Apareció Simón.

La noticia fue conmocionante y despertó muchas emociones en mucha gente. La búsqueda dolorida y sostenida con fervor de Sara Mendez, y todos los que la apoyaron había logrado su objetivo.
Es, indudablemente un hecho profundamente sentido por lo mejor de nuestro pueblo. Desde siempre nuestra identificación con todo el significado del acontecimiento y con la ejemplar lucha de la madre, la luchadora social, la hermosa persona humana que es Sara Méndez.
Mencionar a Simón Gatti Méndez lleva de la mano inevitablemente a recordar siniestros tiempos: Automotoras Orletti, Plan Condor, desaparición de niños, torturas, desaparición de militantes, asesinatos, atropello a elementales derechos humanos de la población.
La alegría se mezcla entonces con otras emociones: dolor, angustia, bronca, cariño y odio. Y un profundo repudio a la larga impunidad asesina y al cruel cinismo de su “justicia”.
Es que fueron noches de horror. Fueron años de indescriptible crueldad. Quien no recuerda que el sistema había largado la bestia a la arena. Lo humano, el respeto a la vida, eran valores despreciables. La prepotencia, el manoseo, el ultraje, la humillación eran las prácticas cotidianas de la bestia. El pensamiento independiente, la reflexión, la dignidad, merecían el garrote o la bala. Extendían sobre el tejido social el terror perverso y patológico. Lo más monstruoso y maligno tenía patente oficial. Quisieron construir una sociedad en silencio, gris, regida por cuatro normas, sumida en el miedo. Quisieron borrar de un plumazo valores que fueron producto de tantas luchas de la humanidad y que tanto dignificaron la condición humana.
Se pusieron con ahínco en la tarea. Endemoniados, con odio brutal, con saña cobarde. No respetaban niños, mujeres, hombres del pueblo, idealistas abnegados, soñadores de un mañana mejor. Reprimieron como sistema, apalearon, torturaron, asesinaron, “desaparecieron”. Pero no estaban solos los que más aparecían. Un Plan Cóndor, la mano asesina de servicios imperiales, el apoyo de grupos económicos y políticos los impulsaban. Muchos son esos grupos de poder que aún hoy, desaparecida la coyuntura del trabajo sucio, siguen apoyando la monstruosa política desarrollada. Consecuentemente entienden, que son formas de asegurar su sistema de privilegios.
Es mucho y horrible lo ocurrido, tanto que al recordarlo hasta pesa y duele el pertenecer a esa misma raza humana. Nos legaron esos dolores y desgarros que ni siquiera pueden producir una lágrima.
Pero el pueblo, los pueblos, esos que las historias hechas desde la elite y cúpulas desprecian, han conservado en su imaginario, en el profundo de su corazón, el sentimiento de repugnancia a las atrocidades así como el recuerdo tierno, respetuoso por todos aquellos que fueron víctimas de la barbarie. En ese pueblo se ha conservado e ido creciendo el repudio a ese mundo del atropello y de la muerte.
Simón, como todos los desaparecidos y asesinados nunca fueron olvidados por gran parte de nuestro pueblo. Los dispositivos del sistema, han hecho lo imposible para producir olvido, para insensibilizar a la gente, para saldar con costo fácil y miserable la noche del horror.
Pero el pueblo no olvidará nunca aquellos episodios ni a los compañeros que llenos de esperanza en un mañana justo y solidario fueron “desaparecidos” y asesinados.
Un simbólico y fraternal abrazo para Simón y Sara y nuestro recuerdo de siempre para aquellos militantes que pelearon por un futuro justo y solidario y que siempre estarán entre nosotros.

Arriba los que luchan!!!

 


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