Conflicto en la Enseñanza.

Se habla de conflicto en la enseñanza. Es cierto, hay instalado un conflicto. Las causas del mismo son las condiciones de trabajo y estudio de docentes
y estudiantes, los recortes presupuestales que realiza el Ministro Alfie que alcanzan a los 70 millones de dólares, y la negativa del gobierno a
otorgar un aumento salarial y la cuota mutual a todos los trabajadores de la enseñanza.

 

 

 

La situación de la enseñanza.

Los recortes presupuestales –de 70 millones de dólares realizados luego de la crisis del año 2002– han generado una situación de crisis en la enseñanza pública, que ha desencadenado, otros aspectos de la misma, agravando la ya triste situación de la misma. El grado del recorte lo evidencia no sólo la cifra, sino que también afectó a los préstamos del BID y Banco Mundial, que financian los organismos paralelos de MEMFOD Y MECAEP, respectivamente; el primero para Secundaria, UTU y Formación Docente, el segundo para Primaria. Este fue el motivo de las disputas CODICEN–Ministerio de Economía que tanta repercusión tuvieron en la prensa. Lo que estuvo en el tapete fue el conflicto Partido Nacional – Partido Colorado por cómo se administraban los fondos de los organismos internacionales de crédito, que aumentan nuestra  deuda externa. Ese fue el debate, no la política educativa –incluida la Reforma- ni la manera en cómo el Ministerio de Economía recorta el presupuesto.

Ese debate lo dimos los trabajadores de la educación. En diferentes apariciones en la prensa se informó sobre lo que sucede a la población: cuál es la situación de los liceos, las condiciones de trabajo de todos los funcionarios docentes y no docentes, la negativa de las autoridades a nuestros derechos, etc.

En este sentido, los sindicatos de la enseñanza a principios de este año han coordinado -a nivel de CSEU (Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza del Uruguay)- una plataforma conjunta. Hace años que los sindicatos de la enseñanza no tienen una plataforma conjunta. Ella incluye el reclamo de la cuota mutual; un aumento salarial mediante partida fija de $1000; la liberación de las partidas votadas y no ejecutadas (los 70 millones de dólares anteriormente nombrados); ajustes salariales que recuperen lo perdido en esta materia; creación, regularización y provisión de los cargos vacantes por concurso, ámbito de negociación colectiva en el sector público y privado, rechazo a la Reforma Educativa.

Esta plataforma permite que todos los sindicatos tengan el mismo discurso, los mismos reclamos y la intención de fortalecer la lucha. Pero como ya veremos, esto último no siempre se plasma en hechos.

Pero lo cierto es, que la situación de la enseñanza pública es un caos de grandes dimensiones: liceos y escuelas con pésimas condiciones edilicias; centros de estudios sucios y en muchos casos, con serios problemas de higiene, donde falta personal de limpieza; falta de adscriptos (porque no se crean cargos, hay compañeros formados para la tarea); gran cantidad de docentes interinos –es decir que no gozan de efectividad en el cargo–, con la inestabilidad laboral que ello conlleva; funcionarios no docentes sin posibilidad de concursar para otros cargos; liceos que aún no se han terminado de construir y que aún no han comenzado las clases o se comienzan en plena obra; y un largo etcétera, que hacen de la situación de la enseñanza un verdadero desastre nacional.

Por si faltaba algo, las autoridades continúan adelante con la Reforma Educativa y la «Transformación» (eufemismo para designar la Reforma de Bachillerato), desconociendo el rechazo rotundo de los sindicatos y de los estudiantes, como así también de las Asambleas Técnico–Docentes, organismos de consulta en cada lugar de trabajo.

El BID se encarga de financiar esta Reforma, incluida la construcción de nuevos liceos. El Banco Mundial hace lo propio con Primaria. Situaciones calamitosas, más políticas educativas neoliberales conllevan a esta situación que padecemos docentes, funcionarios, estudiantes y la población en general.

 

La situación política de los sindicatos y nuestra opinión.

 

Pero, el avance realizado por la CSEU queda por allí. No hay unificación de un plan de lucha para afrontar este conflicto, es decir, no hay acciones conjuntas con las que materializar el reclamo de la plataforma. Si bien se han realizado algunas concentraciones y movilizaciones donde ha participado toda la CSEU, no se ha evidenciado la voluntad de los sindicatos de dar una dura pelea, salvo alguna excepción. En el caso de la FUM (Federación Uruguaya de Magisterio), la conducción de dicho sindicato ha salido acompañando los reclamos de los Consejeros del CODICEN –(pertenecientes al Partido Nacional). Además, han realizado entrevistas y tratativas con otras autoridades –caso Ministerio de Educación y Cultura por su cuenta–. Plantean alguna movilización, pero no buscan articular en los hechos acciones con los demás sindicatos, menos un plan de lucha. En el caso de otros sindicatos, tampoco hay planteado una lucha prolongada, por lo menos a mediano plazo, con determinada planificación.

La excepción la constituye FENAPES, que inició el año con una serie de paros, cuya intención era militar desde las bases liceales, realizando asambleas, volanteadas y salidas al barrio y ciudades en el interior del país, y un paro el 24 de marzo de carácter nacional con concentración en Montevideo, frente al Ministerio de Economía y Finanzas, paro al que también convocaron AFUTU, ATES (Asociación de Trabajadores de Enseñanza Secundaria) y SINTEP (Sindicato de Trabajadores de la Enseñanza Privada), que viene sufriendo una fuerte serie de despidos.

Decimos que la excepción la constituye FENAPES porque en este sindicato se ha planteado la necesidad de encarar una lucha decidida por la plataforma, y porque se piensa al menos en el mediano plazo. Se habla en FENAPES de huelga, se discute y se la pone a votación, varias veces. Pero hay una situación que limita la posibilidad de este accionar firme: es la situación de desorganización de la mayoría de los núcleos liceales (sindicatos de base en Montevideo) y las filiales del interior del país. Además, el descreimiento campea fuertemente entre el cuerpo docente y no están presentes elementos ideológicos propios de clase trabajadora organizada, ni tampoco aquellos que promuevan la pelea. Es por lo tanto, un problema ideológico, de conciencia y organizativo el que hay que afrontar.

Nosotros, como anarquistas de FAU, analizamos que es momento para dar una dura lucha entorno a la plataforma de CSEU, donde el reclamo de la cuota mutual debe ser un eje central, porque es un derecho negado por las autoridades con un dejo incluso, de neto odio de clase; por otra parte, vemos que en las condiciones políticas en que se halla el sindicato no es posible iniciar una huelga hoy. Tenemos una fuerte discusión a la interna de nuestro sindicato con otras corrientes de opinión, debido a este tema. Algunos, poco o nada quieren con esta huelga, y no han planteado  ningún tipo de medidas, salvo algunas actividades que no golpean al Ministerio, centro de nuestros reclamos. Otros, plantean ir a la huelga ya, sin evaluar ni tomar en cuenta la situación interna del sindicato. Para nosotros, es de fundamental importancia militar la huelga desde ahora, yendo a cada uno de los liceos a propiciar debates con los docentes, fortaleciendo la organización sindical y el respeto por parte de los mismos a las medidas gremiales, dado que han surgido algunos inconvenientes en este sentido.

Es prioritario atender las situaciones de docentes que no cumplen con las medidas sindicales, problema que dificulta la fuerza de las medidas. Hemos insistido en que éste debe ser un tema central en este momento, porque con en una situación de huelga el porcentaje de gente que no cumpla con la medida va a crecer, si no hay una base sindical fuerte, con un discurso de pelea y de resistencia claro. Tampoco se revierte el problema hablando de la huelga en abstracto; la huelga como decíamos, es un tema serio, como lo es la capacidad de aglutinamiento que debe tener un sindicato y la militancia concreta diaria para ello. Muchas veces quienes proponen la huelga no plantean militar día a día en pos de la misma y del fortalecimiento sindical.

También hay que militar con la realidad de cada núcleo, donde en muy pocos liceos hay núcleos estables, fuertes, más bien la actividad sindical es aleatoria en las salas de profesores. Debemos instalar al sindicato en cada liceo, en cada sala de profesores, lo cual es de vital importancia para el desarrollo de la organización sindical, para el desarrollo de la conciencia de los trabajadores y, obviamente, para  impulsar lo más posible la huelga.

Para la línea del PC y otros grupos fren-teamplistas –hoy mayoritaria a nivel de la Federación- no hay que agitar demasiado la situación y se trata de dilatarla en el tiempo. No se expiden sobre la huelga –dicen que no la descartan– pero el hecho que define su posición es que no militan la huelga. Su apuesta está en lo que se puede lograr en las estructuras del Estado y no mediante la fuerza y organización de los trabajadores, máxime en este año electoral.

Para la agrupación 1996, el problema es que la huelga “no se ha votado”, “que la gente no quiere dar la pelea”, que “hay que dar la lucha con los compañeros que están sin importar los “carneros”.

Creemos que es una posición un tanto principista, que teniendo buenas intenciones, no se plantea tampoco revertir en forma militante la situación en la que se encuentra el sindicato. La huelga parece ser la panacea de todos los males, el objetivo supremo.

Para nosotros, los anarquistas de FAU, que militamos en el seno de otra agrupación, la 1963, hemos planteado que el problema no está en discutir medidas y su profundización, sino en cómo hacer para que el cuerpo docente vaya detrás de los reclamos del sindicato, siendo partícipe de las medidas. Porque sabemos que una huelga es una cosa seria, es una confrontación declarada con el gobierno representante del enemigo de clase. La huelga es una demostración de fuerza de los trabajadores -sin duda de las más importantes- y por eso mismo, debe ser una medida contundente, con un discurso combativo, con contenido de clase, que permita una acumulación de fuerzas importante y un salto cualitativo del sindicato. Una huelga también es un medio para revertir una situación de debilidad, para lograr un mayor aglutinamiento, para elevar los niveles de conciencia, pero para que ello ocurra hay que prepararla previamente, planificarla, ir cambiando el discurso de derrota y del ‘no se puede’ por un discurso positivo y de lucha. Esa tarea debe ser parte de la militancia cotidiana, pero en estos tiempos tan duros, es un eje de la militancia para el hoy y hay que apuntalarla día a día.

Para nosotros, es una oportunidad hermosa de lograr cambios en la composición ideológica–organizativa del sindicato y cuerpo docente, por extensión. De dar una lucha con otros sindicatos, unificando reclamos y compartiendo realidades.  Por ello, nos lamentamos que no haya acuerdo en la CSEU para impulsar medidas conjuntas de cierto peso, y que allí tampoco se evalúe esta situación que analizábamos más arriba. Los demás sindicatos de la enseñanza también tienen un fuerte problema de militancia y de convocatoria, que ya es tiempo de revertir. Hay una dura pelea por delante que necesita de sindicatos fuertes y apoyo de la población.


-- Descargar artículo como PDF --