, empujándole a la integración casi total en el sistema y consiguiendo que interiorice la imposibilidad de otra salida. Giovanni Sartori, politólogo y ganador del premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales del 2005, desde hace años dedicado a fustigar a los grandes medios de comunicación, a los que acusa de “desinformar” por el interés de los políticos y empresarios, a través de su obra, ha planteado y explicado como el predominio de la televisión en la formación de la opinión pública crea una videocracia, que en la práctica vacía la democracia como gobierno de opinión.

Lo que marca al capital transnacional, su ideología, su finalidad es la competitividad, ser más competitivo que los demás. Diariamente se nos recuerda lo mismo de forma insistente, repetitiva: tenemos que aumentar la productividad ya que perdemos competitividad, discurso que se repite a nivel planetario. Es una ideología depredadora del medio ambiente, cuyas consecuencias son: el cambio climático, el aumento de la contaminación, el deshielo de los glaciares de forma alarmante. Una ideología depredadora de la Naturaleza, de la vida, una ideología agresiva, de confrontación, de enfrentamiento, con una dinámica donde la razón no existe, sino la ley del más fuerte, ideología que se traslada a todos los ámbitos de la actividad humana, incluso al mundo de la educación.

Competitividad que se obtiene a base de la reducción de los costes salariales, empeorando las condiciones laborales, implantando nuevas tecnologías e innovando en exclusivo beneficio del capitalismo, atacando a la baja los derechos laborales, utilizando abusiva y peligrosamente los recursos naturales, exploliando las riquezas del llamado tercer mundo, machando con su discurso único e infalible, en consecuencia, es una ideología de guerra, arrasadora de la vida.

No podemos hablar de alternativas y de soluciones, ante semejante despropósito, tanta irracionalidad, desigualdad e injusticia, crueldad e inmenso poder y control, sin saber a qué y a quien nos enfrentamos, cual es su poder, y cuales son sus efectos determinantes en nuestro poder de decisión, en nuestra autonomía, en nuestro quehacer social, ya que en un mundo globalizado, interrelacionado, las alternativas parciales no tienen ninguna viabilidad, esencialmente en los países más desarrollados.

Las alternativas y soluciones parciales no le preocupan al capital transnacional. El mismo capital las promociona para darse legitimidad, guardándose para si mismo, los planteamientos generales desde una visión global planetaria.

Precisamente, el evidente fracaso de la izquierda en general se debe a este aspecto. Incluso la resistencia desde las organizaciones alternativas y antiglobalización o altermundialistas como han decidido llamarse últimamente, no deja de ser bastante testimonial a pesar de ser una respuesta clara, la misma es coyuntural, solo se visualiza globalmente en acciones puntuales. El fracaso de la izquierda viene marcado por sus planteamientos parciales dentro del sistema, y no globales, pretendiendo humanizar la actual globalización económica cuando su dinámica lo arrasa todo. Cualquier gestión desde la izquierda esta totalmente condicionada por los determinismos económicos impuestos por el neoliberalismo. Una de las características del neoliberalismo, es liberalizarlo todo, en definitiva privatizarlo todo y reducir al Estado a su mínima expresión. La izquierda en su gestión termina haciendo lo mismo, privatizar, como hay decenas de ejemplos en su gestión municipal. y ahí tenemos los ejemplos de Brasil, Uruguay,…., de los que hemos hablado. Lo peor de todo es la falta de honestidad y de ética, su miedo a perder su buena situación dentro de la escala social, no ser capaces de reconocer la imposibilidad de cambiar el sistema desde dentro del mismo, ya que el poder no está en los políticos, ni en los gobiernos, ni en la aparente democracia, y plantear con claridad a las clases populares otras alternativas. La falta de coherencia no solo queda ahí, sino que terminan adaptándose a la nueva situación, unos más que otros, se entra en las prácticas corruptas, en la prevaricación, y la mayoría de ellos cuando salen del poder salen bien colocados.

Dentro de esta situación de dominación a nivel planetario, existen pequeñas islas bien interesantes como es el caso de Chiapas, con sus municipios rebeldes y autónomos. Una sociedad paralela que se desarrolla al margen de la oficial, del poder, y en un momento determinado, dijo: basta ya. Una autonomía desarrollada por el movimiento zapatista junto a los indígenas durante más de veinte años. Actualmente sigue su construcción, con los nuevos caracoles y las juntas de buen gobierno, a lo que se ha añadido recientemente las comisiones de vigilancia. Dispuestos a pasar a una fase superior, después de entender que han terminado con la estructuración políticomilitar, han decidido salir de su territorio para llevar sus formas y prácticas más allá del mismo. Es un proceso que se desarrolla en una zona geográfica rica en recursos naturales, no desarrollada industrialmente, y tampoco turísticamente, rural, con una población indígena, donde se autogestionan y administran con sus propias leyes y acuerdos, donde su autonomía es casi total, apostando por la humanidad y en contra de la globalización. Un movimiento basado en la igualdad, en el respeto a la pluralidad, en la dignidad, en lo comunitario, y por tanto, en la decisión y responsabilidad compartida. En el respeto a la Naturaleza, en “el todo para todos y nada para nosotros”, como crítica y oposición al poder, al centralismo, al ejecutivismo, a la burocracia; basado en “el mundo donde quepan muchos mundos y todos los colores de la tierra”, como respeto a la diversidad, a la potenciación de la misma como una necesidad, en oposición radical a lo único y donde los diversos mundos se relacionan respetando la autonomía de cada cual, y sobre todo, entre iguales. Son los valores de antaño, con un lenguaje nuevo, valores libertarios todos, en definitiva valores en líneas generales que deben guiar o conformar la respuesta al neoliberalismo. Vivimos una situación absurda, irracional, injusta, peligrosa,……de constante incremento de poder, de amasar en pocas manos toda la rentabilidad que producen los aumentos de productividad, de empujar a la competitividad en una espiral infernal, diversificando la producción, contradiciendo las preocupaciones contra la deslocalización por parte de los Gobiernos, como en el caso del Gobierno Vasco a través del programa Gauzatu concedió en el 2004 ayudas a las pymes vascas, osea la pequeña y mediana empresa, por valor de 21,9 millones de euros a su implantación en lugares como Polonia, China y Chequia preferentemente, con inversiones de 2,2 millones de euros de media por proyecto, implantaciones que buscan: tradición industrial, mano de obra cualificada y barata, precio del suelo barato, fiscalidad favorable, infraestructuras idóneas, planes de desarrollo a la vista, ubicación próxima a grandes mercados y que al mismo tiempo constituyan mercados de un alto potencial de crecimiento en los próximos veinte años. No se deslocaliza en este caso, pero si se invierte en otros países, lo que a la larga va en perjuicio de la situación salarial y laboral del país de origen, por tanto, todo siempre a costa de los más desfavorecidos y utilizando a unos trabajadores contra otros.

Al contrario desde la racionalidad y el sentido común, nos dice que si se ha producido un cambio técnico que requiere menos horas de trabajo para producir la misma cantidad de bienes y servicios, lo lógico es que la gente trabaje menos tiempo, sin embargo esta conclusión social que surge de observar el cambio tecnológico no se lleva a la práctica. De hecho en EE.UU, los trabajadores trabajan más que hace treinta años o cuarenta, la jornada es más larga y el tiempo de trabajo por unidad familiar también es mayor.

Aunque los vientos no soplan a favor, el reparto del trabajo, acompañado del de la riqueza es la alternativa en que se debe insistir, y a pesar de las declaraciones del presidente del gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero a la cúpula de la CEOE, la patronal española, tranquilizándoles, asegurando que no habría ley de las 35 horas en España y donde se debía trabajar más, como buen discípulo del neoliberalismo dominante. El trabajo es riqueza y el tiempo de trabajo lo es todo, lo que más valor tiene, y quien lo controla y distribuye es su propietario.

A través de la historia, el debate sobre el tiempo de trabajo ha sido protagonista en numerosas ocasiones en la sociedad y en el movimiento obrero. En realidad el control del tiempo de trabajo, siempre ha sido y lo es para los trabajadores, uno de temas principales en sus reivindicaciones.

Antes de la revolución industrial, no existían problemas entre tiempo de trabajo, descanso y ocio. El tiempo de trabajo no es uniforme. Las jornadas son ocupadas por el trabajo y la duración e intensidad la condicionan los límites naturales: luz, sol, la resistencia física del trabajador, los hábitos.

La actividad y el ocio, trabajar y dejar de hacerlo, no estaba sujeto a horarios preestablecidos, se hacía de forma informal. Lo importante era que el trabajador, el artesano, era quién decidía la intensidad y la duración del trabajo a realizar.

Posteriormente el trabajador precapitalista controla la relación jornadasalariotrabajo, tiene un oficio y ese es su poder. El trabajador de esa época se planteaba cuales eran sus necesidades, y en consecuencia, cuanto debía trabajar. La máquina rompe esta dinámica y trastoca totalmente el concepto del tiempo de trabajo. El desarrollo tecnológico, las máquinas de control numérico o la sustitución de las máquinas normales por máquinas automáticas han tenido y siguen teniendo una mayor incidencia en la reducción del empleo industrial.

Llegados al punto en que es necesario realizar inversiones en capital fijopara la compra de la maquinaria, al convertirse esta inversión en determinante económico aparece el concepto del tiempo industrial, y a partir de ese momento el trabajador comienza a perder el control del tiempo de trabajo, al desaparecer la relación existente entre conocimiento del oficio y control del tiempo de trabajo.

La organización científica del trabajo termina con los oficios, y en consecuencia, mina el poder de los trabajadores y termina con el control obrero, apareciendo el “obrero masa”. Se rompe la relación entre el trabajo a realizar y el número de trabajadores para realizar dicho trabajo, creando una relación entre clases, totalmente diferente, al perder el trabajador su autonomía y pasar a ser dependiente del patrón.

El trabajador de esa época no acepta estos cambios, se incorpora a la nueva disciplina con muchos problemas, sin embargo las nuevas generaciones de trabajadores culturalmente diferentes, formados social e inconscientemente en “los nuevos valores”, en valores industriales, en los años 90 no plantean grandes problemas para incorporarse al nuevo mercado de trabajo, aceptando condiciones que para sus padres son inaceptables, por ruptura con su vida social, por los aumentos de ritmo de trabajo, por buscar una productividad exagerada, por indignas. Para su padre el trabajo era un medio de vida, para el hijo es un estilo de vida integrado en un proceso de consumo de masas. En esta nueva situación, la del tiempo industrial se pasa de las necesidades a cubrir a las expectativas, de trabajar para vivir a trabajar para consumir y ocupar la posición deseada en la escala social.

La industrialización, el tiempo industrial, la civilización industrial acaban con el tiempo social, pasando lo social a ser determinado por lo económico, Ahora, el neoliberalismo, la globalización economica, su ideología, la sociedad de mercado impulsa el llamado progreso a costa de la desestructuración y la dislocación social.

En 1866 la I Internacional incluyó entre sus reivindicaciones los tres ochos, ocho horas de trabajo, ocho de descanso, ocho de ocio. Tres años más tarde se fundaba la Liga de los tres ochos en Boston. En 1.886 se acordó en Chicago la Huelga General por la reducción de jornada. En dicha lucha se produjo el procesamiento y ejecución de varios dirigentes anarquistas, origen de la celebración del 1º de Mayo.

Con la reducción a ocho horas por ley de jornada de laboral, coincidiendo con la sociedad de masas y el aumento del consumo, aparecen las horas extraordinarias, desvirtuando la ley. Actualmente la dinámica es liberalizar en su totalidad el tiempo de trabajo, desreguralizarlo, flexibilizarlo, se pueden llegar a acuerdos sobre reducción del tiempo de trabajo con los sindicatos, dándoles un control aparente que en definitiva siempre está a disposición del empresario. El panorama es el siguiente: bolsas horarias de libre disposición del patrón para las puntas de producción, necesarias para cubrir las necesidades puntuales de demanda del mercado; turnos múltiples que se encadenan; ampliación de los periodos temporales para el disfrute de las vacaciones; contratación puntual a través de las Empresas de Trabajo temporal (ETTs) por días y hasta por horas; bolsas de trabajo para contratación puntual; horas extraordinarias excesivas, legales o no declaradas, incluso muchas de las veces no pagadas; trabajadores de fin de semana, a los cuales también se les flexibiliza, al estar pendientes de una llamada cuando son necesarios; trabajadores para cubrir picos de producción; bloques de disfrute por acumulación de horas trabajadas; la obligación de hacer horas extras pactadas en la negociación colectiva; la negociación por parte de los sindicatos de cómputos anuales que permiten al empresario organizarlo casi a su libre disposición. En definitiva, la autonomía del trabajador desaparece totalmente y su desestructuración como clase es la gran derrota para los mismos, al mismo tiempo que para la sociedad en general. Si hablamos de tiempo de trabajo es necesario hablar de tiempo social, no podemos disociarlos. El tiempo no trabajado y su reducción debe ir en consonancia con su disfrute al mismo tiempo en relación con el entorno, la familia, el pueblo. Esta reivindicación es fundamental en el momento actual en que el aumento de la flexibilidad de la jornada de trabajo, la precarización del empleo, precariza la vida hasta límites alarmantes.

A finales del siglo XVIII aparece la máquina de vapor, y la jornada laboral bajó hasta las 80 horas semanales. Desde hace 75 años la jornada laboral de las 8 horas es la normal, aunque actualmente con un día menos de trabajo y un tiempo de vida laboral menor. Durante ese periodo de tiempo, la reducción del tiempo de trabajo puede haber disminuido entre un 25 y 35%. Dicha reducción se produce principalmente entre los años 1929 y 1945, posteriormente las reducciones de la jornada laboral van disminuyendo a un ritmo mucho menor, estando prácticamente estancadas en los últimos años entre las 1.800 y 1.600 horas anuales en Europa. Hoy día, la tendencia es la de no reducir ninguna hora, la patronal española, ni la europea quieren hablar de reducciones de jornada, en todo caso, si los cómputos son anuales y de libre disposición para la patronal. La necesidad de aumentar la productividad obligados por la competitividad va en dirección opuesta a conseguir reducciones de la jornada laboral, así como nuevas contrataciones.

La tan debatida, en otros tiempos, Ley francesa de las 35 horas, consecuencia del programa electoral de izquierdas en1988, en el que participaban los socialistas, comunistas y verdes que ganaron las elecciones, siendo Lionel Jospin, Jefe del Gobierno y Martine Aubry, Ministra de Trabajo, aprobaron una Ley que afectaba únicamente a las grandes empresas, anualizando la jornada laboral, con un gran costo para el erario público para compensar a las empresas, y sin desaparición de las horas extras. La ley no contemplaba la obligación a la patronal de crear nuevos empleos, por el contrario abría el camino a una mayor flexibilidad en el empleo a través de la anualización del cálculo del tiempo de trabajo, no garantizaba el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios, y finalmente, no contemplaba en su ámbito de actuación a las pequeñas y medianas empresas, de manera que marginaba a centenares de miles de trabajadores, de los beneficios que supone la reducción del tiempo de trabajo, por lo que sus efectos en la creación de empleo fueron relativos, unos 350.000 nuevos empleos en cinco años.

Medidas insuficientes para atajar situaciones con un paro oficial superior al 10%, ni la situación de millones de personas que viven por debajo de la umbral de la pobreza, situación que se repite con mayor o menor intensidad en los países desarrollados, 20 millones de parados y 50 millones de pobres en Europa. A pesar de ello, el actual Gobierno de derechas presidido por Chirac, ha tomado medidas para desvirtuar más la Ley sin necesidad de derogarla, flexibilizando un poco más. Han subido el techo de las horas extras anuales a realizar, pasando del 180 a 220 horas.

Se podrán trabajar más horas de las aprobadas por Ley si así lo acuerdan entre los empresarios y los trabajadores, actualmente se están imponiendo convenios de empresa con jornada laboral de 40 horas, también se puede cambiar descanso por salario. Por lo tanto, en estas condiciones las posibilidades de creación de empleo desaparecen.

Si observamos la agenda 2010 aprobada en Alemania, con un Gobierno rojiverde, sin hablar de los correspondientes recortes sociales y prestaciones, subsidios, ….., desde las empresas y con aceptación de los sindicatos se está reimplantando la jornada laboral de 40 horas o más, como así ha sido en grandes empresas como Siemens o Bosch o la Chrysler en su centro de investigación, lo que quiere decir que se aumentan las horas de trabajo que tenían anteriormente, además, se suprimen los suplementos por trabajar los fines de semana y festivos, las pagas extras y de Navidad, se reducen las semanas de vacaciones, cinco en Alemania,….esta es la dinámica que se impone, de ahí, las palabras del presidente del Gobierno español a la CEOE, en definitiva, no solo en EE.UU se trabaja más que hace 30 o 40 años, sino, también en Europa se empieza a trabajar más, ahora, que hace unos años.

Sin embargo este terrible absurdo, no se puede aceptar como un fatalismo, las razones son evidentes, el ansia de libertad y de justicia del ser humano, su voluntad no puede aceptar la sinrazón, la alternativa es el reparto del trabajo y la riqueza que produce, la cual, pertenece a todos, es inevitable, es sobre todo vital, ya que de lo que se trata es de la vida, de la vida de todos, de la vida de la naturaleza, del tiempo para vivir.

La Constitución Española tan recurrida para otras cosas, como es la nación, dice que los poderes públicos adoptarán una política enfocada al pleno empleo, que en su caso puede ser el reparto del trabajo, de la misma forma que habla del derecho del ciudadano al trabajo, y a tener una vida digna. Sin embargo, una vez más, comprobamos como se utilizan las leyes de forma interesada, la exigencia en este caso debe estar ligada a la reducción del tiempo de trabajo como forma de conseguir el pleno empleo por solidaridad, a los mismos derechos, a la igualdad y a la dignidad como única forma de acabar con el paro y la exclusión social, y no ligado a planes de empleo o a políticas activas de empleo que lo único que hacen es precarizar el empleo y la vida, en contra de la dignidad.

El desarrollo actual permite la posibilidad de trabajar menos, pero el mercado, la competitividad imponen una jornada laboral mayor, pero no solo esto, sino que impone una vida laboral compulsiva y absurda, cuyos efectos son: crisis en la familia, ritmos de trabajo más intensos con sus repercusiones psíquicas y físicas, desestructuración de las relaciones sociales normales, vaciamiento social y cultural, aumento del miedo. El aumento de la jornada laboral y la fexibilidad es un contrasentido histórico, y provoca un gravísimo desajuste social. El desarrollo tecnológico sigue avanzando sin pausa, la revolución científicotécnica, la informática, las telecomunicaciones, la microelectrónica, la biogenética que conforman la más importante revolución tecnológica de todos los tiempos, factores fundamentales para conseguir incrementos importantes de productividad, producen efectos contrarios a los que dicta el sentido común y la razón.

No todo queda ahí, la insaciabilidad del capital es de tal volumen que muchas empresas ofrecen a sus empleados para soportar mejor las largas jornadas de trabajo a las que les someten: cafeterías, gimnasios, juegos de ocio en las oficinas. Grandes empresas disponen de servicio médico, y cuando un trabajador tiene un accidente en su puesto de trabajo, entre eltrayecto de ir a su consulta, el médico ya ha tenido un aviso por parte del Jefe de Recursos Humanos, para que se le asigne otro puesto de trabajo, dándole como apto para dicha labor, lo que sea, antes de dar una baja.

Estas mismas empresas disponen de gimnasio donde se les ofrece la posibilidad de llevar a cabo su rehabilitación. En miles de empresas españolas, por ejemplo la banca, con unos beneficios anuales escandalosos, donde se aplican planes de prejubilación con 50 años, se trabaja 10 y 12 horas diarias con normalidad y nadie cobra las horas extraordinarias. No solo la tecnología no libera al ser humano, sino que en muchos casos, encadena al trabajo, instrumentos como el móvil, la agenda electrónica, el ordenador se convierten, a veces, en instrumentos de trabajo permanentes. En definitiva, una vida estresante, competitiva, temerosa de perder lo que se tiene, en la que miles de persona tienen que añadir el tiempo de los desplazamientos para dirigirse a su trabajo especialmente en las grandes ciudades.

Muchos ciudadanos prefieren tener más tiempo libre que más dinero, pero las exigencias del mercado y el temor de que si no las cumples puedes quedar excluido del mismo les atenaza. Es incomprensible en el siglo XXI la tendencia existente del aumento de la jornada laboral, la convivencia social exige más tiempo libre, vitalmente necesario para una reordenación de la vida personal, familiar y social, al mismo tiempo, ir aumentando nuestra responsabilidad e intervención directa en la comunidad y en la sociedad en general.

Por ello es urgente potenciar un autentico compromiso social en base al reparto, el empleo digno para todos y contra la exclusión social, entre todas las organizaciones sociales, sindicales, políticas, y los ciudadanos que primamos al ser humano y a la sociedad civil por encima de los intereses individuales y corporativos, que situamos a los derechos sociales, laborales, la dignidad, la igualdad por encima de los poderes coercitivos de los poderes económicos y políticos, que planteamos la viabilidad ecológica y social del planeta frente a la especulación y el beneficio a cualquier precio, tanto para el presente como para el futuro, cuyo objetivo sea satisfacer las necesidades, los deseos, los sueños, las aspiraciones de los trabajadores, de los explotados, de los ciudadanos, de los dominados.

Un compromiso social partidario de cambios radicales ya que el sistema actual está impedido para actuar de manera libre, igualitaria y justa, para cambiar radicalmente la sociedad con la finalidad de recuperar los valores de la solidaridad, el apoyo mutuo, la libertad, la justicia y la fraternidad.

Optar por cambios radicales, supone atreverse a preparar un proceso de lucha, de ruptura con el sistema, desarrollando un proceso de trabajo que dé dimensión estratégica al antagonismo social, en base a acuerdos estratégicos, para ganar capacidad de hegemonía y orientación de la lucha social.

Un compromiso social que dé la palabra a los grupos sociales desfavorecidos, construyendo y elaborando con ellos en el quehacer diario, en el ejercicio de la solidaridad para superar las fracturas existentes en la sociedad, recomponiendo y dignificando a la clases populares y al ser humano en general, planteando a la sociedad una serie de propuestas necesarias para cambiar la correlación de fuerzas entre el capitalismo globalizador y sus víctimas. Propuestas que deben satisfacer tanto a la población ocupada, a los parados y a quienes sufren exclusión económica, laboral y social. Con capacidad de movilización en base a la propuesta del reparto y la creación del empleo digno, en clara confrontación con el neoliberalismo con la finalidad de ir recuperando la iniciativa popular, e ir rompiendo el monocorde y monolítico pensamiento único.

La propuesta del reparto del trabajo y de la riqueza, no como medida coyuntural sino como estrategia a largo plazo para cambiar el sentido de los valores de la actual sociedad y transformarla radicalmente. Estrategia en cuyo proceso se debe ir creando comunidad, sociedad paralela en contra de la explotación, la dominación, ampliando la capacidad de resistencia y de transformación, avanzando en la práctica hacia más autonomía, más igualdad y más libertad, al mismo tiempo, creando alternatividad al sistema imperante. Priorizando en su actuación las situaciones de mayor injusticia y hacia los que las padecen. La lucha contra la actual situación del mundo, de desigualdades evidentes y sangrantes debe situarse en la base, lo más cerca de la vida cotidiana de los ciudadanos, y conjuntamente hacer frente al capitalismo, recuperando los comportamientos éticos en la acción, alejada de las vanguardias, sean del signo que sean, del poder, recuperando el valor de la palabra como cumplimiento de lo acordado y lo prometido.

Esta estrategia del reparto del trabajo y la riqueza, al mismo tiempo de construcción de comunidad alternativa necesita definir algunos aspectos:

– El espacio geográfico de actuación debe ser a nivel planetario. No se puede combatir la globalización económica y el neoliberalismo que actúa planetariamente con un proyecto global, desde instancias locales, regionales, o nacionales. Es necesario actuar localmente, al mismo tiempo que planetariamente. Es imprescindible recuperar el internacionalismo. Es necesario una organización y un movimiento internacional con los mismos objetivos y formas de actuación. Ya existe una base, en la mayoría del movimiento antiglobalización, al cual hay que darle coherencia, sentido y práctica comunitaria. Movimiento con unos ideales, prácticas y objetivos claramente libertarios, pero, excesivamente disperso, atomizado, con múltiples organizaciones creadas en base a un objetivo parcial, como puede ser la deuda, la pobreza,….., el cual llega a acuerdos para respuestas conjuntas pero puntuales, que coinciden generalmente con reuniones de Jefes de Estado, en algunos casos respuestas de verdadera envergadura como Génova por ejemplo. Un movimiento que es necesario estructurar y que en el día a día actúe conjuntamente. El miedo a organizarse solo le sirve al capital, las organizaciones con objetivos parciales como puede ser: la ecología o la paz o el sindicalismo a secas,…. no son un problema para el capital.

Las organizaciones pueden ser traversales en su estructuración, no tienen porque ser ejecutivas, hay está entre muchos ejemplos, el anarcosindicalismo, el zapatismo, … pero no tiene ningún sentido no hacerlo, no organizarse, cuando enfrente tenemos una organización impresionante, la del capital transnacional con un inmenso poder. Ante esa realidad solo se le puede hacer frente con organización, actuando conjuntamente de forma global, no es inteligente la existencia de miles de organizaciones con capacidad alternativa, cada una, planteando su reivindicación parcial.

– El espacio físico corresponde al conjunto de la sociedad. Es la sociedad en pleno quien sufre los efectos de la globalización, es la sociedad quien está desestructurada y avanza en su dislocación total, en consecuencia el protagonista del cambio debe ser el ciudadano. Vivimos una etapa en que los trabajadores han dejado de ser los protagonistas del cambio social, es necesario ampliar el espacio al ciudadano, al ser humano en su más amplia dimensión, deseoso de libertad, debe ser el centro y protagonista de la transformación radical que necesita el mundo. Esto no quiere decir en absoluto renunciar a la lucha y a la resistencia en los centros de trabajo, sino ampliarla al conjunto del territorio, a la ciudad.

La estrategia sindical no puede quedarse encerrada en la empresa o mostrarse testimonialmente en la calle, cuando en la generación de la riqueza socialmente producida intervienen muchos más factores que el trabajo asalariado individual, como son, el consumo, la formación, la investigación, las nuevas tecnologías, el trabajo no remunerado, …….., en fin, la fábrica es la ciudad, es el planeta entero.

– Un proyecto estratégico que debe ser coherente en la relación entre medios y fines. La autonomía como base, medio y fin. La acción directa como forma de intervenir en la lucha, en el quehacer cotidiano, en la acción. La acción directa como forma de intervención libre, autónoma, individual y colectiva, participando directamente los ciudadanos, sin delegaciones, sin intermediarios, resolviendo directamente los problemas que les afectan, dentro del marco de la estrategia acordada, la del reparto. Acción directa en la que las insumisiones y la desobediencia civil deben jugar un papel importante. La acción directa como método fundamental, como aprendizaje y práctica para alcanzar la democracia directa, la democracia real, de verdad, superando la democracia formal producto de los procesos electorales, inútiles y falsos, con un costo enorme para la sociedad, convertidos en espectáculo y marketing, el político convertido en gerente, rodeado de técnicos y asesores, quienes promueven y redactan las leyes. Una democracia directa, participativa y real donde lo público, lo de todos, adquiera el valor más importante, y cuya gestión corresponda directamente a los ciudadanos en base a la autogestión de los mismos.

Dichas propuestas se deben plantear gradualmente, despertando conciencias, acumulando fuerzas, creando condiciones para ir avanzando y no solo resistiendo, construyendo comunidad, cambiando valores, los opuestos a los actuales, con el consiguiente cambio cultural, por ello, desde un primer momento, la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales, por Ley, sin reducción de salario, que era una de las reivindicaciones de los años ochenta y noventa que produjo movilizaciones de cierta importancia, actualmente a la defensiva por la presión que ejerce la globalización. Acompañada de la supresión de horas extras y los pluriempleos, adelanto de la jubilación a los 60 años, hacia los 55, eliminación de las empresas de trabajo temporal, creación de empleo digno, salario social para los parados que no reciban prestaciones o sean inferiores al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), y una fiscalidad progresiva, que pague quien más tiene, todas esta medidas no es lo mismo que plantear una reducción de tiempo de trabajo en cómputo anual.

Los objetivos centrales de esta propuesta están en el reparto del trabajo y de la riqueza. Debe ser prioritario poder trabajar todos y utilizar la riqueza para conseguirlo. Si queremos realmente acabar con el paro y la exclusión social debemos plantear una política ambiciosa de reducción del tiempo de trabajo, trabajar menos para trabajar todos. Treinta y cinco horas, en principio, hacia las 32, así, progresivamente hasta lograr aquellas que sean precisas para que sea un reparto justo y total, con empleo digno y los mismos derechos para todos. Dicha reducción generaría cientos de miles de empleos, como así ha sido con la devaluada ley francesa, teniendo en cuenta que en este caso va acompañada de otras medidas que la hacen mucho más efectiva. La medida conlleva reparto de la riqueza, que compensaría en cierta cantidad el enorme incremento de productividad producido durante los últimos veinte años de los cuales solo se ha favorecido el capital. El salario social igual al SMI para todos los parados y paradas que no reciban prestaciones o que éstas sean inferiores, es una propuesta en clave de reparto de la riqueza y de solidaridad. El problema del paro no es una mera cuestión estadística, existen suficientes estudios que muestran las serias repercusiones psíquicas y de salud física que una situación de este tipo acarrea, la cual se agrava cuando se le añaden penurias y dificultades económicas. El problema del paro, provoca impotencia, inseguridad, angustia, mina la cohesión social, miedo a un futuro sin porvenir, lo que da origen a la crispación en muchas ocasiones, siendo un caldo de cultivo para la violencia. Problema que afecta a todos los países, incluso a los desarrollados creando un problema humano de proporciones considerables que no podemos seguir obviando. De hecho las encuestas tanto europeas, como nacionales o regionales indican que la mayor preocupación de lo ciudadanos es el paro.

Un salario social que iría disminuyendo en la medida que el reparto de trabajo vaya alcanzando cotas superiores. Un salario social que se complementaría con un salario indirecto universal en forma de bienes públicos, asumiendo el costo de los servicios colectivos como la enseñanza, la sanidad, la vivienda, el transporte público, las pensiones, la cultura,… Salario indirecto que de forma progresiva, en la medida que la aplicación del reparto vaya aumentando, tenga mayor importancia que el salario directo. La dinámica debe ser la de llegar a un salario directo digno, capaz de cubrir las necesidades, por lo tanto, durante el proceso se podría hablar de reducciones de salario, siempre restando en mayor proporción a quien más recibe, y repercutiendo estas reducciones en el salario indirecto.

Un salario social ligado al derecho al trabajo. No debemos sustituir el derecho al trabajo por el derecho a la asistencia pública, lo cual nos llevaría a una sociedad dual, lo que desde la perspectiva del reparto no se contempla, sino todo lo contrario. La finalidad no es crear dependencia sino cooperación entre iguales para lograr fines comunes con los mismos derechos y obligaciones. La cooperación requiere esfuerzo, es preciso trabajar para que el mundo funcione y mejore. Crear las condiciones para la transformación social y para el propio crecimiento individual exige trabajo, por tanto, salario social sujeto a contraprestación correspondiente a lo que se percibe en su totalidad, un trabajo socialmente útil y autogestionado. Un salario social producto de una reforma impositiva que grave en mayor medida a quien más tiene, a la energía, a los capitales, a su libre circulación, como puede ser la tasa Tobin, a la tecnología,….. Salario que debe tener en cuenta el trabajo que dedican las mujeres en el hogar, al cuidado de los hijos, de los enfermos, de las persona mayores, lo cual tiene un valor social importantísimo, siempre teniendo en cuenta que no es un trabajo que corresponde a la mujer sino que es un trabajo a repartir.

La caridad, el asistencialismo, los ingresos mínimos de inserción, denigran al ser humano, todo ser humano debe tener los mismos derechos. Los festivales de rock, organizados y participando las grandes figuras de la canción quienes se benefician de esta sociedad basada en el consumismo y ocio mercantilizado, y disponen de grandes fortunas, donde Bono, el cantante de U2, se da la mano con Bill Gaites, y se entrevista con Bush y compañía, en fin, los exponentes de la globalización y principales responsables, únicamente sirve para darle normalidad a la terrible situación de la pobreza en el mundo, hacer espectáculo del hambre y la muerte que conlleva, en definitiva desvirtuar el terrible problema que sufren millones

de seres humanos, además de servir de cortina de humo para dejar en un segundo plano las movilizaciones fuertemente reprimidas de los movimientos antiglobalización, en definitiva, caridad gratuita, promoción y más denigración. Lo mismo podríamos decir en general de las ONGs, subvencionadas en mayor parte con dinero público, que dependiendo de quien gobierne y la adscripción del demandante, dichas subvenciones aumentan o decrecen, hacen un trabajo de asistencialismo, a la vez, de modo de vida bien remunerado para sus promotores, creando personas dependientes y no libres con los mismos derechos que los demás. Esta actividad sigue manteniendo la fractura social repartiendo las sobras que se permite el sistema.

El compromiso social basado en la estrategia del reparto, con reivindicaciones inmediatas que deben ir avanzando cualitativa y cuantitativamente debe ir asociada a la resolución paralela de los peligros globales que azotan a la sociedad: las guerras, la destrucción de la Naturaleza y la pobreza, todas ellas relacionadas con el reparto, y todas ellas con un resultado común: los más pobres son los que sufren sus mayores consecuencias.

Por la paz que lleve al desarme de las naciones y la desaparición de los ejércitos, al fin de las guerras. Hoy día no dejamos de hablar de Africa, el continente abandonado, la falta de hipocresía, de vergüenza, el insulto es de tal calibre que no se puede calificar. Uno de los problemas que desgarran toda Africa son las guerras, en todos los países africanos ha

habido o hay guerras salvo en Botswana. De todos es conocido quienesson los proveedores de armas, con su venta, los diferentes países hacen negocios extraordinarios, negocios como bien saben ellos con burocraciasexcesivas, corruptas, dictatoriales, todo en base a razones geotratégicas desde la estúpida visión militar y del poder en lugar de desarrollar infraestructuras imprescindibles para su desarrollo. La ayuda que EE.UU. destina a Africa supone el gasto de dos días del Pentágono. No sólo hay guerras en Africa, ahí están el resto de conflictos en los que no voy a entrar pero, hay suficiente material para hablar de ellos. Es una obligación acabar con la institución militar, un arma de guerra es un arma para matar, es una de las mayores aberraciones que pueda existir, y del ahorro de su costo serviría como fuente importante de financiación para el reparto de la riqueza y la creación de empleo, invirtiendo en trabajos socialmente necesarios.

El desastre ecológico es uno de los más graves problemas de la humanidad, con una tendencia creciente a agravarse muy peligrosamente.

El cambio climático es evidente. Es imprescindible y urgente estabilizar las emisiones de gas que producen el efecto invernadero. El cambio climático solo puede agravar el problema de la pobreza. El efecto invernadero seguirá elevando el calentamiento global debido a la fusión de los casquetes polares, los glaciares de Alaska han menguado un 15%. En el periodo de calentamiento se irán anegando regiones costeras enteras, convertirá terrenos agrícolas en desierto, desplazará zonas climáticas de forma impredecible. De hecho cerca de 25 millones de personas han dejado sus hogares a causa del calentamiento, que obliga al abandono de sus tierras a unos 8.000 hombres y mujeres diariamente. Por poner un ejemplo, el ciudadano vasco tiene un huella ecológica de 4,66 hectáreas cuando debía ser de 1,9, huella que crece año tras año, el doble de la media mundial, y estamos hablando de valores oficiales, esta es la tónica de los países desarrollados, de los 6.400 millones de habitantes del planeta, son 1.900 los que están por encima de la media deseable de huella ecológica y su desmedido consumo hace que la media mundial por habitante sea del 2,28 hectáreas, una muestra más de la insolidaridad y la indecencia de los más ricos. Por supuesto sin olvidar los riesgos de contaminación nuclear y química, ya ocurridos en ciertas ocasiones.

El desarrollo irresponsable sigue construyendo infraestructuras, incluso son los planes de desarrollo fundamentales para crecer, infraestructuras de carreteras, ya sobresaturadas, que se combina con el continuo desarrollo de la las empresas automovilísticas, cuando el transporte por carretera genera entre el 35 y 38% de las emisiones de CO2 a la atmósfera. Por tanto un nuevo estilo de vida, de desarrollo, de consumo, de transportes se impone con urgencia. La pobreza con falta de vergüenza, con golpes de corazón se puede marginar, pero los problemas de la contaminación en general, la nuclear, la química, la genética y sus peligros no se pueden marginar, eso nos afectan a todos irremediablemente.

El drama de la pobreza con pocas palabras se puede entender perfectamente. Jean Ziegler, destacado sociólogo y relator de la ONU para la alimentación, declaraba recientemente que: “un niño que muere de hambre muere asesinado”. Cada pocos segundos muere un niño de menos de diez años, cada pocos minutos otro queda ciego por falta de vitamina A.

Somos parte, por tanto, partícipes de un orden mundial, de un sistema, que no sólo es asesino, también es absurdo, sin sentido, cruel, mata sin necesidad en un mundo donde globalmente se produce lo suficiente para que todos los seres humanos puedan llevar una existencia digna. En la pobreza extrema se encuentran 1.100 millones de seres humanos (añadir los que se encuentran en pobreza simple), y al menos 8 millones de ellos morirán este año por falta de recursos. Pienso que las palabras y otras valoraciones sobran, solo algunas apreciaciones más para saber hasta donde llega la hipocresía.

Al comienzo del milenio, 189 Jefes de Estado y de Gobierno firmaban los objetivos de Desarrollo del Milenio, el primero era “erradicar la pobreza extrema y el hambre para el año 2.015”. En el mismo año 2000 se desarrollaba la campaña Deuda Externa, ¿Deuda Eterna? Año 2000 para mil millones de personas, en la que se denunciaba la lógica criminal de un orden mundial irracional e injusto, en el que los deudores, pobres y hambrientos acaban subvencionando con sus recursos a los acreedores ricos. En el 2005, recientemente se da a conocer a bombo y platillo el acuerdo del G 7 (Rusia no participa del mismo) sobre condonación de deuda externa para algunos países del mundo de 40.000 millones de

dólares. De estos millones de deuda que se condonan y que figuran en los libros de contabilidad, serán reales 17.000. Los países del acuerdo empezarán a pagar para cubrir las pérdidas al Banco Mundial y al Banco Africano de Desarrollo el 2008, por lo que algunos Jefes de Estado y Gobierno del acuerdo no estarán en ese momento, osea les ha salido gratis.

Además muchos de ellos no verán como se cubren las pérdidas ya que han decidido que las aportaciones a los dos bancos se harán durante 30 años. El acuerdo significa muy poco para los países beneficiados. La deuda externa en Africa alcanza los 296.000 millones de dólares, la condonación puede significar como mucho una reducción del 16 %. Desde 1970 ese continente ha recibido unos 540.000 millones de dólares en créditos, una cifra equivalente más o menos a dos tercios del Producto Interior Bruto (PIB) de España, y ya ha pagado 550.000 millones de dólares entre intereses y principal. En el 2002 el mundo rico aportó a Africa 30 dólares por africano, de esta ínfima cantidad, 18 fueron para pago de asesores y consultores occidentales y en conceptos relacionados con la deuda, el resto, 12 fueron para Africa.

Concluyendo, compromiso social basado en la estrategia del reparto, asumido por todos para acabar con el trabajo asalariado jerarquizado, que anula el potencial creativo del ser humano y es el ámbito donde se practica el robo legal de la riqueza producida, íntimamente vinculado a la desaparición de guerras y consiguiente desmilitarización total, equilibrio ecológico e eliminación de la pobreza, en un espacio planetario y como centro del cambio social el ser humano, el ciudadano, en fin, recuperar la libertad y la armonía en el mundo entre los seres humanos y la Naturaleza.

Esto, o seguir profundizando en el actual modelo de desarrollo incapaz de controlar el consumo y los riesgos del mercado global. Seguir profundizando en la incertidumbre. el miedo a todo, en la desestructuración y dislocación social, en el estrés, en la impotencia, en la angustia, en las desigualdades, en las injusticias, en la violencia, en el control del ciudadano, en la crispación, en la desesperación, en la criminalidad, en las enfermedades físicas y psíquicas, en la violencia.

Seguir con el drama humano de las guerras, el hambre, de los desastres naturales, seguir explotados, seguir asesinando legalmente por el hambre …..Espero que el ser humano, ni las organizaciones grupos, sindicatos, asociaciones,…. que están por la antiglobalización, la libertad, la justicia, la igualdad, y la fraternidad no sean tan estúpidos como para seguir en esta debacle, en esta locura sin sentido, sin dar los pasos necesarios para la acumulación de fuerzas y la construcción alternativa necesarias, capaz de cambiar radicalmente la actual sociedad. El problema es elegir entre la muerte o la vida, entre el suicidio o el buen entendimiento, la armonía y la felicidad.

Para terminar vamos a ser honestos con nosotros mismos, hoy día no podemos decir que existe progreso, desarrollo, más democracia, libertad, es una mentira terrible y dramática, nunca podremos ser demócratas, ni libres, ni hablar de progreso, mientras un solo ser humano muera de hambre cuando esto se puede impedir sin dificultades, y hablo en plural, hablo de nosotros, porque todos somos responsables, quizás, sean diferentes responsabilidades, pero todos lo somos, cuando se hable de esto no podemos mirar a otro lado o echar balones fuera.

 

Hernani, 20 de Julio de 2005 José María Olaizola Albeniz.


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