Documentos de la formación y comienzos de la Fau.

COMPAÑEROS, A LA ORGANIZACIÓN.

Bajo los mejores auspicios, la militancia anarquista del país se apresta a dar forma de realidad a un caro anhelo: su propia organización. Los días 27 y 28 de Octubre, habrán de marcar otras de las grandes fechas del movimiento libertario. El Congreso Constituyente de la Federación de los anarquistas, convocado, cumpliendo mandato expreso del Pleno Nacional realizado en Abril y Mayo del presente año, por la Comisión Pro Federación Libertaria del Uruguay, será, no nos cabe duda, la exteriorización de la madurez doctrinaria y táctica alcanzada por nuestro movimiento.

Los jóvenes incorporados en los últimos años a la militancia, sumarán esfuerzos, cotejarán opiniones, coordinarán voluntades con viejos y veteranos militantes dando nacimiento a un organismo representativo que dará cohesión y fuerza realizadora a nuestros afanes revolucionarios, y anhelos de justicia y libertad.

El ímpetu y ardor juvenil que se refundirá en un cuerpo orgánico con la reposada y madura experiencia de los viejos anarquistas, que a pesar de todos los sacrificios, de todos los sinsabores de la lucha social se mantienen fieles a los añejos principios de redención social, manteniendo fresco su espíritu revolucionario justiciero.

Todo lo que rodea a la realización del Congreso Constituyente no está más que reflejando el resurgir vigoroso de un movimiento portador de principios esenciales que los hechos de la historia y la realidad social que hoy nos envuelve no hacen más que confirmar. Nunca tal vez como ahora, tantos pensadores y hombres de ciencia, tantos espíritus lúcidos y señeros, han llegado, recorriendo los más variados caminos y utilizando los más diversos procedimientos a las premisas fundamentales de la doctrina anarquista. Nadie que piense con absoluta independencia de juicio, analizando hechos históricos y realidades contemporáneas podrá dejar de condenar al Estado y al régimen de explotación capitalista, como instituciones fundamentalmente enemigas de la paz, la felicidad y la libertad de los individuos. Frente a ello, a ese anarquismo, que en ningún instante ha dejado de combatirlos porque esa oposición está dentro de su propia naturaleza, cabe la responsabilidad de ofrecer a todas las individualidades y a los pueblos desorientados, un movimiento en marcha, serio, responsable, dinámico, combativo, demoledor en la crítica y realizador en lo constructivo, capaz de canalizar todas las voluntades y salvar a la humanidad de la situación de crisis en que hoy se debate. Y entendemos nosotros, que la organización habrá de dar esa solidez y esa capacidad revolucionaria que los tiempos modernos están exigiendo. De ahí la trascendencia que damos al Congreso Constituyente de la organización de los anarquistas.

Activa participación del periódico “Voluntad”

Por lo demás, y como editores de “Voluntad”, nos cabe la enorme satisfacción de ver concretada en realidad una inquietud y una iniciativa nuestra. De la Asamblea General de “Voluntad” surgió la idea de convocar un Pleno Nacional de militantes, y del Pleno surgieron los propósitos concretos de constituir nuestra organización. Representa también la materialización de uno de los propósitos fundamentales de los fundadores de “Voluntad”. De modo que no hemos hecho más que retomar y dar vida al espíritu que animara a los compañeros, cuando en nuestro número 1, editado en Mayo de 1938, decían en nota inicial titulada “Preámbulo” que, “Para encauzar la acción del Pueblo revolucionario y engrandecer nuestro movimiento, anhelamos la compatibilidad, la relación y la organización nuestra”. Idea organizacionista que ha campeado siempre a lo largo de los casi veinte años de existencia de la publicación y expresada más categóricamente en nuestro número 18, Noviembre de 1939, del modo siguiente: “Y cuando se abordan tareas como las nuestras de cambiar fundamentalmente el orden de las cosas presentes tanto en el aspecto moral como en el social y económico, debe saberse que ese cambio no puede escapar al proceso de gestación mental, espiritual y sociológico, primero; y de realización material después, a que está sujeto todo progreso, toda evolución, razón por la que cuanto más propaguemos y accionemos y mejor nos organicemos, mayores serán los medios para lograrlo”.

Ocioso sería fatigarnos insistiendo en la necesidad de darle carácter orgánico al movimiento libertario local. Por elementales que sean las nociones de los militantes, por precaria que sean sus visiones de futuro, a poco que se actúe con buen sentido, se coincidirá en nuestro punto de vista.”

Con estas ideas y estos propósitos salió “Voluntad” a la calle. Corresponde a la militancia de nuestros días, a los viejos y jóvenes nos aprestamos a dar vida a nuestra organización a través del Congreso Constituyente, la enorme satisfacción de materializar ese anhelo.

Nosotros, desde las páginas de “Voluntad”, podemos decir: compañeros, hemos cumplido. Sepa la militancia ahora cumplir con los ideales que nos son tan caros haciendo de esa organización la herramienta vital para un crecimiento ascendente de la gravitación anarquista en la dilucidación de los problemas sociales de manera de orientar a los hombres y a los pueblos dentro de la ruta cierta que, superando las anacrónicas instituciones del Capitalismo y el Estado, nos lleve al establecimiento de nuevas formas de convivencia que asegure a todos una real y efectiva emancipación social.

Madurez Ideológica y Táctica del Movimiento

Anarquista en el Congreso Constituyente.

La noche del sábado 27 de Octubre de 1956 marcó la inauguración del Congreso Constituyente de la Federación Anarquista Uruguaya. Las delegaciones correspondientes a las agrupaciones que ya venían trabajando orgánicamente a través de la Comisión Pro-Federación Libertaria del Uruguay, asistieron en pleno.

Se hicieron presentes delegaciones de “La Protesta” de Buenos Aires a través de los compañeros Gregorio Nasso y Jorge Perlés, y de la Federación Libertaria Argentina, a través de los compañeros Fernando Quesada y Enrique Palazzo. Por C.C.R.A. y B.A.I.A. los compañeros Roberto Franano y Alberto Marino. Por el núcleo de la C.N.T. el compañero Jus. Numerosos compañeros, por otra parte, colmaron el local de la calle Arequita, sede provisional del organismo federativo. Inauguró el Congreso el compañero Jorge R. Martínez en nombre de la CPFLU, quien en términos concisos y claros destacó la significación trascendental de la instancia que se aprestaba a vivir el movimiento anarquista, reafirmando a través de un examen sucinto la realidad social contemporánea la vigencia plena de los principios anticapitalistas y antiautoritarios, internacionalistas y socialistas libertarios del anarquismo. Saludó la presencia de las delegaciones fraternales del país y del exterior y las invitó a que hicieran uso de la palabra.

En nombre de la delegación de la Federación Libertaria Argentina, habló el compañero Quesada, quien subrayó la satisfacción de encontrarse en el Uruguay en circunstancias tan auspiciosas para el anarquismo uruguayo, haciendo referencia brevemente a la experiencia recogida por la militancia argentina, a través de 20 años de actuación ininterrumpida en forma orgánica, bajo las condiciones más adversas en un país sometido a un estado de sitio poco menos que permanente. Terminó augurando el mejor de los éxitos al Congreso Constituyente que en esos instantes se iniciaba. Por La Protesta habló de inmediato el compañero Perlés, quien en vibrante alocución transmitió el saludo al Congreso del vocero periodístico decano del Río de la Plata, expresando la alegría que para los argentinos significaba la constatación de la existencia de un movimiento anarquista joven y vigoroso en el Uruguay, al que deseaba el mayor de los aciertos en sus resoluciones y desenvolvimientos, sin que se llegara nunca a considerar que la organización podría ser entendida como un fin en sí misma, sino que deberían los compañeros uruguayos ver en ella nada más que una herramienta, un medio para difundir los principios básicos y fundamentales del anarquismo.

Posteriormente, integrada la mesa y oído el informe de la Comisión de Credenciales, se dio lectura a la Memoria y Balance de la CPFLU, aprobándose la primera y encargando a dos compañeros fiscalizar el segundo.

Iniciadas prácticamente las deliberaciones del Congreso procediese a la designación de las Comisiones de Despacho, debatiéndose también la denominación del organismo federativo que habría de surgir del Congreso. Las deliberaciones respecto a este tópico resultaron mantenidas dentro de un elevado espíritu de tolerancia y comprensión pese a las divergencias de opiniones, exponentes de la madurez conceptual de los congresales. Finalmente el Congreso optó por la denominación de Federación Anarquista Uruguaya. Aprobándose luego la proposición hecha por el Grupo Editor de Voluntad respecto al mecanismo orgánico que deberá ajustar la aparición futura del mismo en adelante. También la redacción de un pronunciamiento del Congreso respecto a los sucesos de Hungría, de la huelga de los obreros de Construcciones Navales en la Argentina y un saludo a la militancia anarquista internacional, se dio término a la primera sesión del Congreso. La segunda tuvo lugar en el local del Ateneo Libre Cerro-La Teja, entrándose de lleno a considerar, previo conocimiento de los despachos de las comisiones respectivas, el amplio temario comprendido en el Orden del Día del Congreso. En sesiones posteriores fueron leídas notas de salutación recibidas de la C.R.I.A. y la Federación Anarquista Mejicana. Destacaron todos los debates un clima de entusiasmo, celo analítico, amplia cordialidad que aseguren un futuro auspicioso para la Federación. Las resoluciones adoptadas y otros aspectos relativos al desenvolvimiento del Congreso, que al escribir esta crónica está finalizando, las iremos dando en futuras ediciones de Voluntad.

Anhelo constructivo, ímpetu revolucionario.

La Federación de los Anarquistas.

Arraigar en el sentimiento y la razón de las gentes la convicción de que el destino de la sociedad depende de cada uno, de todos; que la libertad, la justicia social, la paz, sólo podrán ser conquistadas por el esfuerzo solidario, por la acción voluntaria, consciente, cotidiana; que nada hay que esperar de arriba, de afuera de uno, como limosna ajena; que todo podrá ser o no ser, que no hay nada prefijado, que lo que acontezca dependerá de lo que todos juntos hagamos (o no hagamos); arraigar esta actitud vital en cada hombre, en el pueblo, profundamente, cálidamente, es tarea esencial del anarquismo.

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Una ideología permanente, consustancial con su propia existencia como movimiento de liberación, define al anarquismo. Desde que alboreó con plena conciencia de su doctrina, ha venido sosteniendo la necesidad de que el pueblo resuelva por sí mismo sus problemas, que resista toda autoridad, toda explotación, que combata al Estado y al Capitalismo (sus encarnaciones modernas), que luche por construir una sociedad sin clases, basada en el libre acuerdo, la asociación, el federalismo, la socialización de los medios de producción y consumo, la experimentación amplia, en suma: la libertad y la solidaridad.

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Circunstancias distintas ha vivido el anarquismo militante. En los diferentes momentos de su lucha, y aún en los diferentes países, le ha tocado enfrentar (si bien a las mismas fuerzas autoritarias, anti humanas: Estado, Capital, Iglesia, Militarismo, etc.), diversas modalidades de la acción de gobernantes, burguesía, clero, etc. Y, lúcidamente, en general, el anarquismo militante se desenvolvió, adoptando medios de lucha que, inspirados en su propia esencia ideológica y vital, estuvieran acordes con la circunstancia.

Importa, pues, fundamentalmente, lo que hay alrededor, cómo vive la gente, qué opina, qué tipo de estructura tiene la sociedad, cuál es su grado de rigidez, de diferenciación social, cómo actúan las fuerzas enemigas.

Interesa la situación internacional del momento, junto con la realidad de la región en que toca actuar.

Esta labor de ubicación en el medio social, de profundización en el conocimiento de su dinámica, de desentrañamiento de sus problemas, la han realizado, en su época, los grandes teóricos del anarquismo, los grandes luchadores del socialismo libertario. Proudhon, Kropotkin, Landauer, Malatesta, para no citar más que a cuatro de ellos, han dejado en sus escritos y en sus vidas testimonio de esa su existencia de hombres de su tiempo.

Hombres de su tiempo, hombres que hablaban a sus contemporáneos un lenguaje asequible, que procuraban ser entendidos por los demás, que tenían una disposición militante, que aspiraban a que se fueran transformando en hechos sus propósitos revolucionarios de transformación social.

Y en ese sentido el anarquismo militante de hoy aspira a ser un movimiento de “su tiempo”, un movimiento libertario, federalista, dinámico, actuante, afirmativo, revolucionario. Un movimiento que analice las causas de la crisis actual y que aporte soluciones a la misma.

¿Quién mejor que el anarquismo para hacerlo?

Hoy, que nacional e internacionalmente, se siente en carne viva la esencia absolutista de los monstruosos sistemas edificados sobre la omnipotencia estatal; hoy que es palpable el desastre del capitalismo privado; hoy que el centralismo totalitario consolidado y en avance (en Oriente y Occidente), y el capitalismo en retroceso, amenazan, cuajados en los dos grandes imperialismos, a la humanidad con una guerra atómica; hoy, el anarquismo debe significar una fuerza actuante que esclarezca, combata, oriente, que excite voluntades, que destroce mitos, que abra posibilidades, que sirva para unir hombres y pueblos en el anhelo de libertad social e igualdad económica y pleno desarrollo individual.

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Para esto, para realizar esta lucha que se identifica con la misma vida de los hombres, en tanto que hombres, es que el anarquismo, aquí y en los demás países, actúa y se organiza.

Para esto nacieron y viven las federaciones anarquistas de España, Italia, Francia, Japón, Argentina, México, Cuba, Bulgaria, etc., etc.; para esto se crearon y actúan los organismos de relación y solidaridad internacional del movimiento libertario: la Comisión de Relaciones Internacionales Anarquistas, la Comisión Continental de Relaciones Anarquistas Americanas, Solidaridad Internacional Antifascista, la Biblioteca Archivo Internacional Anarquista.

Para realizar esta acción de resistencia y creación; para actuar cotidianamente de cara a los problemas del Uruguay, estudiándolos, enfrentando a las fuerzas regresivas, aportando soluciones positivas; para coordinar la acción libertaria en sindicatos, cooperativas, barrios, pueblos del interior, ante problemas culturales, sanitarios; para aunar esfuerzos militantes; para incitar al pueblo a la libertad y al socialismo, a la lucha directa, constructiva y revolucionaria contra el Estado y el Capitalismo, en el camino hacia una convivencia fraterna, libre, solidaria, las agrupaciones libertarias del país, el anarquismo militante, creará su organización, su Federación, en el Congreso Constituyente del 27-28 de Octubre.

Esas agrupaciones y esa Federación de los anarquistas, a través de los distintos tipos de militancia, en los diferentes medios de actuación, constituyen hoy, aquí, el lugar natural de trabajo de todos aquellos que, anhelando un futuro mejor, conscientes de la vía al abismo que significan en mayor o menor grado todos los partidos políticos, quieren luchar -unidos a otros hombres y mujeres- para construir ese futuro con sus propias manos.

Por una efectiva revitalización del Movimiento Obrero

No es una novedad por cierto afirmar que el movimiento obrero del país, sufre los efectos de una aguda crisis. Crisis en su doble faz de organización y orientación. Incidiendo recíprocamente una cosa sobre la otra para envolver al movimiento sindical en un círculo vicioso del que pareciese no pudiese salir.

La desorganización característica de la mayor parte de los organismos sindicales, consecuencia de la apatía y el desinterés que con respecto a ellos manifiesta el grueso de los trabajadores, determina el florecimiento del dirigentismo. Es decir, un pequeño núcleo de trabajadores activos que se eternizan en las comisiones tornándose poco menos que imprescindibles e irreemplazables, con todas las derivaciones perjudiciales que ello supone. Luego, la propia debilidad orgánica de los sindicatos. Influye dañosamente sobre el espíritu de muchos, frenándolos en la adopción de procedimientos que puedan suponer correr algún riesgo.

Demás está decir que necesariamente la clase obrera y productiva del país tiene forzosamente que buscar superar esta situación. Y a los trabajadores anarquistas, que por fuerza tienen que ser militantes sindicales, tienen allí una fundamental función que cumplir. Para ello es necesario ir donde están los trabajadores agrupados en su sindicato, no a adecuarse a las condiciones y orientaciones de éstos, sino a llevar con fe y dinamismo las proposiciones del anarquismo, que lejos de estar divorciadas de los intereses obreros, se identifican plenamente con ellos. Porque los anarquistas no habrán de ir a los sindicatos a decirles a los trabajadores que manteniendo tal o cual candidato en los puestos administrativos de los organismos gremiales obtendrán mayores ventajas, sino que plantearán que lo que no pueda conseguirse con el esfuerzo directo y responsable de todos, no serán nunca conquistas verdaderamente efectivas. Plantearán animados por el espíritu que animara a los pioneros de la 1ª Internacional de los Trabajadores hace casi cien años, que la misión del sindicato no puede estar limitada por la inquietud de lograr beneficios de carácter inmediato, sino que ella tiene que comprender la firme disposición obrera de liberarse del yugo del salario y de la opresión estatal empezando por practicar la solidaridad social entre los miembros del sindicato, planteando las luchas de manera de ir restando injerencia al Estado en la dilucidación de los problemas sociales. Esa es misión ineludible de los militantes obreros anarquistas. Junto a los trabajadores, de cara siempre a los problemas sociales, criticando las orientaciones falsas de aquellos, pero señalando a su vez salidas substitutivas y constructivas, asumiendo todas las responsabilidades derivadas de la lucha.

En la medida que así se haga podrá el anarquismo recuperar la gravitación que tuviera en las luchas sindicales, y con ello el movimiento obrero todo ganaría en combatividad, en organización, superando la crisis que en todos esos órdenes afectan el desenvolvimiento gremial del país.

Declaración de principios de la Federación Anarquista Uruguaya

Considerando:

a) Que la experiencia confirma las críticas realizadas por el anarquismo a la organización societaria actual, basada en el capitalismo y el Estado.

b) Que por sus propios vicios como sistema de convivencia social contrario al desarrollo libre e integral de la personalidad humana, y frente a las reivindicaciones populares de libertad, justicia y bienestar, el capitalismo ha desembocado en crisis, en mayor o menor grado, en todos los países;

c) Que esa crisis ha sido admitida por muchos representantes de la burguesía, la que busca salida y estabilización de sus privilegios en la hipertrofia del Estado, eje de una nueva economía dirigida por monopolizadores del poder y receptáculo natural de todas las tendencias coactivas contrarias a las aspiraciones libertarias y justicieras del hombre.

d) Que la experiencia, además, nos dice del fracaso en las tentativas de superar los males del capitalismo por la vía del poder.

El Congreso Constituyente de la Federación Anarquista Uruguaya declara:

1)Que la solución de los graves problemas sociales que afectan a la humanidad sólo será posible mediante una profunda transformación de carácter individual y social, es decir, en el plano ético y en el económico-social.

2) Que esa transformación tendrá como objetivo la socialización de los medios de producción y distribución, la organización y administración basadas en los principios de acción directa y federativa, y la vigencia integral de la libertad que posibilita un desarrollo pleno de la personalidad humana.

3) Que esta transformación que se designa con el nombre de revolución social, sólo podrá ser cumplida por el conjunta de las masas laboriosas (trabajadores de la ciudad y del campo; obreros manuales, intelectuales y técnicos), apoyada en la capacitación de los individuos.

4) Que de conformidad con los principios internacionalistas, la revolución deberá crear los elementos de la nueva sociedad prescindiendo de las fronteras políticas y tendiendo a formar agrupaciones regionales sobre la base de los vínculos económicos, lingüísticos y culturales.

5) Que en tanto ese cambio fundamental no esté alcanzado deben ser estimuladas y apoyadas todas las actividades e iniciativas populares tendientes a resistir y restringir la explotación capitalista y la opresión y división de los pueblos por los Estados.

6) Que para contrarrestar la injerencia estatal en la esfera económica, educacional, etc., así como paara educar al pueblo en las prácticas de la solidaridad y de la gestión directa, y demostrar de esta manera la superioridad de la convivencia al margen de las normas capitalistas y estatales, es necesario propender al máximo desarrollo de todas las formas de asociación popular para fines de cooperación social y apoyo mutuo.

ORGANICEMOS un pueblo fuerte

“Contra los hombres fuertes, pueblo fuerte”, frase que últimamente vino a convertirse en algo así como un lema de la propaganda anarquista, ha tenido ya cierta resonancia popular. Palabras enraizadas en la circunstancia uruguaya, encierran en su escueto planteo nuestro estilo de actuación. Nos extenderemos algo para precisar cuál es tal estilo, con el doble aliciente de que es necesario que seamos claros y de que sepamos que se nos presta atención.

Pueblo fuerte, decimos, contra hombres fuertes. Naturalmente no se trata de desconocer los valores de la individualidad. Muy por el contrario, para nosotros NO ES PUEBLO la simple multitud. En cada uno de los hombres y de las mujeres que forman ese pueblo al que aludimos, deseamos que se desarrollen al máximo todos los rasgos que les den plena personalidad. Pero si ha de quererse que se desarrolle cada personalidad dando sus mejores posibilidades, ello ha de quererse para todos los que componen el conjunto social, y no para hacer de la función pública un vasto escenario en el que UNA SOLA personalidad explaye grandilocuentes gestos. Tocamos este aspecto del tema, aparentemente sólo sicológico, sólo para dejarlo esbozado. No es el punto central de nuestra idea del PUEBLO FUERTE.

Para que el pueblo sea fuerte ha de saber lo más precisamente posible, qué es lo que quiere: ha de tener una orientación, una tendencia bastante definida, coincida ella o no totalmente, con un determinado ideario político social.

Para ser fuerte, el pueblo ha de querer LA LIBERTAD, que sirve a los que quieren construir un mundo mejor, que es inútil para los quietistas, que es garantía de que será posible trabajar por el progreso, ensayar formas variadas de convivencia, propagar las correlativas teorías. Ha de tener presente que aun en la simple expresión de las ideas, llevan una cruda ventaja los dueños de poderosas industrias: los dueños de los órganos de prensa y radio. No habrá genuina libertad de expresión mientras ella dependa de que se tenga unos cientos de miles de pesos.

Para ser fuerte, el pueblo ha de tener memoria acerca de la manera en que los políticos profesionales lo engañan. Y no es sólo que los políticos profesionales sean gente de poca palabra: la manera en que son llevados a los cargos públicos los autoriza a hacer cualquier cosa. Todo su contacto con el elector, se reduce al efímero momento en que se coloca la lista en el sobre. El “ciudadano” firma un papel en blanco. Firmas en blanco, dadas por el pueblo elector, que sirven para que sea plenamente burlado en sus esperanzas.

Paara que el pueblo sea fuerte, ha de comprender que la existencia de clases que todo lo tienen y otras que carecen de lo más necesario, es un flagrante atentado a la más elemental justicia.

No alcanzará con el descreimiento respecto de los políticos profesionales. Descreer, sí, de los caza-votos. Pero a cambio votar todos los días, volcarse en el más entusiasta esfuerzo en los sindicatos, las sociedades vecinales, las cooperativas agrarias, las cooperativas de consumo, los centros estudiantiles, etc..

Además del ideario a que aludíamos antes, condición esencial para que el pueblo sea fuerte es, obviamente, su decisión de actuar. Decisión de actuar que, pautada por una cierta tabla de valores, por un ideario o un esbozo de ideas, salvará de la posible aberración que consistiría en dedicar las energías de los distintos organismos gremiales o similares sólo a resolver problemas circunscritos, concretos, olvidando al conjunto de las células sanas de la sociedad.

Para ser fuertes hemos de saber salir de la crisis que vive el país, o atenuar sus consecuencias. Para ello ha de ser necesario tomar las medidas destinadas a que admitan su responsabilidad y absorban las pérdidas los que se enriquecieron en los años de las vacas gordas. Además debemos hacer un culto del trabajo responsable, del uso limpio de los bienes que son de todos, supuesto previo ineludible para poder criticar con toda soltura las trapacerías de los altos funcionarios estatales. Para ser fuerte, el pueblo, junto a sus técnicos y, aguzando las posibilidades que surgen del conocimiento de las cosas a través del trabajo manual y la experiencia cotidiana, ha de buscar, también, nuevas fuentes de producción, mejorar las existentes, organizar su puesta en marcha para que en lo más posible la gestión ya no quede a cargo de las maniobras irresponsables de ciertos apresurados aventureros del capitalismo, para que la activación industrial no sea motivo de entregas al imperialismo.

Para ser fuertes, finalmente, -y esto debe ser remarcado-, el pueblo debe articular, organizar sus fuerzas. Hay un mecanismo organizativo que se presta como ningún otro para lograr esa articulación. Ese mecanismo es el de la federación de esas -pequeñas o no- células de trabajo renovador, células que en parte ya existen (los sindicatos, los centros estudiantiles, las sociedades vecinales, las cooperativas) y, en parte, han de ser formadas, constituyendo, donde y cuando sea menester, variados organismos aproximadamente del tipo del Comité Popular del Barrio Sur (que conquistó para su zona un bloque de viviendas). Además habrá que ajustar los lazos de coordinación, de entendimiento espiritual constante y actuante, entre los afiliados de los sindicatos y de los centros estudiantiles, para profundizar lo más positivo de las últimas manifestaciones obrero-estudiantiles.

Idearlo, pues, y decisión y actividad incansable, sentido de responsabilidad de cada uno y organización funcional, han de ser las grandes guías que nos llevarán a lograr el PUEBLO FUERTE


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