LA ESTRATEGIA DEL ESPECIFISMO

La entrevista que sigue fue realizada entre mayo y agosto de 2009 por e-mail. En realidad, la idea es traducirla y publicarla en Brasil como un libro, con una introducción un poco larga que estoy escribiendo, que tratará de algunos temas para situarla históricamente y hacer su relación con el anarquismo de Brasil: los orígenes del especifismo y su influencia, el anarquismo y la organización popular en Brasil hasta 1930, el problema de la “pérdida del vector social” a partir de los 1930, y la manera en que ha sido retomado desde de los 1980 hasta los días de hoy.

En medios de los años 1990, nuestra militancia tuvo contacto con la Federación Anarquista Uruguaya (FAU) y esto fue determinante para todo lo que se siguió del anarquismo que podríamos llamar de organizado en Brasil. Todo lo que surgió durante y después del proceso de la Construcción Anarquista Brasilera – impulsada desde Uruguay y Brasil, por la militancia brasilera en contacto directo con la gente de FAU, a fines de 1995 e inicio de 1996 – en términos de anarquismo especifista en Brasil, tuvo influencia directa de FAU.

Y seguimos hasta hoy en la construcción del un anarquismo de base, clasista, que, organizándose específicamente en organizaciones políticas, viene buscando impulsar e influír las luchas populares de nuestro país con vista a la construcción del poder popular, en un proceso de ruptura revolucionaria que conduzca al socialismo libertario.

Conociendo la relevancia de FAU en los aportes al anarquismo en Brasil, y conociendo la reciente producción de J. C. Mechoso sobre la historia de FAU (Acción Directa Anarquista – 4 tomos), pensé que sería interesante tratar de otro tema. No de la historia de FAU, pero de la estrategia de FAU, o como llamamos la entrevista: “la estrategia del especifismo”. En las preguntas, entonces, intenté hablar de temas relevantes para este fin: concepto de especifismo, relación de este tipo de anarquismo con los clásicos y con experiencias similares que surgieron durante la historia, la relación del especifismo con el contexto de América Latina, comparaciones con otras ideologías que defienden la actuación en niveles distintos (partido – movimiento de masas), conceptos de ciencia e ideología y su relación con el socialismo, posiciones programáticas que los anarquistas deben defender en los movimientos populares, conceptos y concepciones de clase, neoliberalismo y modelo de desarrollo en América Latina, poder popular, estrategia, lucha armada, revolución social.

Con varias respuestas muy bien desarrolladas, la entrevista realmente está increíble. Fundamentalmente para los anarquistas interesados en material de formación y también para aquellos que quieran conocer un poco más nuestras ideas. La traduzco en este momento y dentro de breve la tendremos en portugués, publicada como libro y con la introducción en la cual estoy trabajando: “El Anarquismo, la Lucha de Clases en Brasil y el Especifismo de FAU”. Buena lectura!

Felipe Corrêa
Diciembre 2010


LA ESTRATEGIA DEL ESPECIFISMO
Juan Carlos Mechoso (Federación Anarquista Uruguaya)
Entrevistado por Felipe Corrêa

 


Felipe Corrêa – Como dije, en esta entrevista a mi me gustaría tratar, no solamente de la historia de Federación Anarquista Uruguaya (FAU) – que viene siendo tratada de manera detallada en los volúmenes de Acción Directa Anarquista: una historia de FAU – sino de la estrategia de transformación social propuesta por la FAU, que implica el especifismo. Tomando en cuenta que el especifismo de FAU tiene amplia influencia en América Latina, y más aún en Brasil (todas las organizaciones especifistas del país, consolidadas o en formación, poseen su influencia directa), ¿como usted lo definiría? Para la FAU, entonces, ¿que es el especifismo?

Juan Carlos Mechoso– Entiendo la prioridad temática que enuncias, aunque me parece útil precisar que el especifismo de FAU también se puede “ver”, se puede “leer” a través de su accionar, de su toma de posiciones frente a algunos problemas, también en la estrategia que va aplicando en el trayecto político militante. Por supuesto que con esto no te digo nada que no sepas, pero me pareció útil que expresamente quedara dicho.

En el otro plano voy a puntualizar en primer término que trataremos de responder en base a posiciones y documentos que ha elaborado la organización en diferentes momentos históricos, claro está que tendrán preferencia, a determinada altura, aquellos que guardan mas relación o aluden más a la posición teórico-política de la organización en la actualidad.

Pues nuestra tarea militante, personal, se ha dado siempre, en estos 54 años, en el marco orgánico y en él hemos participado, a través de distintas instancias, en esa elaboración, adecuación y reafirmación de posiciones que han sido el horizonte para nuestra práctica social y política cotidiana. Nuestra formación es hija de ese contexto. Damos por descontado que lo que más debe interesar son las posiciones que FAU tiene en distintos campos sociales. Por supuesto que esto no excluye que en determinadas cuestiones precisas y quizás de detalles demos opiniones personales. O que por las exigencias técnicas que contiene un reportaje tengamos que redactar de nuevo esos contenidos para hacerlos más breves. De todas maneras trataremos que esas cuestiones se inscriban en la orientación matriz de la organización.

En 1956, cuando se crea la FAU, el común denominador teórico para la militancia que ha procesado esta tarea política es el especifismo. Esta concepción del anarquismo es tomada como una fuerte referencia general, queriendo significar con ello que se está en la construcción de una organización política anarquista. El referente teórico de mayor peso es en aquel momento Enrique Malatesta. Esto no implica, ni siquiera se discutió tal asunto, que se tomarán todas las ideas y propuestas de Malatesta, tal como fueron dadas en su momento histórico. No obstante, muchas de sus opiniones teóricas, políticas y proposiciones para actuar en el medio social-popular fueron especialmente consideradas, sirvieron de inspiración. Vale decir que desde el comienzo el especifismo de FAU si bien tiene como referente a Malatesta no toma, digamos, muchos de sus planteos, de sus proposiciones ni incluso de sus polémicas con otras corrientes del anarquismo. De sus polémicas sí merece especial atención su refutación del individualismo que fue ampliamente compartida. Miguel Bakunin es el otro fuerte referente. También de él se toman algunas temáticas que son las que FAU en ese momento, y en función de tiempo y lugar, prioriza.

Puede preguntarse aquí ¿Porqué FAU toma unas cosas y dejas otras? Esto tiene una explicación fundamentalmente de tipo histórico. En la construcción de FAU hay distintas generaciones militantes, compañeros que vienen desde el 1910, 20 y 30 militando en el anarquismo. Muchos de ellos ya habían participado de variadas polémicas internas, previas a la Revolución Rusa y posterior a ella. Participado en diferentes experiencias organizativas. Compañeros que habían incluso conocido, conversado y discutido con militantes que formaron los primeros sindicatos en Uruguay, es decir militancia de alrededor de 1880. Caso como el de Marzovillo que viene militando desde 1905 y que participara activamente en la formación de comités de apoyo a Zapata en el momento que este combatía en Méjico. También, como ejemplo, varios militantes que habían participado en la Revolución Española del 36. Sin dejar de recordar a anarcosindicalistas que militaron junto a compañeros que fueron activos o estuvieron presentes en la reorganización de Federación Obrera Regional Uruguaya (FORU) en 1911, compañeros estos que hoy adherían al especifismo. En momento de la formación de FAU circuló junto a material de Malatesta otros que propiciaban el especifismo de militantes uruguayos, tal el caso de José María Fosalba, material elaborado en la década del 30; uno de Georges Balkanski sobre anarquismo y organización, él estaba vinculado a la Federación Búlgara (FAKB). Pero había antecedentes concretos especifistas. En 1919 funcionó el “Comité de Relaciones Anarquistas” que además de coordinar la militancia libertaria a nivel sindical y popular tenía el propósito de fundar una organización especifista. En 1926, después de un largo proceso de actividad y discusiones una Plenaria del Comité de Relaciones da vida a la FAU, en ese momento Federación Anarquista del Uruguay. La actual FAU es, de manera compleja, heredera de todo esto.

Pero no obstante las variadas experiencias de la militancia que estaban en la formación de la actual FAU, la discusión teórica no fue tensa ni extendida. Había un acuerdo tácito desde la convocatoria. Los “viejos” compañeros daban como saldadas muchas de aquellas polémicas que en otro momento encararon con pasión.

Puede decirse, acercándonos bastante a como se dio la cuestión “real”, que el carácter político de la organización que se fundaba estaba más en como se encaraba la tarea para los diferentes frentes de trabajo: Sindical, Estudiantil, Barrial, interno. Análisis de la situación histórica uruguaya en la coyuntura en relación con lo político general, con lo sindical, con lo estudiantil y barrial y con especial énfasis en lo latinoamericano. Pues una de las primeras tareas que tiene FAU apenas constituida es la organización del Congreso Anarquista Latinoamericano que se realizará en 1957. Congreso en el que participan: Cuba, Brasil, Argentina, Chile y Uruguay. La preocupación central de la militancia joven, que era la mayoritaria, consistía en que la organización política que se creaba fuera un instrumento que fortaleciera y propiciara la “puesta al día” del anarquismo en lo que hace a nuestra realidad específica latinoamericana y uruguaya. No copiar ni hacer traslados automáticos de esquemas y fórmulas que tuvieron su razón se ser en otras coyunturas históricas. “Sin pereza mental estamos obligados a pensar nuestra realidad y nuestro tiempo y producir repuestas en consecuencia” se decía aproximadamente. Demás está acotar que la prioridad latinoamericana no excluía una fuerte preocupación por lo internacional. Más teniendo en cuenta la impronta internacionalista del anarquismo en Uruguay que venía desde casi 1860 en adelante. Es así que FAU adopta desde el comienzo una posición que aquí se llamó Tercerista, consistente en rechazar de plano a “los imperialismos ruso y yanqui”.

Así que el especifismo de FAU tuvo desde el comienzo si lo traducimos a cosas concretas: Declaración de principios; Carta Orgánica que establecía deberes y derechos; intentos de ubicar la coyuntura histórica general y particular; proyectos de trabajo para los distintos campos que contemplaban lo inmediato junto a lo de mediano y largo plazo. Al mismo tiempo tomaba conciencia que muchas de las posiciones debían ser mejoradas y profundizadas en futuros Congresos. Conviene acotar algo que no nos parece menor, no se daban temas por acabados, había modestia y conciencia acerca de la complejidad de la mayoría de las temáticas tratadas y por otra parte se recordaba con frecuencia el daño que habían hecho ciertos dogmatismos, esquematismos, o abstracciones tomadas fuera de contexto y que se creían tenían valor para todo tiempo y lugar. “El anarquismo hoy más que nunca precisa cabeza abierta” dijo una vez un “viejo” militante. Es también de resaltar que esto no implicó nunca relativismo o pragmatismo. Siempre hubo una estructura conceptual que sostenía los variados discursos. Una estructura conceptual pensada en movimiento, con posibilidades de cambio en función de los nuevos aportes que surgían a nivel del conocimiento. Pero de este cuerpo conceptual se discutían aspectos generales y se sobreentendían muchos otros. Había rechazo al esquema arquitectónico de infra y superestructura; preocupación especial por conceptos como: el poder y el Estado; ideología; papel de la utopía; ciencia y socialismo; el intentar sacar el clasismo sólo de la estructura económica; reformismo y revolución; pacifismo y violencia revolucionaria; método y contenido; elementos permanentes de la estructura capitalista; rechazo al evolucionismo y progresismo. Por mencionar los más relevantes de aquel entonces.

Es de aclarar que el especifismo no resultaba entendido de igual manera por todos, había matices. El mayor o menor grado de organicidad y el compromiso con lo resuelto fue materia que originó sus divergencias. Nunca fue motivo de discusión lo que se ha conocido como “síntesis”, es decir todas las corrientes anarquistas juntas en un mismo organismo. Nadie planteó tal cosa. Pero a determinada altura se dio una práctica, por vía de los hechos, de un par de grupos, que su accionar significaba estrategias y prioridades muy distintas a las que expresaban los sectores sindicales, barriales, populares y parte de militancia proveniente del medio estudiantil. Este fue un factor que sumado a aspectos políticos del momento y a la concepción de ruptura que se comenzaba a instrumentar trajo como resultado en el año 1963 la separación de un grupo de compañeros. Por supuesto los compañeros eran anarquistas pero tenían otra concepción de cómo procesar los cambios sociales.

Señalamos esto para decir al mismo tiempo que la FAU tubo distintos periodos. Después de 1963 se profundizó mucho más el ensamble organizativo, la coherencia estratégica con una concepción de ruptura, el encare del colectivo para una preparación mayor en relación a la represión que ya se manifestaba. Pero esto es tema que podemos tratar mas adelante.

También aquí comenzó a plantearse con más rigor el sistematizar temas teóricos, el organizar la estructura conceptual que sostendría los distintos discursos con la adecuada coherencia. Que una organización política precisaba una herramienta (o caja de herramientas) conceptual consistente que ayudara, que fuera guía, de la estrategia de ruptura que se deseaba llevar adelante, que habilitara ella lecturas lo mas rigurosas posibles de la realidad social y de la construcción de los consiguientes lineamientos políticos a poner en práctica. Esto no quedó como un enunciado o un buen pensamiento deseoso. Para decirlo rápido, se encaró esto como cualquier otro frente de trabajo, tratando de que tuviera la misma regularidad y planificación.

FC – Veo entonces, que el especifismo defendido por la FAU tiene mucha relación con su propia historia. También es posible notar que usted relaciona el especifismo con una tendencia clásica del anarquismo, que defiende la separación entre organización política y los movimientos populares y, de esta forma, creo que es inevitable concordar con la amplia influencia de las concepciones organizacionales de Malatesta y Bakunin, que tenían esta posición. Con todo, estas no son las únicas influencias, ya que podemos identificar en la FAU, también, rasgos del anarcosindicalismo y del anarquismo expropiador de la región del Río de la Plata. Usted podría describirme ¿cuáles son las influencias de cada una de estas “partes” en el concepto de especifismo defendido por ustedes? ¿FAU hoy podría ser considerada heredera de la concepción de organización política revolucionaria bakuninista representada por la Alianza de la Democracia Socialista y también de la concepción de “partido anarquista” de Malatesta?

JCM– Sí, bien puede decirse, en general, que todo esto está presente en el seno de la FAU. Veremos ahora de que manera. Aquí, en Uruguay, las dos concepciones o corrientes anarquistas de peso fueron el anarcosindicalismo y el especifismo. La corriente llamada antiorganizadora y los grupos de afinidad que propiciaban la “propaganda por el hecho” tuvieron poca fuerza y ya habían desaparecido en la década del 40. Quedaban algunos pocos compañeros que habían participado en expropiaciones o colaborado en operaciones armadas, ellos ahora se habían integrado a FAU. Sólo quedaba fuera un referente español que tuvo 24 años presos, él no se integró a FAU pero fue amigo de la organización y más de una vez colaboró en cosas puntuales, era Boadas Ribas, Catalán vinculado a Durruti y, una vez en el Río de la Plata, relacionado con Miguel Arcángel Rosigna.

Lo que se llamó en aquellos tiempos el individualismo nunca tuvo expresión significativa aquí. Pues los denominados “antiorganizadores” eran otra cosa y merecen capítulo aparte.

Varias expresiones del anarquismo que constituyen, tomadas en abstracto puro, cosas distintas, aquí se fueron integrando en un proceso rico y fluido. Pero esa integración, que fue toda una circulación de ideas, experiencias, opiniones, simpatías, no afectó el núcleo duro organizativo. Me refiero a lo que tú mencionas en la pregunta como “partido anarquista”. Quiere decir que: se construyó en la organización un sujeto militante que veía con buenos ojos a los expropiadores y vengadores anarquistas; a la lucha obrera con fines revolucionario y clasista; a los Solidarios que integraba Durrutti; al intento revolucionario en España; a la actitud insurrecionalista, clasista y por momentos con organización clandestina de Bakunin. Pero no fue una colcha de retazos, fue más bien una trama que cierto proceso tejió. Es cierto ese crisol unió más a unos que a otros. Pues en él había implícita una constante: la necesidad de la violencia revolucionaria para procesar y lograr una ruptura del sistema capitalista. Un sistema que la mayoría militante veía como lo teorizaron en lo fundamental Malatesta, Bakunin y otros compañeros, quienes establecían que su basamento de dominación estaba en la violencia. Una violencia ejercida en diversos campos con miras a asegurar una reproducción del sistema aún en su despliegue histórico. Y que a esa configuración violenta, con enorme capacidad de reproducción, solo de una manera se le podría discontinuar.

Volviendo al aspecto organizativo. Vale decir que durante la actividad, que comprende discusiones, elaboración y acción social, se construyó de hecho una trama ideológica-organizativa. En ella, por ejemplo, no se veía como problema alguno el trabajo público y clandestino a un mismo tiempo, o la actividad armada y sindical-popular pública como cosas que debieran tener sí organicidad propia de acuerdo a su especificidad pero no separadas sino en una misma organización. Que la organización política FAU debiera comprender en su seno cuanta actividad fuera necesaria a su estrategia y proyecto de ruptura. La militancia que sigue en FAU después de 1963 se identifica, siente, que ese conjunto es una unidad que organizada en un mismo colectivo posee un potencial operativo social y político que bien puede procesar coherentemente una vía de ruptura y el inicio de nuevas relaciones sociales.

Si por un mal entendido de “los principios” no podemos construir una organización anarquista que comprenda el conjunto de actividades necesarias a un proceso de cambio de estructuras sociales, estaríamos dando un certificado de defunción al anarquismo.

Es entonces que FAU, como organización política, integra esos componentes, se terminan fusionando y al reconstruirse en una unidad le dan el carácter que hoy posee. Esa construcción no fue producto de una decisión política ni de una elucubración intelectual, se amasó en la acción y fue hija de fracasos y de rectificaciones, también de la pasión puesta en construir un anarquismo que estuviera en la escena social-política y no solamente en el salón. No es un proceso terminado, pues estas cuestiones no tienen fin. Las adecuaciones, puestas al día, correcciones, integración de nuevos conceptos, parecen ser cosas permanentes.

Sí, la FAU pretende, tuvo y tiene en los últimos tiempos la intención, de expresar un anarquismo revolucionario, organizado y en concordancia con los tiempos que corren. Esa fue su intención que con modestia y consecuencia trató de llevar adelante. También, por supuesto, con aciertos y errores, cosa casi inherente al hacer, al estar, en medio de un complejo accionar social que está exigiendo respuestas continuas.

Fue preocupación central no transformar el anarquismo solamente en una crítica. Cosa esta que termina creando un mundo de penumbras, de desesperanza. Cuestiones muy emparentadas finalmente con la resignación.

Para evitar cualquier mal entendido diremos que somos partidarios de un pensamiento crítico pero creemos necesario que unido a él vayan propuestas y el accionar consecuente. Lo dice claramente en su declaración de Principios nuestra organización, aproximadamente así: el anarquismo se constituye, básicamente, en torno a una crítica de las relaciones de dominación en todas las esferas del quehacer social (política, económica, militar, jurídica, religiosa, educacional, etc.); crítica que se redefine permanentemente según la sociedad y el momento histórico concretos en que tiene lugar, discriminando y jerarquizado los niveles determinantes en la estructura social pero expresando siempre, en todo su rigor y coherencia, la necesidad de encontrar los fundamentos originales, el núcleo duro, de las injusticias sociales y de las crisis que éstas generan. Con estos elementos de análisis es posible emprender una crítica global de las distintas formaciones sociales y orientar la elaboración de un proyecto social alternativo tendente a suprimir todas las variantes del privilegio, así como habilitar la práctica revolucionaria que tal proyecto requiere en ese largo trayecto de diversas luchas. Una elaboración teórica, un proceso y una lucha que tiene como eje cardinal el trabajo político fuertemente organizado.

FC – Algunos sectores de nuestra corriente terminaron, muchas veces, por estigmatizar a Pedro Kropotkin, principalmente por su concepción evolucionista y en cierto sentido educacionista, muchas veces invalidándolo o disminuyéndolo como un teórico de relevancia al “nuestro” anarquismo. Con esto no estoy de acuerdo, pues creo que Kropotkin, a pesar de tener posiciones diferentes de las nuestras (muchas por el contexto en que vivió), tiene también contribuciones importantes y relevantes, que deben ser tomadas en cuenta. Veo que Kropotkin es citado y utilizado con frecuencia por FAU y también por usted. Desde su punto de vista, ¿cuál es la validez del pensamiento de Kropotkin para el especifismo?

JCM– Kropotkin, su pensamiento, su comunismo anárquico fueron de mucha influencia en el Río de la Plata, también en otros lugares de América Latina. Fueron folletos como La Conquista del Pan, A los Jóvenes y escritos traducidos en periódicos de la época los que difundieron con fuerza el anarquismo y especialmente en su concepción comunista. Tal es así que aquí fueron comunistas anárquicos: los antiorganizadores, los anarcosindicalistas y los especifistas. Cuando comienza a difundirse el comunismo por vía de Malatesta ya era conocido en ciertos medios. Mucho de esto tiene que ver con Kropotkin y lo que la fuerte inmigración trajo a estas playas: cantidad de militantes libertarios de España, Italia y Francia que ya manejaban bastante de estos elementos teóricos-políticos.

No hay dudas, respeto aparte, de que puede bien decirse que Kropotkin tiene sus pros y sus contras, esto referido a algunas propuestas teóricas, políticas y posturas a nivel internacional.

Pero también es de tener presente que estuvo vinculado a la Primera Internacional ya en 1872, vinculación que provino de una estadía en Suiza. Que muy poco después comenzó la elaboración de su concepción de comunismo anárquico en oposición a lo que era dominante por entonces: el colectivismo bakuniniano. Tampoco puede decirse que era una persona dedicada a la labor intelectual y de investigación en detrimento de la labor militante comprometida. Estuvo preso en Rusia cerca de dos años en 1874, se fugó posteriormente y viajó por algunos países europeos realizando propaganda. En ese tiempo funda Le Revolté, periódico definidamente anarquista que llegaba al Río de la Plata y donde fue muy leído, especialmente por inmigrantes que luego difundían sus planteos. Estuvo vinculado a huelgas obreras, integrando la Asociación Internacional de Trabajadores, y a raíz de ello lo procesaron con cinco años de prisión en Lyon. Dada la movilización por su libertad no estuvo todos esos años encarcelado, fue liberado dos años antes. ¿Porqué digo esto? Sé bien que no digo nada original, pero conviene siempre dar la estatura del militante a quien nos referimos y con el que tenemos variadas diferencias.

Su producción es amplia y de temática variada, va: Del espíritu de rebelión, Las Prisiones, al Apoyo Mutuo, Consideraciones sobre el Estado y la Revolución Francesa. Está claro que no es este lugar para intentar un comentario más amplio sobre su producción.

Agreguemos para evitar posible confusión que en relación a la propuesta organizativa general, a su entusiasta optimismo de que la revolución ya viene, concepción optimista aún para aquel contexto social revuelto; su fatalismo: “marchan ya los estados como fatalidad histórica hacia la decadencia”; “su concepción mecánica del universo” le reprocharía Malatesta, todo esto no contó por estos lugares con adhesión y menos en FAU donde este enfoque no fue siquiera considerado. Su entusiasmo teórico-político, cuando uno lo encuentra reproducido en materiales que resalta en el Río de la Plata el movimiento obrero, no se “ve” al mismo tiempo que ello arroje efectos negativos. Seguramente es de tener en cuenta que son momentos de gran impulso del movimiento obrero de orientación anarquista y se tiene muy presente el objetivo final revolucionario. Descontando que, la mayoría de los materiales escogidos para difundir, podría decirse que no eran de carácter teórico o filosófico, sino más bien agitativo.

Lejos de nosotros cualquier planteo que se parezca a “un regreso a Kropotkin”. No fue teórico de peso en la formación de la militancia de FAU, tampoco puede decirse que estuvo ausente. Se han editado por parte de la organización algunos materiales, lo decimos con total franqueza, previamente muy evaluados, procurando que sirvan como contribución a la orientación y estrategia que llevamos adelante. De esos materiales bastante de ellos vinculados al medio obrero o temáticas como las prisiones. Puede decirse que en FAU Kropotkin cuenta con mucho respeto y reconocimiento por su amplio trabajo militante y por los escritos tan difundidos a fines del siglo XIX y principios del XX. Se estima que tuvo preocupaciones de sistematizar temáticas, de proporcionar herramientas teóricas y de análisis y que la episteme que manejaba por entonces, muy de esa época, en muchas ocasiones lo limitó, le hizo creer poseedor de un saber que aún estaba lejos y lo metió en callejones sin salida. Su producción no puede desecharse a partir de zonas no compartibles (que sin duda son muchas). Reiteramos entonces, hay materiales suyos que significan un aporte histórico y que admiten ser seleccionados con miras a volcarlos en aspectos parciales de una organización anarquista que no tiene su concepción “filosófica”.

FC – Veo por lo que dice que hubo (y hay aún) una preocupación de FAU de no importar una teoría terminada de Europa, o mismo de los teóricos clásicos, sino también incluir elementos latinos y reflexiones propias en el anarquismo, de manera a adaptarlo a nuestra realidad. Me parece claramente que hubo una sensible preocupación de adaptar la ideología a la coyuntura, al momento histórico y a nuestra localidad. ¿Cuáles fueron estos elementos y reflexiones locales incorporados al anarquismo para que fuese adaptado a la realidad latinoamericana?

JCM– Sí, hasta expresamente se planteo no hacer importaciones teóricas, esquemas, métodos, propuestas, que tuvieron su momento histórico y que hoy no constituían una contribución efectiva para operar en lo social-político. Pero deseamos evitar confusiones, así que aclararemos que nunca estuvo en el ambiente temas como que debíamos producir nuestra propia teoría, nuestro propio cuerpo conceptual, latinoamericano por fuera de lo que se producía en Europa u otras partes del mundo. Es decir, nunca se conversó sobre una ciencia latinoamericana y otra ciencia de otras partes del mundo. El conocimiento científico que se produzca, si es consistente, tiene valor para cualquier parte del mundo. Para decirlo un poco en broma, no estaba la ocurrencia de que había que rechazar la teoría de la relatividad, su noción de tiempo y espacio, porque Einstein no era latinoamericano. Lo que podría parecerse a aquella absurda ocurrencia de la URSS de endemoniar las investigaciones de Mendel o producciones de Jacobson por no ajustarse al esquema de la lógica dialéctica.

Se planteaba que había nuevas investigaciones, nuevos conocimientos, que descontinuaban nociones anteriores, que ofrecían nuevas miradas y que el anarquismo debía necesariamente incorporar so pena de quedar como reliquia histórica.

Lo que se pretendía entonces, era que aquel cuerpo categorial que se adoptara como poseedor de un rigor adecuado, ya con la noción de que el conocimiento es infinito y en consecuencia que ese cuerpo no puede tornarse dogmático, debe llenarse con la carne de cada lugar específico. Se ponía el acento en que las realidades existentes en Latinoamérica, su dependencia, su opresión imperial, su historia toda, exigían un estudio de cada realidad, de cada formación social, para que las herramientas teóricas y las coordenadas políticas tuvieran donde agarrarse, que constituyeran propuestas no en función de un pueblo fabricado en el pensamiento sino el efectivamente existente.

La historia de la emancipación de los pueblos latinoamericanos de sus verdugos coloniales, las características de esos movimientos y de su población fueron motivo de ciclo de charlas que alternaban con otras de experiencias libertarias, caso La Historia del Movimiento Makhnovista, el Méjico de Magón y Zapata y diversos materiales sobre la Revolución Española. Sobre realidades presentes de América Latina circulaban revistas varias y el aporte de militantes que recorrían distintos países y que tenían inserción efectiva en medios obrero-populares de países con fuerte población indígena y mestiza. Interesaban mucho las ideas y luchas federales de José Gervasio Artigas. Todo ello no tenía nada que ver con nacionalismo, como alguna vez se dijo acerca de FAU. Siempre hubo una clara definición internacionalista pero sabíamos que no estábamos parados en el aire sino en un terreno concreto que tenía gente e historia. Es cierto, algunas de estas cosas estaban a contrapelo de la “cultura” de la época muy fijada en ciertos parámetros muy generales y reduccionistas. Se decía por momentos América Latina como si fuera una cosa homogénea y que podía ser descripta e interpretada con un manojo muy reducido de conceptos.

Teníamos cosas vendidas como ciencia. Cosas hoy muy conocidas, como que los lugares donde surgirían primeramente condiciones para el socialismo serían aquellos donde se había dado un desarrollo importante industrial y un gran proletariado concentrado, que lo central a considerar eran aspectos de ese orden y que lo demás sólo eran remanentes que el desarrollo iría liquidando más bien rápido que despacio. Y por estos lados teníamos “remanentes” de mucha fuerza tales como las poblaciones originarias y pueblos oprimidos que realizaban luchas por reivindicaciones importantes y muchas veces resistencias muy profundas. Algunas de ellas inscriptas y motivadas en ideologías milenarias.

Claro que estás concepciones totalizantes, de un tono casi mecánico, tal como la enunciamos más arriba, no venían de nuestras tiendas, pero a veces se nos colaba algún trozo de ellas y como por arrastre traían más elementos similares que coadayudaban en tornar confuso y muchas veces bastante contradictorio nuestro despliegue teórico-político. Por ejemplo, se colaban por el lado reduccionista de la interpretación economicista o por el eurocentrismo, el progresismo, el evolucionismo. Precisamente había cierta prevención contra el eurocentrismo y su bagaje viniera de la tienda ideológica que viniera. También prevenciones por nuestro colonialismo cultural internalizado, esa tendencia a poner de moda temáticas sociales, propuestas, formas organizativas que no tenían relación con estos lugares, con lo que la gente estaba viviendo por aquí, con lo que estaba imperiosamente necesitando. Traer paracaidísticamente proyectos y estrategias por fuera de todo análisis de cómo es nuestra formación social, cual es nuestro imaginario (nuestro sujeto histórico latinoamericano y de cada uno de estos lugares), de que cosas son las que permiten una relación efectiva con la gente, con el pueblo, para iniciar procesos dentro y con el pueblo y no de acuerdo a ocurrencias o decretando condiciones y características únicamente vía de un proceso intelectual. Por supuesto que cuando decimos eurocentrismo no metemos en esa bolsa cualquier aporte de rigor, consistente, que provenga de Europa. Eso sería una especie de discriminación al revés.

FC – De esta manera, es posible concluir que el especifismo no es algo creado por ustedes en la segunda mitad del siglo XX, sino un nombre dado a una práctica que viene del anarquismo clásico. Veo que usted se refiere como “especifismo” el coletivismo bakuniniano o, principalmente, como el anarco-comunismo que hubo en América Latina y en tantos otros lugares del mundo, que defendía los “niveles” distintos de organización, de la organización anarquista y los movimientos populares. ¿Por qué entonces la opción por el nombre “especifismo” y cuándo pasaron a utilizarlo?

JCM– De ninguna manera el especifismo fue pensado como una creación nuestra. Nunca se pensó o dijo algo así. Eso hubiera sido una infantil vanidad, por decir lo menos. El especifismo ya tenía su rica historia y su producción ideológica. Y como hemos ya dicho veíamos en Malatesta su expresión más clara y desarrollada en aquel momento. Especialmente en determinados trabajos de Malatesta. Es de tener presente que Malatesta estuvo un tiempo en Argentina (incluso pasó por Montevideo) en los años 1885-89. Fue, a pedido de Polinice Mattei, un anarquista italiano perteneciente ya al movimiento obrero, que redactó los primeros estatutos de una sociedad de Resistencia, en este caso para el gremio de panaderos. En poco tiempo los sindicatos de Resistencia tuvieron gran desarrollo y constituyeron la espina dorsal de aquellas grandes “centrales” obreras (Federación Obrera Regional Argentina – FORA y FORU) que comprendían en su seno a cerca del 90% del movimiento obrero organizado. Claro está que, esto no se produjo al sólo influjo de Malatesta. Pues sería transformar nuestra simpatía y respeto en religión. En el ambiente obrero había una búsqueda que logró éste dar forma, igualmente no es poca cosa. Con su intensa actividad y apoyo de la colectividad italiana y de muchos otros anarquistas fundó o dio gran impulso a grupos especifistas en Argentina. Es en este momento que los colectivistas, especialmente españoles, residentes en la Argentina se integran al comunismo anárquico que propiciaban estos nucleamientos. Por supuesto esto repercutió rápidamente en Uruguay, la relación con la militancia anarquista Argentina era muy fluida.

Para que el tema no se haga demasiado largo, agregaríamos a esta altura, que en la década del 20 hubo otra FAU (Federación Anarquista del Uruguay) inspirada en las ideas especifistas.

Con respeto a parte de tu pregunta te diré que: la opción era necesaria para señalar en que parte del espectro ideológico anarquista nos ubicábamos. Lo de especifismo se ha usado fundamentalmente para indicar que somos partidarios de una organización política del anarquismo. También que nuestros planteos, estrategia, orientación general, programa, difieren de la de otras expresiones anarquistas. Expresiones con las que podemos tener coincidencias puntuales, pero que tienen un accionar regular que no se corresponde con el que tenemos nosotros como labor cotidiana en lo social-político en articulación con una estrategia y táctica que pensamos coherente y necesaria para el proceso de ruptura que constituye el objeto final.

Al mismo tiempo agregaremos que no pensábamos al especifismo como un cuerpo teórico-político acabado sino como un mojón de importancia que debía seguir desarrollándose y que modestamente nuestra organización debía intentar aportar lo que pudiera para que él no quedara anclado en el pasado. Nuestra organización y todas aquellas organizaciones anarquistas que se identificaban con esa orientación general. Algo así se planteó por parte de FAU en la Conferencia Latinoamericana de 1957: que no bastaba con realizar balances de lo bajo que estaba el anarquismo (en ese momento muy bajo), sino que era nuestra responsabilidad el ubicarlo en este tiempo y en relación con los problemas que el presente planteaba. Que lo primero que nos parecía que teníamos que considerar es que algo no estábamos haciendo bien. Que resultaba fácil buscar culpas afuera, decir que los cambios nos habían desplazado de la escena social y tantas otras cosas que sonaban a autojustificación, a cierto conformismo, a no ubicar el desafío histórico que teníamos por delante, no asumir la ausencia de adecuación y de acompañamiento a las trasformaciones operadas en el seno del capitalismo. El repetirnos, el meternos para adentro, el no haber tenido la sensibilidad social para ponernos a todo con nuestros pueblos, el haber ido transformándonos, en los hechos, en una especie de elite, aptos para hipercríticas y con mayúsculas dificultades para aprender tanta cosa que los tiempos nuevos iban trayendo. En este evento latinoamericano, este tipo de consideraciones no sólo fueron de FAU; la delegación Argentina por momentos con gran lucidez dio un panorama prolijo de nuestras dificultades actuales.

Pensamos nosotros que la mayoría de las veces nos plateábamos mal la pregunta y en consecuencia las respuestas no pueden ser las apropiadas. Como indica Gastón Bachelard ya es un gran paso plantearse bien la pregunta. Darnos un baño de modestia y saber en que situación estamos y reconocer que daremos muchos tumbos en la búsqueda de salir de ese laberinto social, el de haber perdido pié en un largo trecho histórico, el no habernos planteado ¿Qué nos está pasando? Uno no puede menos que admirar a aquellos viejos congresos en los que participaban los “viejos” teóricos y donde planteaban con audacia y creatividad posiciones filosóficas y políticas tratando de no quedar rezagados o diciendo cosas que no sólo interesan a un pequeño colectivo. No es relevante en relación a lo que quiero resaltar que muchas de aquellas consideraciones, de los viejos congresos, estuvieran impregnadas por la estructura de conocimiento de ese momento histórico y que hoy podría verse como cosa poco consistente a la luz de nuevas investigaciones y descubrimientos. Rescato totalmente la actitud política.

Sí, la militancia anarquista en cierta época, que no fue tan corta, trató de analizar la problemática que tenía enfrente y formular propuestas de acción. Pues en todos los periodos hubo muchos cambios y si no había respuestas adecuadas eso no indicaba otra cosa de que no se ubicaba la problemática que estaba llegando, también que faltaba ausencia de creación, ausencia de audacia política para explorar lo nuevo, para ejercitar ese pensamiento crítico que tan bien practicaron los “viejos” teóricos que dieron vida a la corriente anarquista y que tantos movimientos posteriores continuaron.

Acotamos que nuestra presentación “pública” en nuestro medio y frente a otras organizaciones políticas y sociales no es como especifistas, sino como una organización política anarquista. Lo de especifismo es fundamentalmente para lo interno anarquista o para aquella pregunta que muchas veces en reportajes que le hacen a militantes de la organización los periodistas dicen: “que anarquismo es el de Uds.”. A nivel popular si dijéramos somos especifistas esto casi implicaría que anduviéramos con un folleto explicativo en el bolsillo para entregar después de haberlo dicho.

Pero claro al interior de la organización y del anarquismo en general está expreso que nos inscribimos dentro de esa correntada ideológica y que siempre hemos deseado aportar aunque fuera un pequeño grano de arena para que su desarrollo continúe. Un desarrollo que no excluye nutrirse de diversos aportes, estudios, investigaciones que por aquí y por allá van apareciendo. Tanto en una labor de arqueología histórica como de cosas nuevas.

Agregamos que a esta altura ya son muchos los compañeros nuestros que prefieren, desde el vamos, una definición precisa y gráfica, de ahí que sencillamente definen a FAU como una organización política anarquista y nada más.

FC – ¿Desde el inicio de FAU ustedes trabajan con este concepto organizacional del especifismo? Digo esto, pues cuando la FAU fue fundada ya había algunos documentos que, por lo menos de mi punto de vista, son resultados de este mismo “caldo” en que se forma el especifismo de FAU y que poseen ciertas semblanzas. Hablo particularmente de la Plataforma Organizativa de los Comunistas Libertarios del Dielo Trouda de 1926, la Plataforma de la Federación de los Anarco-Comunistas de Bulgaria, de 1945 y del Manifiesto Comunista Libertario de George Fontenis de 1953. ¿Ustedes tuvieron contacto con estos documentos en el momento de constitución de la FAU y de aplicación/actualización de este concepto de especifismo? ¿Ellos tuvieron alguna influencia en la creación del especifismo de FAU?

JCM– Parte de esta pregunta de hecho ya fue respondida en considerando anteriores. Pero podemos reiterar que ninguno de estos documentos circuló en la previa de FAU. Salvo el material de Balkansky quien pertenecía a la Federación Búlgara. Esta previa se llamó: Comisión Pro Federación Libertaria Uruguaya (CPFLU) y trabajó durante el año 1955, designada por un Pleno Nacional para la circulación de posiciones sobre variados temas. Verbalmente, en los trabajos de comisiones se mencionaban experiencias como la formación de la Federación Libertaria en Argentina, en 1901. En momentos de la Declaración de Principios o Carta Orgánica había aportes de los “viejos” compañeros que habían participado en muchas instancias organizativas en el Río de la Plata, desde 1905 a 1950. También de militancia joven, especialmente Juventudes Libertarias (JJLL) que tenía gravitación decisiva en ese momento en la Federación de Estudiantes Universitarios que funcionaba con toda una estructura federal de matriz libertaria. La otra agrupación, Cerro, tenía compañeros que habían estado en instancias organizativas diversas, uno en la Revolución Española, que tenían experiencia y ya habían elaborados propuestas concretas en un sentido organizativo, no solo para Principios y Carta Orgánica, sino para Estrategia y Programa. Salieron muchos boletines preparatorios con documentos, ellos incorporaban cualquier propuesta que hubiera para ser considerada en la instancia fundadora. Si alguien lo hubiera propuesto cualquiera de esos documentos que mencionas se hubieran incorporado, el criterio dominante era ese. Vale decir, que el poner el acento en el “Aquí y Ahora”, como se decía, no implicaba ninguna disposición a echar en saco roto experiencias, documentos y luchas anteriores.

No se excluyó nada, simplemente que así como hemos narrado es que se dio la cuestión relativa a documentos que circularon en el proceso de fundación.

Aunque en el proceso de fundación no apareciera ninguno de los documentos mencionados no quiere decir que alguno de los “viejos” compañeros no los conociera. Por ejemplo, las figuras de esos militantes ejemplares como Makhno y Archinov eran de mención frecuente en conversaciones en años anteriores a la fundación de FAU, tanto en el Ateneo del Cerro como en JJLL, y la edición de Argonauta sobre el Movimiento Makhnovista era de circulación regular. Te agrego como curiosidad que todavía hay una versión en ruso, es que había algunos militantes nuestros provenientes de aquellos lugares, que estuvieron vinculados a actividades de FAU.

FC – Hoy, estos documentos que cité arriba constituyen la base de la estrategia de organizaciones que reivindican la tradición plataformista y que se llaman anarco-comunistas. Como el especifismo (con este nombre) es reivindicado solamente acá, en América Latina, muchas de estas organizaciones han sido nuestras interlocutoras en otros países. Primeramente, me gustaría saber si ustedes tienen acceso a estos documentos y que me colocasen sus comentarios sobre ellos. Después, me gustaría saber: ¿para usted, cuál es la diferencia entre especifismo y plataformismo?

JCM– El criterio sobre información y formación militante fue muy amplio. Incluso antes de constituirse la FAU había organizaciones sociales como el Ateneo del Cerro y sindicatos que tenían grandes bibliotecas. El ambiente era impulsar la lectura y crear ambiente para el intercambio. Se leía variados materiales anarquistas y otras obras afines o de interés general. Me estoy refiriendo especialmente al medio obrero. En ese contexto fue mucha la militancia libertaria o afín a nuestras ideas que leyeron: Luigi Fabbri, Rudolf Rocker, Fausto Falaschi, Ricardo Mella, Anselmo Lorenzo, Pedro Archinov, Ricardo Flores Magón, Rafael Barret, Manuel Gonzalez Prada. Obviamente: Bakunin, Malatesta y Kropotkin.

Esto por citar algunos de los materiales que merecieron lecturas comentadas o instancias de discusión informal. Junto a todo esto, folletos y artículos de nuevos enfoques que llegaban como, por ejemplo, planteos de Gastón Leval y otros.

El Plataformismo es más que probable que fuera nococido por mucha militancia. Pero que haya sido un material gravitante por estos lugares no tenemos referencia. No solamente a nivel de FAU, no lo fue tampoco en el Congreso Latinoamericano y nunca mencionado en instancias libertarias que se dieron en la década del 50 y 60. Los anarcocomunistas partidarios de la organización, ya en Argentina, ya en Chile, en esos tiempos iban de la mano de Malatesta.

Menciones regulares a quienes fueron redactores de la Plataforma, en tanto militantes ejemplares, fue cosa común. Siempre se habló de ellos con gran simpatía y respeto. Pero en ese plano.

A mí, personalmente, me quedó la impresión, años después, de que el planteo de los plataformistas era muy afín con el especifismo, particularmente con el que FAU desarrollaba. Un análisis de diferencias y coincidencias entre estos dos planteos; que tienen de actualidad y que cuestiones están estrechamente vinculadas a determinadas coyunturas históricas requieren de un trabajo específico. Podría ser un trabajo más que interesante. Pero eso lleva tiempo, dedicación, mucha consulta de documentación. Es una delicada tarea, un tema sobre el que no se puede improvisar, por lo pronto nosotros no nos animamos a ello. Ni siquiera pensamos en la posibilidad de confeccionar un esquema con un desarrollo básico sin muchas pretensiones. Pues como te había dicho antes de empezar la entrevista, hoy estamos abocados a terminar una parte histórica sobre nuestra organización y el tiempo no da. Así que dejaríamos la respuesta en ese plano de la “impresión”. Como cosa gráfica, te puedo agregar que si preguntaras a compañeros de FAU de anteriores generaciones que es el Plataformismo, supongo que dirían algo así: Un grupo especifista como el nuestro que se nutrió de otra historia y otra experiencia. Esto en base a como se dieron las cosas en este lugar.

Hemos hecho varias menciones a problemas que tenemos que superar, a desafíos que hay por delante, a la necesidad de comenzar a pisar firme para ir recuperando tanto terreno perdido. Todo ello lo decimos de la perspectiva que el anarquismo fue mucho ayer y tiene mucho hoy para decir y hacer. Obvio es que la historia libertaria no empieza hoy. Somos herederos de un pasado lleno de combates, de militantes ejemplares, de verdaderos héroes del pueblo. El anarquismo tiene escritas grandes páginas en la historia. El mundo obrero sabe de su abnegación y entereza. Un pasado que hasta nos asusta. Concepción que ha tenido una consecuencia plena con respecto a la necesidad de cambiar las estructuras del sistema capitalista y marcado con precisión líneas generales de reconstrucción social que tienen, en lo fundamental, una incuestionable vigencia. Puso el acento en la participación popular, en la acción directa, en no entrar “en el corral de ramas” de la burguesía. Ante el fracaso de los otros planteos socialistas hoy puede, ante la historia, reclamar su derecho a aplicar su modelo de sociedad. Claro sólo ante la historia, no ante el poder existente a quien hay que desalojar por que solo no se va y estas, nuestras cosas, las combate a sangre y fuego.

FC – Dentro de las corrientes socialistas (autoritarias y antiautoritarias) hay sectores que, como nosotros, defienden esta separación entre la organización política y el movimiento popular. ¿Usted podría decir cuál es la diferencia de las relaciones entre organización anarquista y los movimientos populares y las relaciones de los partidos leninistas/trotskistas con estos movimientos? O sea, ¿qué diferencia una organización anarquista especifista de un partido autoritario? ¿Usted podría hablar sobre la relación entre la organización anarquista y los movimientos populares?

JCM– Separaríamos los temas a los efectos de intentar hacer más clara la respuesta. Tomaremos inicialmente lo que se ha denominado tradicionalmente partidos autoritarios. Este tema nos lleva de la mano a otro, una nueva forma de hacer política. Lo que equivale a simultáneamente a encarar la forma organizativa política de otra manera y poniendo el acento en un polo prácticamente opuesto al de los grupos marxistas en general. Todos ellos poseen una estrategia en la que se asigna una participación mínima o pasiva a la clase trabajadora y al movimiento popular en general. Ellos estiman que representan los intereses de los trabajadores y que es el partido al que hay que fortalecer ya que los cambios o en algunos casos el evento revolucionario vendrá desde arriba digitado por tal partido. En todos los casos, grados más grados menos, las llamadas “masas” ofician de furgón de cola. Es el partido quien dirige el proceso y lo que se debe hacer y no le deja al movimiento de “masas” alternativa alguna de participación decisoria en nada relevante.

 


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