Suburbios, represión y después.

Supuestamente los más elementales derechos en esta sociedad deben ser cumplidos, estos derechos son muy simples y no hay que hacer grandes análisis para saber cuales son: la vivienda, la educación, el trabajo, la salud, la recreación como parte de la formación, etc. Estos son los grandes delitos a exigir. Pero estos delitos tan horribles, los cuales sufren los trabajadores, los estudiantes, los marginados (estos oprimidos que decidieron ser así) y demás posibles subversivos, extremistas y terroristas necesitan ser reprimidos.

Para eso la “necesaria” policía, junto con el “abnegado” educador y el bien intencionado político y sin olvidarnos de nuestros “objetivos” periodistas, que proyectan leyes, sacan comunicados, generan psicosis colectivas y demás “cosas necesarias” para terminar con los antisociales.

Ahora le toca a los menores infractores, esos seres olvidados y marginados, nacidos en la miseria que reproducen nuestros protectores, tendrán una ley que no les reconoce derechos fundamentales, sino que les obliga a convivir en esas escuelas de miserias que son las cárceles.

¿Qué debemos esperar de esto? ¿Que nos agradezcan los años de segregación, de sentirse el chivo expiatorio del sistema?

Los años de mostrarles la hipocresía de los que tienen miedo a lo que no entienden o mejor dicho a lo que no quieren entender. Los años de refregarle en la cara los autos, los abrigos, las casas con calefacción, lo que no pueden consumir.

Lo raro no es que estos menores existan, lo raro es que sean tan pocos.

Sobre la delincuencia infantil

La criminalística, “ciencia” nacida del positivismo de principio de siglo es actualmente la que con argumentos más que válidos muestra que el hombre es tan sólo el producto de distintas circunstancias que lo llevan a realizar actos antisociales. Esta “ciencia” a la cual no la podemos titular de revolucionaria, se contrapone con el derecho penal que pone a las personas en jaulas, ya que para lo jurídico poco importa lo justo, sino lo que determina la ley.

Estas circunstancias son el medio social en que el hombre se desenvuelve, la alimentación, la educación, las condiciones climáticas y en menor medida, las malformaciones genéticas.

En un medio hostil, egoísta y competitivo, el ser humano es violentado y por lo tanto se violenta, y es así que los que viven en los escalones mas bajos son mas permeables a generar violencia. Aunque la pobreza no puede considerarse como única causa de la “delincuencia” es en este medio social donde se encuentran mas fuertes los factores asociados que contribuyen a generar y a agudizar las relaciones de violencia.

Que le podemos pedir a un gurí que desde su más temprana edad tiene que plantearse el sobrevivir en condiciones más que deterioradas, cuyos referentes morales son los de una

sociedad indiferente a su situación, que por otra parte es hipócrita con los menos favorecidos, que genera la reproducción de miseria, que hace del negocio de las drogas la doble cara de la fiesta de los ricos y la peste de los pobres. Si nos ponemos a ver que la alimentación en los primeros años de vida es un factor determinante de la conducta del individuo, que al verse imposibilitado de su desarrollo psíquico y físico adecuado, producto de la deficiencia nutricional se convierte en un “rechazado”. Todo ello nos indica que mientras aparentemente esto se consolida para etenizarse, el examen de los fenómenos “morales” indica una bancarrota difícil de contener.

Ahora nos preguntamos. ¿De que forma la sociedad capitalista, busca soluciones al problema?

El sistema genera respuestas a partir del derecho penal y escuchamos decir muchas veces que la piola se corta por el lado más fino. Esta es la forma que genera que la ley sea un favor a unos pocos y un castigo aplicable a muchos. Y da la casualidad que esos muchos son los que ignoran la ley, y no tiene que ver con que nacen “malos” o que la providencia hace que sean de esa forma, sino que reproducen la corrupción que es parte del sistema capitalista.

Si la ley no descansa en la justicia, ni en la razón, ni en la verdad, que me impide ser injusto con los demás, que me impide robarles, si las formas de triunfar son basadas en el robo encubierto por la instrumentación de la propiedad privada de los medios de producción y de la centralización de la información y de las decisiones. Todas estas medidas, estas leyes, no apuntan a terminar con lo que produce que un gurí de 13 años (SI; UN GURI) salga a robar, y es natural que en ese proceso de recibir el odio de una sociedad , de la cual no se siente parte, no le importe matar (más estando drogado).Todo está en contradicción con lo lógico y natural.

Las soluciones no vienen por defectos de aplicaciones metódicas de las “leyes”, sino por una finalidad que radica en las entrañas del régimen. Mas cuando estas leyes solo apuntan a tranquilizar a una cada vez menor clase media y justificar así un sistema carcelario.

Es estúpido e inútil atacar los efectos de un mal sin extirpar la causa, hay que pensar que muchas soluciones forman parte del problema, que los métodos y los hombres son la enfermedad y el enfermo a la vez.

Entonces, ¿cuál es?

Esta pregunta es la que nos hacemos los militantes que convivimos en esos lugares y tocamos esos temas que la “gran izquierda” no vé (fuera de las elecciones comunales) y donde tampoco quiere opinar para no quemarse. Pensamos que en esto no hay soluciones mágicas, donde tampoco funcionan los grandes panfletos, solo funciona (en nuestra modesta opinión) la constancia de una concientización apuntada a un cambio, pero un cambio real y radical en las relaciones sociales apuntando hacia la descentralización política de todas las decisiones.

Por lo pronto buscar que los menores infractores salgan de los lugares que mas que capacitarlos positivamente como seres humanos, los degradan a ser meros números de estadísticas para la formación de delincuencia (no olvidarse que también existe el negocio de las cárceles y los abogados, males necesarios si los hay) y ubicarlos en escuelas integrales, con profesionales capacitados y bien pagados. ¿Pero cómo hacerlo desde un estado que busca modernizarse al margen de políticas sociales, donde la reducción de presupuesto es más importante que el desarrollo social?

Algunas O.N.G. apuntan dentro de sus posibilidades a un trabajo serio, pero son parches en un globo que ya no da mas, igual sería interesante rescatar algunas experiencias e instrumentarlas por las únicas capaces de ir recomponiendo las redes de solidaridad: las organizaciones sociales y sus militantes.

Es por allí, por donde los lazos concretos de trabajos a largo plazo pueden ir generando respuestas válidas, por fuera de los márgenes preestablecidos y a partir de un nuevo enfoque que parta de la base de buscar alternativas a la ideología de la opresión que es la responsable de la existencia de la delincuencia y la violencia.

Tenemos que dejarnos de cuentos y ver que pasa; que se debe solucionar el problema educativo en conjunto las organizaciones sociales con educadores capacitados y bien pagos, instrumentar proyectos de trabajo para capacitar jóvenes no solo para insetarlos en el mercado laboral, sino también para crecer como seres humanos.

Sabemos que la caridad no soluciona en lo global, pero un plato de comida para el que tiene hambre es eso (o todo eso) un plato de comida. La mano es tener conciencia de que no son las leyes (que ponen a un menos a vivir con otros delincuentes) la solución. Las soluciones reales y generales se darán cuando el sistema que generó la miseria sea abolido.

El mismo sistema que hace que alguien duerma en la calle, que robe para comer, que no sepa leer pero sepa manejar un arma. No podemos ser cómplices con el capitalismo. Tenemos que resistirlo y enfrentarlo. No permitirle que él nos chupe, no resignarse. Porque tenemos que seguir luchando por la utopía. La utopía es la fuente del entusiasmo del pensamiento libertario. Lo que debe ser, también debe ser hecho.

 


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